Antes De Caer

El pasado regresa

La mañana siguiente llegó cubierta por un cielo gris y una nevada persistente sobre Estocolmo. Desde los enormes ventanales de la residencia deportiva, la ciudad parecía suspendida bajo una calma engañosa, demasiado blanca, demasiado silenciosa para ocultar la tensión acumulándose lentamente bajo la superficie.

Despertó temprano, aunque realmente nunca consiguió dormir del todo. Cada vez que cerraba los ojos, regresaba la imagen de Kael apoyando la frente contra la suya dentro de la habitación del hotel. La respiración cercana, la voz baja, aquella manera peligrosa en que finalmente dejaron de fingir indiferencia. Y eso complicaba absolutamente todo.

Se incorporó lentamente en la cama revisando la hora sobre el teléfono. Varias notificaciones deportivas seguían llegando desde la competencia anterior. Fotografías, opiniones, análisis técnicos, videos editados mostrando la rutina junto a Kael desde distintos ángulos. Internet entero parecía obsesionado con ellos, con la química, con la tensión evidente, con la posibilidad creciente de convertirse en protagonistas de la temporada.

Dejó el teléfono sobre la mesa intentando ignorar la presión incómoda creciendo dentro del pecho. Necesitaba enfocarse en el entrenamiento. Nada más. Aunque resultaba difícil convencerse después de la noche anterior.

Abandonó la habitación minutos después rumbo a la cafetería privada de la residencia. El aroma del café recién hecho envolvía el ambiente todavía tranquilo debido a la hora temprana.

Kael ya estaba allí. Por supuesto. Sentado junto al ventanal con una sudadera oscura y una expresión curiosamente seria mientras revisaba la pantalla del portátil frente a él. Aquello llamó su atención inmediatamente. Kael rara vez lucía serio durante tanto tiempo.

Tomó café acercándose despacio.

—Empiezas a convertirte en un hábito molesto.

Él levantó la mirada apenas. Intentó sonreír. El resultado quedó incompleto.

—Buenos días, Vance.

Algo dentro del tono de Kael endureció la respiración inmediatamente. Demasiado distante, demasiado contenido.

Dejó la taza frente al asiento opuesto.

—¿Qué ocurrió?

Kael cerró el portátil lentamente. Silencio breve, incómodo. Después apoyó la espalda contra la silla observándola varios segundos antes de responder.

—Recibí un mensaje esta mañana.

Frunció el ceño.

—¿De la federación?

—Ojalá.

Aquella respuesta bastó para alterar la atmósfera completamente.

Deslizó el teléfono sobre la mesa acercándolo hacia ella. La pantalla mostraba un mensaje breve proveniente de un número desconocido.

"¿De verdad pensaste que podrías regresar como si nada hubiera pasado?"

Levantó la mirada inmediatamente.

—¿Quién escribió eso?

Sostuvo silencio unos segundos.

—Alguien que debería permanecer lejos de mi vida.

El corazón comenzó a acelerarse lentamente. Porque había algo distinto en la expresión de Kael. No rabia, algo peor. Viejo cansancio mezclado con tensión auténtica.

Tomó nuevamente el teléfono observando el mensaje completo. Debajo del texto aparecía una fotografía antigua. Kael, mucho más joven, junto a una mujer rubia desconocida en lo que parecía la alfombra de un evento deportivo, ambos vestidos de gala.

—¿Ella es…?

—Selene Laurent.

El nombre cayó entre ambos como cristal rompiéndose lentamente.

Buscó el apellido en su memoria sin encontrar nada. No era una patinadora de pareja, no era parte de ningún historial técnico que hubiera investigado antes. Aquello no tenía relación con Anika, con la pista, con ningún escándalo deportivo compartido. Era otra clase de nombre. Otra clase de historia.

—¿Quién es? —preguntó, distinguiendo deliberadamente la pregunta de cualquier suposición previa.

Kael apartó la mirada hacia los ventanales.

—Patinadora individual. Salimos durante casi dos años.

—Pensé que jamás volvería a saber nada de ella.

Observó la fotografía nuevamente. Selene sonreía hacia la cámara, del brazo de Kael, con la familiaridad de una pareja pública, no de una compañera de entrenamiento. La imagen resultó extrañamente desagradable de todos modos.

—¿Qué quiere?

Él soltó una exhalación lenta.

—Eso nunca significa algo bueno.

El silencio volvió a instalarse en la mesa. El ruido de la cafetería comenzaba a aumentar alrededor mientras otros atletas aparecían gradualmente. Sin embargo, sentía una burbuja aislándolos completamente del resto del mundo.

Kael tomó la taza de café fría entre las manos. Los dedos permanecían demasiado tensos alrededor del borde.

—Hace tres años, después de que terminamos, Selene declaró ante un comité disciplinario que yo había sobornado a un juez técnico para mejorar mis puntuaciones en el campeonato continental.

Sostuvo la respiración. Finalmente, la verdad comenzaba a aparecer.

Kael levantó la vista hacia ella lentamente.

—Nunca pudo demostrarlo. Porque jamás ocurrió.

Creyó cada palabra inmediatamente. Quizás debería cuestionarlo, quizás la parte racional tendría que exigir pruebas. Pero conocía a Kael lo suficiente para distinguir una mentira. Y aquello claramente dolía demasiado para fingir.

—Entonces ¿por qué hizo la acusación?

La expresión de Kael endureció la mandíbula.

—Porque terminé la relación antes del campeonato mundial. Y Selene nunca soportó que alguien la dejara primero.

Aquella respuesta llegó cargada de una amargura antigua. Kael permaneció observando la nieve caer detrás de los ventanales mientras continuaba hablando con voz baja.

—No fue como con Anika —añadió, casi leyéndole el pensamiento—. Esto no tuvo nada que ver con la pista. Fue completamente personal.

Sintió la presión incómoda dentro del pecho. Dos historias distintas, dos mujeres distintas, y sin embargo el mismo patrón brutal repitiéndose: alguien cercano a Kael convirtiéndolo en el responsable conveniente cuando algo salía mal.




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