El ruido comenzó antes de que cruzaran las puertas principales del estadio. Aurelia Vance lo percibió apenas el automóvil oficial redujo la velocidad frente a la entrada privada del complejo deportivo, donde destellos blancos iluminaban las ventanas oscuras y voces se amontonaban detrás de las vallas metálicas que el equipo de seguridad había instalado durante la madrugada. Prensa, demasiada prensa, pensó mientras ajustaba la postura en el asiento.
Kael observaba el exterior desde el asiento contiguo con una expresión serena, aunque Aurelia logró notar una ligera tensión endureciendo su mandíbula.
—Parece que hoy somos populares otra vez —murmuró él.
Aurelia soltó una exhalación cansada. Aquella semana había resultado agotadora. Después de la competencia anterior, los rumores habían explotado en las redes deportivas internacionales: videos de entrenamientos, fotografías robadas, teorías absurdas sobre un romance secreto, comentarios cuestionando el regreso de Aurelia tras el escándalo federativo. Y, por supuesto, artículos atacando directamente a Kael. Pero aquello ya era costumbre para él; para Aurelia todavía le quemaba de un modo distinto.
Soren cerró la carpeta sobre sus piernas antes de girarse hacia ambos.
—El entrenamiento privado ha sido cancelado —anunció.
Kael levantó la mirada.
—Déjame adivinar. Relaciones públicas.
—Entrevista rápida obligatoria antes de la práctica oficial.
Aurelia apoyó la cabeza contra el asiento un instante. Perfecto, exactamente lo que necesitaba.
Soren sostuvo una mirada firme sobre ambos.
—Mantengan la calma. Respondan poco. Ninguna provocación.
Kael sonrió apenas.
—Hablas como si fuéramos un problema —dijo.
El entrenador levantó una ceja.
—Porque generalmente lo son.
El automóvil finalmente se detuvo. Apenas descendieron, el murmullo exterior explotó inmediatamente: cámaras, micrófonos y preguntas lanzadas desde todas las direcciones. Aurelia respiró hondo intentando mantener una expresión neutral mientras avanzaban escoltados hacia la entrada principal.
—¡Aurelia! ¿Es cierto que la federación está usando tu relación con Ardent para limpiar su imagen pública?
—¡Kael! ¿Continúan investigando el incidente durante el entrenamiento?
—¿Existe un romance entre ustedes?
—¡Mírennos aquí!
Los destellos cegadores golpearon su rostro mientras intentaba ignorar el caos de alrededor. Kael caminaba apenas detrás de ella, demasiado cerca, como si vigilara constantemente el entorno.
Entraron finalmente al área interna reservada para la prensa deportiva, donde varias cadenas internacionales aguardaban frente a un escenario pequeño decorado con los logos federativos. Aurelia sintió una incomodidad inmediata; odiaba las entrevistas, siempre las había odiado. Soren permaneció cerca mientras el coordinador de medios daba instrucciones rápidas.
—Cinco minutos únicamente. Preguntas relacionadas con la competencia.
Kael soltó una pequeña risa.
—Eso jamás ocurre —comentó.
Tenía razón. Apenas comenzaron las entrevistas, las primeras preguntas giraron directamente hacia los escándalos.
—Aurelia, muchos analistas consideran que tu regreso fue demasiado rápido tras la suspensión. ¿Qué respondes?
Ella sostuvo el micrófono con firmeza.
—Estoy aquí para competir.
—¿Crees que la federación favoreció tu retorno debido a tu popularidad mediática?
Aurelia mantuvo una expresión tranquila aunque su estómago comenzaba a tensarse.
—Mi trabajo siempre habla por sí mismo sobre el hielo.
Otra periodista levantó la voz inmediatamente.
—Kael, varios jueces consideran que es arriesgado formar pareja contigo después de tus antecedentes disciplinarios. ¿Temes que afectes la carrera de Aurelia?
Kael apoyó los brazos sobre la mesa con una calma peligrosa.
—Aurelia puede responder por sí misma —respondió.
La periodista insistió.
—Pero tú tienes un historial complicado dentro del circuito.
—Y aun así seguimos obteniendo puntuaciones altas —replicó él.
Algunos periodistas soltaron pequeñas risas tensas. Aurelia notó el cambio inmediato del ambiente; cazaban una reacción, buscaban provocación, querían grietas. Entonces llegó la pregunta equivocada.
Una reportera rubia revisó su tablet antes de mirar directamente hacia Aurelia.
—Muchos fanáticos afirman que tu rendimiento ha decaído desde el escándalo pasado. ¿Crees que Kael Ardent funciona como un intento desesperado por recuperar tu relevancia?
El comentario cayó brutalmente sobre la sala. Aurelia sintió el golpe directo bajo las costillas. Aquello ya no era una pregunta profesional, era un ataque. Intentó responder con calma, de verdad lo intentó, pero años enteros de presión, críticas y miedo empezaron a acumularse peligrosamente dentro de su pecho.
La periodista continuó antes de darle la oportunidad.
—Incluso existen teorías asegurando que la relación mediática entre ustedes busca distraer a los jueces sobre la inconsistencia técnica reciente.
Kael se movió antes de que Aurelia reaccionara, lento, controlado, peligroso. Apoyó ambas manos sobre la mesa inclinándose apenas hacia el micrófono. Sus ojos grises abandonaron la expresión relajada habitual.
—Escúchame bien —dijo en voz baja.
La sala entera quedó inmóvil. La periodista sostuvo la mirada de Kael con evidente incomodidad.
Kael continuó hablando con una voz firme.
—Puedes cuestionar la estrategia deportiva, las puntuaciones o los entrenamientos cuanto quieras. Eso forma parte del trabajo.
Silencio absoluto alrededor. Luego añadió:
—Pero nadie habla así de mi compañera.
Aurelia sintió el corazón detenerse apenas un instante. Porque Kael jamás elevaba la voz, ni siquiera parecía furioso. Aquello resultaba peor: una frialdad peligrosa vibraba bajo cada palabra.