Antes De Caer

Casi perfectos

El marcador tardó demasiado en aparecer. Aurelia Vance permanecía inmóvil junto a la barrera mientras las pantallas gigantes seguían reproduciendo fragmentos de rutinas anteriores. El estadio continuaba lleno; periodistas caminaban entre filas de asientos buscando declaraciones rápidas, entrenadores discutían puntajes técnicos y atletas repasaban errores con expresiones tensas.

Pero Aurelia apenas escuchaba nada. Toda su atención estaba fija sobre aquella pantalla luminosa suspendida en el centro del recinto.

Esperando.

Kael, en cambio, parecía irritantemente tranquilo. Se encontraba sentado sobre una de las bancas cercanas, girando lentamente una botella de agua entre los dedos como si estuviera esperando el inicio de una película y no resultados capaces de alterar carreras completas.

Aurelia lo observó de reojo.

—¿Cómo puedes estar tan calmado?

Kael levantó la vista hacia ella.

—Porque ya patinamos.

—Ese comentario carece completamente de utilidad.

Él sonrió apenas.

—Y aun así sigue siendo cierto.

Aurelia volvió a mirar la pantalla.

El nombre de la pareja italiana apareció primero. Aplausos. Puntaje alto. Muy alto.

Ella sintió el estómago tensarse inmediatamente.

Kael notó la reacción.

—Respira.

—Estoy respirando.

—De forma bastante agresiva.

Aurelia cruzó los brazos sobre el pecho.

El silencio alrededor parecía comprimirse cada vez más mientras seguían anunciando posiciones temporales. Equipos celebraban, otros abandonaban la zona de espera con evidente frustración.

Soren permanecía cerca, observando el tablero con concentración absoluta. Aquello resultaba peor. Porque si incluso él estaba nervioso, la situación realmente importaba.

Finalmente, una voz resonó por los altavoces.

"Representando a Estados Unidos… Aurelia Vance y Kael Ardent."

El estadio reaccionó de inmediato. Murmurullos. Cámaras girando. Expectativa palpable.

Aurelia sintió el pulso acelerarse violentamente.

La pantalla cambió. Puntaje técnico. Puntaje artístico. Total.

Durante un segundo entero, su mente dejó de procesar información. Luego entendió.

Segundo lugar. Apenas por debajo de la pareja rusa. Diferencia mínima. Demasiado mínima.

El público aplaudió con fuerza.

Kael soltó aire lentamente desde la banca.

—Bueno… eso fue interesante.

Aurelia seguía mirando el marcador. Los segundos lugares jamás habían significado victoria para ella. Nunca. Desde niña había aprendido a identificar la diferencia entre excelencia y perfección. Y aquella puntuación gritaba exactamente el mismo pensamiento dentro de su cabeza:

Casi.

Demasiado cerca.

Demasiado imperfecto.

Kael se levantó despacio y caminó hacia ella.

—Vance.

Ella continuaba inmóvil.

—Perdimos décimas en la transición.

Kael apoyó un brazo sobre la barrera.

—Ganamos una ovación completa en nuestra primera competencia juntos.

—Eso resulta irrelevante frente a los jueces.

—Tampoco exageres.

Aurelia giró finalmente hacia él. Había frustración contenida en sus ojos.

—El segundo levantamiento quedó bajo.

Kael sostuvo la mirada durante unos segundos.

—Aurelia…

—Y la entrada hacia la secuencia diagonal llegó tarde.

—Fueron milímetros.

—Los milímetros deciden campeonatos.

Kael soltó una pequeña risa incrédula.

—Acabamos de destrozar expectativas internacionales después de entrenar juntos apenas unas semanas y estás actuando como si hubiéramos incendiado la pista completa.

Ella apartó la mirada con gesto tenso. Porque parte de él tenía razón. La rutina había sido brillante. Pero aquello no calmaba la exigencia brutal instalada dentro de su cabeza desde hacía años.

Soren se acercó finalmente. Su expresión permanecía serena, aunque el orgullo resultaba evidente bajo la superficie.

—Excelente trabajo.

Aurelia respondió de inmediato:

—Podríamos haber ganado.

El entrenador inclinó apenas la cabeza.

—Y aun así obtuvieron la segunda puntuación internacional debutando como pareja.

Kael sonrió de lado.

—Gracias. Finalmente alguien razonable.

Soren ignoró el comentario.

—La prensa quiere entrevistas en veinte minutos.

Aurelia cerró los ojos un instante. Exactamente lo que menos necesitaba.

Kael notó el agotamiento recorriéndole el rostro.

—Hey.

Ella abrió los ojos lentamente.

—¿Qué?

—Deja tranquilo el tablero cinco minutos.

Aurelia volvió la atención hacia la pantalla gigante. La pareja rusa seguía ocupando el primer lugar. Aquello le resultaba insoportable.

Kael dio un paso hacia ella.

—Mírame.

Ella dudó apenas antes de hacerlo. Los ojos grises permanecían tranquilos. Demasiado tranquilos.

—Escucha algo, Vance. Estás mirando el resultado como si fuera un fracaso.

—Porque estuvimos cerca.

—Exactamente.

Ella frunció el ceño.

Kael sonrió apenas.

—Cerca significa que podemos alcanzarlos.

Aquella frase golpeó distinto. Menos arrogante. Más honesta.

Soren revisó mensajes sobre la tableta electrónica antes de volver a hablar.

—Los medios ya están diciendo que ustedes fueron la sorpresa de la competencia.

Kael levantó una ceja.

—¿Ves? Somos oficialmente un problema internacional.

Aurelia ignoró la broma. Seguía repasando la rutina mentalmente. Cada transición. Cada giro. Cada error microscópico.

Kael pareció leerle el pensamiento nuevamente.

—Vas a destruirte intentando encontrar fallas.

—Porque existen.

—Claro que existen. Acabamos de competir por primera vez.

Ella sostuvo la mirada fija sobre el hielo. Todavía podía sentir la secuencia vibrando dentro de los músculos. Aquella sensación de sincronía absoluta durante ciertos momentos. Había sido real. Y precisamente eso empeoraba todo. Porque si habían llegado tan lejos tan rápido… entonces la posibilidad de ganar empezaba a volverse peligrosa.




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