Antes De Caer

Más que compañeros

La nieve seguía cayendo sobre Estocolmo cuando Aurelia Vance regresó al hotel junto a Kael y Soren. Las luces urbanas atravesaban los ventanales del automóvil dibujando destellos plateados sobre el interior silencioso, aunque aquella quietud resultaba engañosa. Bajo la apariencia tranquila, la tensión continuaba latiendo entre respiraciones contenidas, miradas fugaces y pensamientos imposibles de ordenar.

Habían ejecutado la mejor rutina de la temporada. Habían conquistado el estadio entero. Y aun así terminaron observando la celebración ajena.

Aurelia mantenía la vista fija sobre las calles cubiertas de hielo mientras recordaba las puntuaciones apareciendo sobre la pantalla gigante. Cada cifra continuaba molestándole igual que una herida reciente.

Kael, sentado junto a ella, parecía relajado. Demasiado relajado. Pero Aurelia comenzaba a conocerlo lo suficiente para distinguir la verdad detrás de la apariencia despreocupada. Sus dedos golpeaban lentamente los apoyabrazos del automóvil con un ritmo irregular, impaciente, molesto.

Soren rompió el silencio primero.

—Descansen esta noche. Mañana revisaremos los videos.

Kael soltó una pequeña risa seca.

—¿Para torturarnos temprano?

—Para entender cuánto miedo les provocaron.

Aurelia apartó finalmente la mirada del ventanal.

—No quiero volver a mirar las puntuaciones.

Soren sostuvo una expresión firme.

—Precisamente por eso debes hacerlo.

Nadie respondió después de aquello. El vehículo continuó avanzando entre las avenidas iluminadas hasta detenerse frente al hotel de las delegaciones internacionales. Los periodistas aguardaban todavía en la entrada principal a pesar de la hora tardía. Los flashes iluminaron los cristales apenas descendieron del automóvil.

Kael suspiró cansado.

—Perfecto. Fans desesperados por preguntarnos cuánto amamos el segundo lugar.

Aurelia casi sonrió. Casi.

Las cámaras comenzaron a disparar inmediatamente cuando cruzaron la entrada. Las preguntas aparecieron desde distintas direcciones.

—¡Aurelia! ¿Crees que el resultado es injusto?

—¡Kael! ¿Habrá reclamo oficial?

—¿Piensan competir en la próxima fecha internacional?

—¿Existe rivalidad con la pareja rusa?

Soren avanzó primero abriendo camino entre los periodistas. Aurelia mantuvo la cabeza alta intentando ignorar las voces de alrededor. Kael caminaba demasiado cerca, suficiente para impedir cualquier invasión incómoda.

Un reportero logró acercarse lo bastante.

—¡Kael! ¿Dirías que ustedes merecían ganar?

Kael giró apenas el rostro hacia el hombre con una sonrisa elegante y peligrosa.

—Diría que el público escuchó la respuesta antes que los jueces.

Aquella frase bastó para provocar un murmullo inmediato entre la prensa. Soren lanzó una mirada asesina hacia él mientras el ascensor finalmente se abría frente al grupo. Las puertas cerraron aislando el ruido exterior.

Silencio.

Kael apoyó la cabeza contra la pared metálica.

—Voy a recibir una llamada furiosa de la federación dentro de veinte minutos.

—Quince —corrigió Soren.

Aurelia observó los números del ascensor subir lentamente. Algo dentro del pecho seguía demasiado inquieto para llamarlo frustración deportiva. Había otra cosa creciendo detrás del cansancio acumulado, algo relacionado con Kael, con la manera absurda en que permanecía firme incluso cuando el mundo parecía empujarlo constantemente hacia la caída.

Llegaron al piso privado de la delegación internacional unos segundos después. Soren caminó directo a su habitación propia antes de detenerse frente a ellos.

—Descansen.

Kael levantó una ceja.

—Eso sonó sospechosamente paternal.

—Acostúmbrate.

El entrenador desapareció por el pasillo adelante dejando a ambos completamente solos. El silencio regresó nuevamente, aunque esta vez distinto, mucho más íntimo.

Aurelia deslizó la tarjeta magnética abriendo la suite compartida. El interior permanecía oscuro salvo las luces de la ciudad filtrándose detrás de las cortinas parcialmente abiertas.

Kael entró primero quitándose la chaqueta lentamente.

—Necesito café.

Aurelia frunció el ceño.

—A medianoche.

—Mi relación con la cafeína atraviesa una etapa seria.

Ella dejó el bolso sobre el sofá acercándose al ventanal principal. La nieve seguía cayendo suave sobre la ciudad extranjera, transformando las calles en reflejos blancos y dorados. Durante varios segundos ninguno habló, hasta que Kael apareció junto a ella con dos tazas humeantes. Le ofreció una.

Aurelia aceptó lentamente.

—Gracias.

Él apoyó el hombro contra el cristal observando el paisaje nocturno.

—Todavía estás pensando en las puntuaciones.

—¿Tú tampoco?

Kael soltó una pequeña exhalación.

—Claro. Aunque intento evitar el deseo criminal hacia los jueces internacionales.

Aquello arrancó la primera sonrisa real de la noche, pequeña, breve, pero real. Kael la observó inmediatamente.

—Ahí está.

Aurelia desvió la mirada hacia la taza caliente.

—¿Qué?

—Llevabas horas sin sonreír.

Ella bebió un sorbo de café intentando ignorar el comentario. El silencio volvió a instalarse entre ambos, aunque lejos de resultar incómodo, parecía envolver la habitación con una calma extraña.

Kael continuó mirando la ciudad.

—¿Sabes qué pensé durante la rutina?

Aurelia giró apenas el rostro hacia él.

—¿Qué?

—Que jamás había disfrutado competir así.

Aquella confesión sorprendió. Kael raramente hablaba sinceramente sobre las emociones relacionadas con el deporte, siempre escondía todo detrás de ironías. Aurelia sostuvo la taza entre las manos.

—Incluso perdiendo.

Él negó lentamente.

—Aquello no fue perder. Perder habría significado salir de la pista sabiendo que dimos menos.

Sus ojos grises buscaron la mirada de Aurelia.




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