Antes De Caer

El pasado de Kael

La nieve seguía cayendo sobre Estocolmo. Lenta. Silenciosa.

Aurelia observaba las luces de la ciudad desde la ventana del hotel mientras sostenía una taza de café ya casi frío entre las manos. No podía dormir. Otra vez.

El entrenamiento nocturno seguía reproduciéndose en su mente como una secuencia imposible de apagar: la cercanía, la mirada de Kael, ese instante suspendido donde todo pareció inclinarse peligrosamente hacia algo que ninguno de los dos estaba listo para nombrar.

Aurelia cerró los ojos un segundo. Necesitaba concentrarse en la competencia. No en él. Especialmente no en él.

Un golpe suave en la puerta interrumpió sus pensamientos. Frunció el ceño. Eran casi las dos de la mañana.

Dejó la taza sobre la mesa y abrió lentamente.

Kael estaba al otro lado. Llevaba una sudadera oscura, el cabello ligeramente húmedo y una expresión extrañamente cansada.

—¿Qué haces despierta?

Aurelia levantó una ceja.

—Podría preguntarte lo mismo.

Kael sostenía una bolsa de hielo contra su mano derecha. Aurelia la miró de inmediato.

—¿Qué pasó?

—Nada grave.

Eso por lo general significaba que sí era grave. Aurelia abrió un poco más la puerta.

—Entra.

Kael dudó apenas un instante antes de hacerlo. La habitación quedó en silencio mientras dejaba la bolsa sobre la mesa. Aurelia observó su mano con atención. Los nudillos estaban enrojecidos.

—Golpeaste algo.

Kael soltó una pequeña risa sin alegría.

—Muy perceptiva.

—¿Qué golpeaste?

Él evitó mirarla durante unos segundos.

—Una pared.

Aurelia cruzó los brazos lentamente.

—Eso es increíblemente inteligente.

—Nunca dije que fuera inteligente.

Ella suspiró.

—¿Por qué?

Kael permaneció en silencio. Demasiado tiempo. Aurelia lo conocía lo suficiente para reconocer cuándo estaba decidiendo cuánto quería revelar.

Finalmente, él se apoyó contra la mesa y soltó el aire despacio.

—Vi algo en las redes —admitió.

Aurelia sintió que el cansancio regresaba de inmediato.

—Déjame adivinar. Más rumores.

—Algo así.

Kael sacó el teléfono del bolsillo y se lo extendió. Aurelia miró la pantalla.

Era un artículo antiguo. Muy antiguo. La fotografía mostraba a Kael, varios años más joven, junto a una mujer rubia que sonreía frente a las cámaras.

El título decía:

"KAEL ARDENT Y LIVIA MOREAU: LA PAREJA DORADA DEL PATINAJE TERMINA ENTRE ACUSACIONES Y ESCÁNDALO."

Aurelia levantó la mirada despacio hacia él.

Kael apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Internet decidió revivir recuerdos.

Ella volvió a mirar el artículo. Recordaba vagamente el escándalo. Todo el mundo del deporte lo recordaba: la ruptura pública, las acusaciones, la suspensión temporal y los rumores sobre manipulación en las competiciones. Pero nunca había sabido con exactitud qué había ocurrido realmente. Porque Kael nunca hablaba del tema.

—No tienes que explicarme nada —dijo Aurelia con calma.

Kael soltó una pequeña risa seca.

—Eso es lo peor.

Ella frunció apenas el ceño.

—¿Qué cosa?

—Que contigo sí quiero hacerlo.

La frase cayó entre ambos con un peso inesperado. Aurelia sintió que su pulso se aceleraba ligeramente.

Kael apartó la mirada hacia la ventana.

—Livia y yo competíamos juntos desde que cumplimos los diecisiete años —comenzó.

Su voz era tranquila. Pero distinta. Más baja. Más real.

—Ganábamos todo —continuó—. Campeonatos juveniles, internacionales, exhibiciones...

Se detuvo un momento.

—Éramos exactamente lo que la prensa siempre ha buscado.

Aurelia lo observó sin interrumpirlo.

Kael sonrió apenas. Sin alegría.

—Talento, conexión, una historia de amor perfecta frente a las cámaras. La gente estaba obsesionada con nosotros.

Aurelia bajó de nuevo la mirada hacia el artículo. Las fotografías parecían felices. Demasiado felices.

—¿Qué sucedió?

Kael tardó unos segundos en responder.

—Confié en la persona equivocada —admitió.

El silencio llenó la habitación. La nieve seguía cayendo detrás de los grandes ventanales.

Kael respiró hondo antes de continuar.

—Cuando empezamos a perder algunas competiciones, ella cambió —relató.

Aurelia notó al instante el pequeño endurecimiento en su voz.

—Se obsesionó con ganar. Con mantener la imagen perfecta. Con tener el control de todo —continuó.

Él soltó una risa amarga.

—Supongo que eso debería haberme resultado familiar en este deporte.

Aurelia sostuvo la taza entre sus manos sin decir nada.

Kael deslizó de nuevo el teléfono por la pantalla hacia abajo. Apareció otro título.

"FUENTES ASEGURAN QUE KAEL ARDENT ALTERÓ LOS RESULTADOS PARA BENEFICIAR A SU PAREJA."

Aurelia sintió que su estómago se tensaba.

—Eso no fue verdad.

No era una pregunta.

Kael la miró directamente a los ojos.

—No.

La respuesta salió de inmediato. Sin dudas. Sin vacilaciones. Y Aurelia le creyó. Eso la sorprendió más de lo que debería.

Kael pasó una mano por su nuca despacio.

—Pero alguien necesitaba un responsable cuando empezaron las investigaciones —explicó.

Aurelia lo comprendió antes de que él terminara de hablar.

—Livia.

Kael sonrió apenas. Una sonrisa llena de cansancio.

—Fue ella quien declaró primero.

El silencio volvió a caer. Pesado. Aurelia sintió que algo incómodo se le apretaba en el pecho. Porque en ese momento entendió muchas cosas: la distancia emocional que mantenía, la ironía constante, la forma en que convertía todo en una broma antes de dejar que alguien se acercara demasiado.

—¿Te traicionó? —preguntó ella con suavidad.

Kael sostuvo su mirada durante unos segundos.

—Me dejó solo cuando más lo necesitaba.

La sinceridad de esas palabras dolió más de lo que Aurelia había esperado. Porque no había rencor en su voz. Solo decepción. Una decepción antigua. Profunda. Todavía abierta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.