Antes De Caer

Negación

Aurelia Vance pasó toda la noche intentando convencerse de que el beso había sido un error. Una mala decisión nacida de la tensión acumulada, el agotamiento emocional y demasiadas horas compartiendo el hielo con el hombre equivocado. Funcionó aproximadamente tres segundos.

Porque cada vez que cerraba los ojos volvía a sentir las manos de Kael rodeando su cintura, su respiración mezclándose con la suya y aquella manera peligrosa en que había pronunciado su nombre después, como si también hubiera perdido el equilibrio.

El amanecer llegó acompañado por un cansancio insoportable.

Aurelia salió de la habitación antes de verlo. Necesitaba distancia, orden, frialdad. Necesitaba recuperar el control.

Cuando atravesó las puertas principales hacia la pista olímpica, encontró el estadio todavía vacío. Las luces suaves iluminaban la superficie helada mientras la música instrumental sonaba apenas desde los altavoces lejanos. Perfecto. O eso creyó durante treinta segundos.

—Vance.

Aquella voz grave detrás suyo hizo que sus músculos enteros se tensaran inmediatamente. Kael Ardent avanzaba hacia el hielo con las manos dentro de los bolsillos y una expresión peligrosamente tranquila. Demasiado tranquila, como si la noche anterior jamás hubiera ocurrido.

Aurelia sostuvo el bolso con firmeza.

—Llegaste temprano.

—Tú también.

Silencio. Incómodo. Pesado.

Kael sostuvo la mirada apenas unos segundos antes de desviar la atención hacia la pista.

—Soren quiere la rutina completa antes del mediodía.

Aquello sorprendió a Aurelia. Porque esperaba tensión, algún comentario, alguna referencia indirecta hacia el beso. Pero Kael actuaba exactamente igual que siempre. Y eso resultaba irritante.

Ella dejó el bolso sobre la banca intentando ignorar la aceleración absurda de su corazón.

—Entonces entrenemos.

Kael asintió apenas. Distante. Profesional. Aquella actitud debería tranquilizarla. En cambio, consiguió el efecto contrario. Porque parte de ella había esperado notar el mismo desconcierto reflejado en los ojos grises.

Saltó la barrera y deslizó las cuchillas sobre el hielo mientras respiraba lentamente. Concentración. Necesitaba concentración.

Kael ocupó la posición frente a ella.

—Empezamos desde la transición diagonal.

—Bien.

La música comenzó segundos después.

Los primeros movimientos fluyeron con precisión automática. Giros sincronizados, cambios de dirección, cruces limpios sobre la superficie brillante. Todo correcto hasta el primer contacto.

Kael tomó la mano de Aurelia durante la secuencia de enlace y una electricidad brutal atravesó su brazo entero. Ella perdió el ritmo apenas una fracción de segundo.

Kael también lo notó. Porque la mirada de él subió inmediatamente hacia el rostro de ella.

Aurelia apartó la vista primero.

Continuaron. Pero la tensión había cambiado. Cada roce parecía durar demasiado. Cada respiración cercana alteraba la concentración construida cuidadosamente durante años.

Kael deslizó la mano hacia la espalda de Aurelia preparando el levantamiento y ella sintió el calor subir violentamente por el cuello. Ridículo. Completamente ridículo.

—Preparación —murmuró él.

Aquella voz baja cerca del oído empeoró todo. Aurelia impulsó el salto intentando enfocarse únicamente en la técnica. Kael sostuvo el peso de manera impecable. Cuando volvió hacia el hielo, el aterrizaje salió perfecto. Aunque su pulso continuaba completamente fuera de control.

La rutina siguió avanzando. Contacto, giro, deslizamiento. Cada movimiento entre ambos parecía cargado por algo invisible. Algo demasiado vivo.

La música terminó finalmente.

Aurelia se apartó primero. Necesitaba aire.

Kael permaneció quieto observándola unos segundos antes de hablar.

—Estás distraída.

Ella tomó la botella de agua inmediatamente.

—Estoy cansada.

—Claro.

El tono de él dejó claro que no le creía absolutamente nada. Aurelia bebió intentando ignorarlo.

Kael avanzó lentamente hacia la barrera.

—Podríamos hablar sobre—

—No hay nada que hablar.

La respuesta salió demasiado rápida. Demasiado tensa.

Kael apoyó los brazos sobre la barrera observándola con una calma peligrosa.

—Vance.

—Fue un error.

Silencio.

Aurelia evitó mirarlo. Porque pronunciar aquellas palabras había provocado una punzada desagradable dentro del pecho.

Kael tardó varios segundos en responder.

—¿Eso quieres pensar?

Ella levantó la vista finalmente.

—Necesitamos mantener la concentración en la competencia.

—Eso no responde la pregunta.

Aurelia sostuvo la respiración un instante. Odiaba las conversaciones emocionales. Especialmente con alguien capaz de leerla demasiado fácil.

—Complicar esto sería estúpido.

Kael sonrió apenas. Aunque aquella sonrisa parecía cansada.

—Interesante elección de palabras.

—¿Qué significa eso?

—Que dijiste "complicar", no "arruinar".

Aurelia abrió la boca para responder. Nada salió.

Kael soltó una pequeña exhalación divertida antes de apartarse nuevamente.

Aquello debería haber terminado la conversación. Pero la tensión continuó creciendo durante el resto del entrenamiento. Cada contacto empeoraba la situación.

Durante el giro de pareja, los dedos de él recorrieron la cintura de Aurelia guiando la transición y ella olvidó el siguiente movimiento por medio segundo. Durante el levantamiento lateral, Kael quedó demasiado cerca después del aterrizaje. Durante la secuencia final, sus respiraciones chocaron apenas sus rostros quedaron a centímetros.

Demasiado cerca. Terriblemente peligroso.

Soren llegó una hora después. Observó la rutina completa desde la barrera mientras ambos intentaban desesperadamente recuperar la normalidad.

Funcionó terrible.

—Otra vez —ordenó el entrenador.




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