Antes De Caer

Sabotaje

El entrenamiento comenzó bajo una quietud engañosa. La pista secundaria del complejo internacional permanecía casi vacía aquella tarde. Apenas algunos equipos repasaban secuencias cerca de las barreras mientras entrenadores conversaban en voz baja revisando tablets y hojas de puntuación.

Aurelia Vance avanzaba sobre el hielo con concentración rígida, repasando mentalmente cada transición de la rutina. Desde la competencia anterior, algo había cambiado dentro de ella. La cercanía con el primer lugar seguía ardiendo bajo la piel.

Casi perfectos.

Aquella frase resultaba insoportable.

Kael patinaba unos metros adelante, calentando con giros rápidos y desplazamientos fluidos que parecían desafiar la gravedad con irritante facilidad.

—Estás pensando demasiado otra vez.

Aurelia frenó cerca de la barrera.

—Estoy corrigiendo errores.

—Estás intentando declarar guerra contra décimas imaginarias.

Ella ignoró el comentario y revisó la posición de las cuchillas.

—El segundo levantamiento perdió estabilidad.

Kael se acercó lentamente.

—Aterrizaste perfecta.

—Hubo retraso en el eje.

—Tres personas en el planeta notarían la diferencia.

Aurelia levantó la mirada.

—Los jueces son precisamente esas tres personas.

Kael soltó una risa baja. Aquella expresión relajada empezaba a irritarla de manera peligrosa. Porque mientras ella seguía analizando cada detalle, Kael parecía moverse con una libertad imposible de comprender. Como si la presión jamás lograra alcanzarlo completamente.

Soren apareció desde la entrada lateral con una carpeta bajo el brazo.

—Cinco minutos antes de la simulación completa.

Aurelia asintió.

Kael tomó una botella de agua desde una banca cercana.

Entonces una voz interrumpió el ambiente.

—Qué conmovedor.

Aurelia reconoció el tono antes incluso de girarse.

Orion Hale.

El campeón europeo avanzó hacia la pista acompañado por su compañera de entrenamiento y dos técnicos federativos. Alto, impecablemente vestido y peligrosamente seguro de sí mismo, Orion caminaba con una arrogancia elegante construida durante años de victorias.

Sus ojos se clavaron directamente sobre Kael.

—No esperaba verte tan domesticado.

Kael apoyó la botella nuevamente sobre la banca.

—Y yo esperaba que desarrollaras una personalidad nueva este año. Ambos terminamos decepcionados.

Orion sonrió apenas. Aquella sonrisa carecía completamente de amabilidad.

Aurelia observó la tensión inmediata entre ambos. Vieja. Profunda. Demasiado personal.

Soren cruzó los brazos desde la barrera.

—Hale.

Orion inclinó la cabeza apenas a modo de saludo.

—Valkyr.

Luego desvió la atención hacia Aurelia.

—Debo admitir algo, Vance. La competencia anterior resultó interesante.

Ella sostuvo la mirada firme.

—Gracias.

—Aunque sigo preguntándome cuánto tiempo tardará el desastre en aparecer.

Kael dio un paso hacia adelante.

—¿Viniste hasta aquí únicamente para aburrirnos?

Orion ignoró el comentario. Continuó observando a Aurelia con una calma peligrosa.

—Tu carrera siempre fue impecable. Asociarte con Ardent parece una manera bastante agresiva de destruir tu reputación.

Aurelia sintió la mandíbula tensarse.

—Nuestra puntuación estuvo bastante cerca de la tuya.

Aquello hizo desaparecer la sonrisa masculina durante un instante. Pequeño detalle. Pero suficiente.

Kael lo notó también.

—Oh, ahí está —murmuró—. Sabía que debajo de tanta elegancia existía un ego herido.

Orion desvió finalmente la mirada hacia él.

Fría. Calculadora.

—Ten cuidado, Ardent. A veces empiezas creyendo que controlas el caos… hasta que termina arrastrando todo contigo.

El comentario quedó suspendido entre ambos. Cargado de intención.

Aurelia percibió inmediatamente que la conversación escondía algo viejo. Algo mucho peor que una simple rivalidad deportiva.

Pero antes de preguntar, Orion giró hacia la salida principal.

—Disfruten el entrenamiento.

Luego desapareció acompañado por el equipo técnico.

Silencio.

Kael permaneció inmóvil observando la puerta varios segundos.

Soren frunció el ceño.

—Mantente lejos de Hale.

Kael soltó una risa seca.

—Curioso consejo considerando que comparte la mitad de los circuitos internacionales conmigo desde hace años.

Aurelia observó la expresión masculina con atención. Había algo distinto allí. Irritación auténtica.

—¿Qué ocurrió entre ustedes? —preguntó.

Kael apartó la mirada hacia el hielo.

—Nada que valga la conversación.

Respuesta demasiado rápida. Demasiado cerrada.

Soren interrumpió antes de que ella insistiera.

—Posiciones. Simulación completa.

La música comenzó minutos después.

Aurelia ocupó la marca central junto a Kael mientras las luces blancas reflejaban figuras sobre la superficie helada. Respiró profundo. Intentando apartar la conversación anterior de la cabeza.

La rutina inició limpia. Deslizamiento. Cruce. Transición diagonal. Todo funcionaba con una precisión elegante mientras las cuchillas trazaban líneas perfectas sobre el hielo.

Kael sostuvo la cintura de Aurelia durante el primer levantamiento y el movimiento salió impecable.

Soren observaba atento desde la barrera.

Aurelia empezaba a relajarse.

Entonces ocurrió.

Durante la secuencia rápida de giros, la cuchilla derecha perdió estabilidad repentinamente. Un sonido seco raspó la superficie. Aurelia sintió el desequilibrio inmediato. Demasiado brusco. Demasiado extraño.

—Kael…

Él reaccionó al instante. Sujetó su brazo antes de la caída completa, aunque el movimiento terminó rompiendo la coreografía violentamente.

Ambos frenaron cerca del centro de la pista.

El silencio cayó pesado alrededor.




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