El silencio dentro del Kiss & Cry resultaba insoportable. Aurelia Vance mantenía la mirada fija sobre la pantalla gigante suspendida frente al estadio mientras la respiración permanecía demasiado lenta, demasiado controlada, como si cualquier movimiento brusco pudiera alterar el resultado todavía pendiente.
Kael ocupaba el asiento junto a ella, inclinado hacia adelante con los antebrazos apoyados sobre las piernas. Su expresión aparentaba calma, aunque la tensión endureciendo su mandíbula contaba una historia completamente distinta.
Frente a ambos, los números seguían brillando sobre el panel electrónico. Primer lugar provisional. Puntuación altísima. Programa prácticamente impecable. Y aun así, ella sentía una incomodidad imposible de ignorar.
Porque algo dentro del ambiente había cambiado durante los últimos minutos.
Los jueces hablaban demasiado entre ellos. Funcionarios federativos entraban y salían continuamente de la zona técnica. Incluso los comentaristas deportivos comenzaban a intercambiar miradas extrañas mientras esperaban el resultado final.
Soren permanecía de pie detrás de ambos observando el estadio completo con una atención fría. Demasiado atento. Aquello nunca representaba una buena señal.
—Quedan dos parejas —murmuró Kael finalmente.
Aurelia asintió apenas. Los últimos competidores aguardaban la entrada a la pista mientras el público seguía comentando la actuación anterior. Las pantallas gigantes repetían fragmentos del levantamiento final ejecutado por ella y Kael minutos atrás.
Cada repetición conseguía el mismo efecto: ovación inmediata. Aquello debía tranquilizarla. En cambio, aumentaba la sensación extraña creciendo bajo la piel.
Kael giró apenas el rostro hacia ella.
—Estás pensando demasiado.
—Algo está raro.
Él sostuvo un silencio breve antes de responder.
—También lo noté.
Aurelia apartó la vista del marcador.
—¿Qué crees que pase?
Kael soltó una pequeña exhalación cansada.
—En este deporte, preguntar eso nunca trae respuestas agradables.
Aquella frase quedó suspendida entre ambos mientras la música de la nueva rutina comenzaba a llenar el estadio. La pareja rusa favorita de la temporada ingresó a la pista segundos después. El público aplaudió con fuerza mientras los comentaristas enumeraban el historial impecable de los competidores: campeones europeos, patrocinadores importantes, una federación poderosa detrás.
Aurelia cruzó los brazos lentamente observando el calentamiento inicial. Todo lucía correcto. Elegante. Pero distante. Faltaba algo.
Kael pareció pensar exactamente lo mismo porque inclinó la cabeza apenas hacia ella.
—Técnicamente limpios.
—Fríos.
Los ojos grises brillaron apenas.
—Gracias. Pensé que estaba volviéndome sentimental.
Aurelia casi sonrió. Casi.
La música comenzó definitivamente. La rutina avanzó sólida durante los primeros minutos. Saltos precisos. Transiciones cuidadas. Elevaciones complejas ejecutadas con una enorme estabilidad. Pero también hubo errores. Pequeños. Sutiles. Un aterrizaje ligeramente desequilibrado. Un desfase mínimo durante la secuencia paralela. Un giro incompleto apenas perceptible para los espectadores comunes.
Ella los vio todos. Kael también. Porque los patinadores de alto nivel aprenden a detectar imperfecciones incluso escondidas detrás del espectáculo.
—Eso resta ejecución —murmuró ella.
Kael apoyó la espalda contra el asiento lentamente.
—Bastante.
Soren permaneció inmóvil detrás de ambos. Aunque su expresión endureciéndose gradualmente confirmó la sospecha creciente.
La rutina terminó entre aplausos intensos. Buenos. Pero distintos. Nada parecido a la reacción brutal que Aurelia y Kael habían provocado. Los competidores saludaron a los jueces abandonando la pista con sonrisas confiadas. Demasiado confiadas.
Ella observó las pantallas gigantes esperando las puntuaciones. El silencio volvió a instalarse. Los números aparecieron lentamente. Primera cifra. Luego la segunda. Componentes artísticos. Ejecución técnica. Total final.
El estadio entero reaccionó inmediatamente.
Primer lugar. Por encima de ellos.
Aurelia sintió el estómago tensarse violentamente. Kael permaneció completamente quieto durante varios segundos. Después soltó una pequeña risa seca carente de humor.
—Interesante.
Soren dio un paso adelante acercándose al marcador. Su expresión fría. Peligrosa.
—Eso no tiene sentido.
Ella continuaba mirando las cifras brillando gigantescas sobre la pantalla. Diferencia mínima. Ridículamente mínima. Pero suficiente.
El público empezó a murmurar inmediatamente. Incluso los comentaristas deportivos parecían sorprendidos.
Kael apoyó los codos sobre las rodillas inclinándose nuevamente hacia adelante.
—Les regalaron los componentes.
Aurelia tragó saliva lentamente. Porque sabía exactamente qué significaba aquello. Puntuaciones infladas. Decisión política. Manipulación elegante disfrazada bajo tecnicismos imposibles de demostrar públicamente.
Soren cruzó los brazos.
—La federación rusa presionó fuerte esta semana.
Kael levantó la mirada hacia el entrenador.
—¿Hasta ese punto?
El silencio breve respondió la pregunta.
Ella sintió la frustración crecer lentamente dentro del pecho. No rabia explosiva. Algo peor. Impotencia. Porque habían ejecutado la mejor rutina de su carrera conjunta. Porque la pista completa había reaccionado. Porque incluso los jueces parecían conscientes. Y aun así… no bastaba.
Las pantallas continuaban mostrando la celebración de la pareja ganadora mientras las cámaras buscaban la reacción de Aurelia y Kael dentro del Kiss & Cry.
Kael percibió inmediatamente el objetivo de las cámaras. Su expresión cambió. Relajada otra vez. Casi divertida. Interpretando el papel perfecto frente al mundo entero.