Antes De Caer

Desaparición

La residencia deportiva jamás había parecido tan silenciosa. Avanzó por el pasillo con pasos lentos, sosteniendo una carpeta entre las manos mientras observaba las luces blancas reflejarse sobre el suelo pulido. Afuera, una tormenta de nieve cubría Estocolmo bajo un cielo gris opaco, pero el verdadero frío parecía haberse instalado dentro del edificio desde hacía días.

Desde que Kael desapareció.

Nadie sabía dónde estaba. Ni Soren, ni la federación, ni siquiera Lyra había conseguido encontrar una pista. El teléfono de Kael permanecía apagado desde hacía cuarenta y ocho horas. Y aquello comenzaba a sentirse demasiado real.

Entró en la pista vacía intentando ignorar la presión constante que llevaba instalada en el pecho desde la discusión. Desde aquella última conversación, desde esas palabras imposibles de borrar.

"No puedo confiar en ti."

Todavía podía escuchar su propia voz pronunciándolas. Fría, cortante, definitiva.

Las cuchillas tocaron el hielo con suavidad mientras se impulsaba hacia el centro. El sonido familiar solía darle calma, orden, claridad. Esa mañana apenas consiguió devolverle una sensación incómoda de vacío.

Respiró profundamente.

El estadio permanecía completamente desierto. Sin música, sin entrenadores, sin Kael.

El pensamiento apareció antes de que pudiera evitarlo. Siempre terminaba allí, en él.

Cerró los ojos apenas un instante y comenzó una secuencia de pasos rápidos, intentando obligar a su mente a concentrarse en algo distinto. Giro, cambio de filo, transición, salto. El aterrizaje salió imperfecto. La cuchilla raspó el hielo de forma irregular.

Frustración inmediata.

Volvió a intentarlo. Otro error.

Soltó el aire con brusquedad.

—Maldita sea…

La voz resonó en el estadio vacío.

Antes aquello jamás ocurría. Los movimientos siempre respondían, el cuerpo obedecía, todo permanecía bajo control. Pero desde que Kael había desaparecido, algo dentro de ella parecía haberse desordenado por completo.

Volvió a deslizarse hacia la barrera y apoyó ambas manos sobre el borde mientras intentaba regular la respiración.

El recuerdo regresó otra vez. Kael alejándose aquella noche, la expresión endurecida, el silencio. Y después… nada. Ni mensajes, ni explicaciones, ni una sola noticia.

Soren apareció en la entrada de la pista unos segundos después. Llevaba una carpeta oscura bajo el brazo y el gesto cansado de alguien que había dormido demasiado poco.

Levantó la vista inmediatamente.

—¿Encontraste algo?

Soren negó despacio. La decepción llegó tan rápido que dolió físicamente.

—La federación tampoco sabe dónde está —dijo él acercándose a la barrera—. Marek está furioso.

Soltó una pequeña risa amarga.

—Qué sorpresa.

Soren sostuvo su mirada durante unos segundos.

—No deberías entrenar sola hoy.

—Necesito hacerlo.

—Estás agotada.

—Estoy bien.

La respuesta salió automática, vacía.

Soren descendió lentamente hacia el hielo.

—Aurelia…

Apartó la mirada. Porque estaba cansada de escuchar preocupación en todas las voces, porque comenzaba a sentirse culpable, y porque una parte de ella no conseguía dejar de pensar que Kael se había marchado por culpa de aquella discusión.

—No tendría que haber dicho eso —murmuró finalmente.

Soren guardó silencio.

Respiró hondo.

—Vi sus mensajes antiguos. Vi las noticias. Vi todo lo que decían sobre él… y aun así decidí creer en otras personas antes que en él.

El entrenador permaneció inmóvil.

—Estabas herida.

—Eso no justifica nada.

Su voz se quebró apenas al final, muy poco, pero suficiente para que Soren lo notara.

Cerró los ojos un instante. Detestaba sentirse así, débil, inestable, perdida.

—Kael lleva años esperando que el mundo lo traicione —continuó Soren con calma—. Cuando alguien vive demasiado tiempo bajo sospecha, aprende a desaparecer antes de soportar otro golpe.

La frase quedó suspendida entre ambos.

Tragó saliva lentamente. Porque entendía exactamente a qué se refería. Ella también había sentido aquello después de la suspensión. El miedo constante, las miradas, los titulares, la sensación de convertirse en una versión rota de sí misma frente al resto del mundo.

Pero Kael lo había soportado durante años. Completamente solo.

Bajó la mirada hacia el hielo.

—¿Y si no vuelve?

La pregunta salió apenas en un susurro.

Soren tardó unos segundos en responder.

—Volverá.

—¿Cómo estás tan seguro?

El entrenador observó la pista vacía antes de contestar.

—Porque nunca lo había visto quedarse por alguien tanto tiempo.

El comentario golpeó directo en el pecho.

Apartó la mirada inmediatamente.

El silencio regresó alrededor, pesado, lento, dolorosamente frío.

Soren volvió hacia la salida unos minutos después, dejándola nuevamente sola en medio del estadio. Permaneció inmóvil cerca del centro, observando las luces reflejarse sobre el hielo mientras intentaba ignorar la ansiedad creciendo dentro de ella.

No funcionó.

Tomó el teléfono desde la barrera y volvió a revisar los mensajes. Nada, ni una llamada, ni una señal.

Abrió automáticamente la conversación con Kael. La última línea seguía allí, sin respuesta.

"Necesito tiempo."

Aquello había sido antes de la discusión definitiva, antes del desastre, antes de que él desapareciera.

Bloqueó la pantalla con un movimiento lento y dejó escapar el aire temblorosamente.

Jamás imaginó que el silencio de Kael pudiera dolerle de aquella forma.

Comenzó a patinar otra vez, rápido, demasiado rápido, como si el movimiento pudiera distraerla del vacío que llevaba instalado bajo las costillas. Giro, impulso, transición.

El recuerdo apareció otra vez. La mano de Kael sosteniéndola durante los levantamientos, las noches entrenando, las discusiones, las miradas, el beso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.