El silencio dentro del centro de entrenamiento resultaba distinto después del escándalo. Más frío, más incómodo, como si cada pasillo hubiese aprendido a observar.
Cruzó la entrada principal temprano aquella mañana, llevando el bolso deportivo colgado sobre el hombro y una tensión constante instalada detrás del esternón. Habían pasado tres días desde la reunión con la federación, aunque la sensación parecía mucho peor. Bastaron setenta y dos horas para transformar rumores en condena pública.
Las pantallas gigantes ubicadas junto a la recepción continuaban transmitiendo análisis deportivos. Expertos, ex campeones, periodistas. Todos opinando acerca de Kael, todos hablando como si la verdad ya estuviera escrita.
Evitó mirar demasiado tiempo. Había dejado de soportarlo.
Las miradas comenzaron apenas atravesó el vestíbulo. Conversaciones que se detenían, susurros, silencios repentinos. Nunca había odiado tanto aquella clase de ambiente.
Siguió caminando hacia los vestuarios intentando ignorarlo, aunque la presión alrededor aumentaba con cada paso. Dos patinadoras juveniles cruzaron frente a ella y bajaron la voz creyendo que no alcanzaría a escucharlas.
—Dicen que encontraron transferencias bancarias.
—También escuché que van a suspenderlo antes del campeonato europeo.
Tensó la mandíbula. Continuó avanzando.
Aquello era precisamente lo que la federación quería: convertir la sospecha en sentencia antes de que la investigación terminara.
Empujó la puerta del vestuario femenino con demasiada fuerza. El golpe resonó dentro de la habitación vacía.
Respiró profundamente intentando recuperar la calma. No funcionó.
Dejó el bolso sobre el banco y permaneció inmóvil unos segundos frente al casillero metálico. El reflejo borroso en la superficie plateada devolvió una imagen cansada. Ojeras suaves, mandíbula rígida, demasiados pensamientos. Había dormido poco. Otra vez.
Desde la conferencia, Kael apenas hablaba. Seguía entrenando cuando podía, manteniendo una expresión indiferente frente a las cámaras, los periodistas y los miembros de la federación; aun así, empezaba a notar grietas pequeñas detrás del control aparente. Miradas perdidas, silencios largos, irritación contenida. Y aquello resultaba peligroso. Mucho.
Tomó aire lentamente antes de cambiarse. Necesitaba concentrarse, entrenar, patinar. Aunque últimamente ninguna cosa parecía sencilla.
Cuando llegó a la pista principal, comprendió inmediatamente que algo iba mal. Las luces permanecían apagadas en mitad del estadio. Varias puertas técnicas estaban abiertas y dos empleados federativos hablaban junto a la barrera central mientras retiraban el equipamiento audiovisual.
Soren esperaba cerca del hielo con los brazos cruzados. Aquella expresión seria nunca anunciaba buenas noticias.
Descendió los escalones rápidamente.
—¿Qué ocurrió?
Soren sostuvo la mirada durante unos segundos antes de responder.
—Suspendieron los entrenamientos oficiales.
Una presión inmediata atravesó el pecho.
—¿Qué?
El entrenador habló con calma tensa.
—Hasta nuevo aviso.
Observó la pista vacía. Inmóvil, fría.
—No pueden hacer eso.
—Ya lo hicieron.
La rabia apareció enseguida.
—Tenemos una competencia clasificatoria en dos semanas.
—La federación argumenta que la investigación afecta la imagen del circuito internacional.
Soltó una risa breve cargada de frustración.
—Claro. Porque destruir carreras públicamente siempre ayuda la imagen deportiva.
Soren guardó silencio. Aquello bastó para empeorar la sensación.
—¿Dónde está Kael?
El entrenador giró ligeramente la cabeza hacia el extremo opuesto del estadio.
Siguió la dirección de la mirada.
Kael permanecía apoyado contra la barrera secundaria, observando el hielo vacío. Chaqueta negra, manos dentro de los bolsillos, expresión completamente ilegible. Y aun desde la distancia parecía aislado del resto del mundo.
Avanzó hacia él. Varias personas levantaron la vista mientras caminaba. Algunas conversaciones volvieron a apagarse. Aquello comenzaba a resultar insoportable.
Kael notó su presencia antes de que hablara.
—Buenos días, Vance.
La voz salió tranquila, demasiado tranquila.
—¿Sabías esto?
Él observó la pista unos segundos.
—Me avisaron hace una hora.
—¿Y eso fue todo?
Kael giró lentamente el rostro hacia ella.
—¿Qué esperabas? ¿Que incendiara el edificio?
Cruzó los brazos intentando contener la irritación.
—Esperaba alguna reacción.
Una sonrisa mínima apareció apenas, vacía.
—Aprendí hace tiempo que reaccionar delante de la federación siempre empeora las cosas.
El comentario dejó un sabor amargo inmediato. Porque sonaba cierto, demasiado cierto.
Observó el perfil durante unos segundos. El cansancio comenzaba a notarse incluso en él. Había sombras oscuras debajo de los ojos grises y una tensión permanente instalada en la mandíbula. Aun así seguía intentando aparentar indiferencia, como siempre.
—Esto es absurdo —murmuró.
Kael soltó el aire lentamente.
—Absurdamente predecible.
Un silencio incómodo cayó entre ambos.
Apoyó las manos sobre la barrera helada.
—¿Hablaste con los abogados?
—Toda la mañana.
—¿Y?
Kael desvió la mirada hacia las graderías vacías.
—Dicen que la situación podría empeorar antes de mejorar.
Aquella frase instaló otra presión incómoda dentro del pecho.
—Kael…
Él sonrió apenas.
—Tranquila. Todavía no estoy esposado.
Frunció el ceño.
—No hagas bromas con eso.
—Entonces dame algo divertido diferente.
Intentaba aliviar el ambiente. Ella lo sabía. Pero el humor ácido ya comenzaba a sentirse agotado.
Un grupo técnico cruzó la pista cargando cámaras desmontadas. Uno de los hombres miró directamente hacia Kael antes de murmurar algo cerca de su compañero.