Antes De Caer

La ruptura

La tormenta comenzó antes de que alguno pronunciara una palabra. Permanecía inmóvil junto a la barrera de la pista secundaria mientras observaba las luces reflejadas sobre el hielo vacío. Afuera, la nieve golpeaba los ventanales del complejo deportivo con una violencia irregular, como si incluso el invierno hubiera perdido la paciencia.

Todo alrededor parecía suspendido. Entrenamientos cancelados, prensa bloqueando las entradas, mensajes acumulándose en su teléfono, titulares destruyendo a Kael una y otra vez. Y aun así, lo peor no eran las noticias. Lo peor era aquella sensación insoportable creciendo dentro de su pecho desde hacía días.

La duda.

Escuchó pasos detrás de ella. Firmes, lentos, reconocibles.

Kael Ardent apareció desde el corredor lateral con una chaqueta negra húmeda por la nieve y el cansancio dibujado bajo los ojos. Llevaba varias noches durmiendo poco; podía verlo incluso desde la distancia. Pero aun agotado seguía teniendo aquella presencia peligrosa capaz de alterar el aire entero de una habitación.

Él cerró la puerta detrás de sí y observó la pista vacía.

—Sabía que estarías aquí.

Mantuvo la mirada fija sobre el hielo.

—Necesitaba pensar.

Kael soltó una risa breve, amarga.

—Eso nunca termina bien para nosotros.

El comentario habría provocado otra reacción días atrás. Tal vez una discusión ligera, tal vez ironía. Aquella noche, sin embargo, ninguno tenía energía para fingir normalidad.

Kael avanzó despacio hasta quedar a pocos metros.

—Soren dijo que dejaste el entrenamiento temprano.

Cruzó los brazos.

—No podía concentrarme.

—Entiendo.

El silencio volvió, pesado, tenso. Cada conversación entre ellos parecía caminar alrededor de algo inevitable.

Kael la observó durante unos segundos antes de hablar otra vez.

—La federación quiere una declaración mañana.

Finalmente giró hacia él.

—¿Y qué vas a decir?

Kael sostuvo su mirada.

—La verdad.

Aquella respuesta debería haberla tranquilizado. En cambio, sintió otro nudo formarse dentro de sí. Porque ya no sabía cuál era realmente la verdad.

Las acusaciones crecían cada hora. Manipulación de puntuaciones, favores internos, resultados alterados, videos filtrados, comentarios de antiguos entrenadores, personas hablando de Kael como si siempre hubieran esperado exactamente aquello.

Y aunque una parte de ella quería defenderlo con la misma certeza de semanas atrás… otra comenzaba a preguntarse si había demasiadas coincidencias. O demasiados silencios.

Kael notó el cambio en su expresión. Siempre lo hacía.

—Estás pensando demasiado otra vez.

Soltó el aire lentamente.

—Tal vez porque nadie me dice nada claro.

Él frunció apenas el ceño.

—Ya te expliqué todo.

—Explicaste tu versión.

La frase cayó entre ambos con una dureza inmediata.

Kael permaneció quieto unos segundos. Luego asintió apenas.

Como si algo dentro de sí acabara de romperse un poco.

—Entiendo.

Apartó la mirada un instante. Odiaba escuchar ese tono en su voz. Frío, controlado, demasiado distante.

—Kael…

—No —interrumpió él con una calma peligrosa—. Continúa.

Ella tragó saliva despacio. Todo resultaba más difícil cuando él dejaba de bromear. Cuando abandonaba la ironía y mostraba algo real.

—Quiero creerte —dijo finalmente—, pero cada día aparece algo nuevo.

Kael soltó una risa seca.

—Claro. Porque los medios jamás exageran nada.

—No hablo de los periodistas.

Él la observó fijamente.

—Entonces habla claro, Aurelia.

Aquello dolió. No por las palabras, por el tono. Porque hacía semanas que ninguno pronunciaba el nombre del otro de aquella manera.

Ella respiró profundo antes de responder.

—Orion aseguró que varias competencias estaban arregladas desde hace tiempo.

—Orion también vendería a su propia madre por una medalla.

—Marek evitó responder cuando pregunté directamente por ti.

—Marek evita responder incluso cuando le preguntan la hora del día.

—Y tú sigues escondiendo cosas.

El silencio cayó abruptamente. Kael quedó completamente inmóvil. Sintió inmediatamente que había cruzado una línea. Pero ya era tarde, muy tarde.

—¿Eso crees? —preguntó él finalmente.

La voz salió baja, demasiado tranquila. Y precisamente por eso resultó peor.

Sostuvo su mirada aun cuando parte de ella deseaba retroceder.

—Creo que jamás cuentas todo.

Kael sonrió apenas. Aunque aquella sonrisa carecía totalmente de humor.

—Interesante.

—No intentes convertir esto en sarcasmo.

—¿Y qué quieres exactamente? ¿Otra confesión traumática? ¿Otra historia sobre cómo arruinaron mi carrera años atrás para convencerte?

Sintió el golpe de cada palabra.

—No se trata de convencerme.

—Entonces explícame qué se trata.

Abrió la boca. Pero ninguna respuesta parecía suficiente. Porque la verdad y el miedo comenzaban a mezclarse de forma insoportable.

Kael dio otro paso hacia ella.

—Dime algo, Vance… ¿desde cuándo empezaste a creerles?

Aquella pregunta atravesó directamente su pecho. Porque no sabía responderla. Tal vez después de escuchar demasiados rumores, tal vez cuando los entrenamientos fueron suspendidos, tal vez cuando descubrió que parte de la federación realmente parecía ocultar información. O quizá mucho antes, quizá desde el instante en que comenzó a enamorarse de él y comprendió cuánto podía destruirla aquello.

—No quiero salir lastimada otra vez —murmuró finalmente.

Kael parpadeó apenas. La rabia en su expresión vaciló un instante.

—¿Crees que yo quiero eso?

Bajó la mirada.

—No lo sé.

Y aquella respuesta terminó de destruirlo todo.

Kael retrocedió lentamente, como si necesitara distancia para respirar, para contener algo mucho peor que el enojo.

—Perfecto —dijo al fin.




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