La tormenta sobre Estocolmo continuaba cayendo con violencia. El cielo gris cubría la ciudad desde hacía días, como si incluso el invierno hubiera decidido acompañar el desastre que rodeaba a Kael Ardent. Las noticias seguían explotando en redes, programas deportivos y titulares internacionales. Cada hora aparecía un nuevo artículo hablando de fraude, manipulación de resultados y corrupción dentro del patinaje.
Y cada vez que los veía, sentía algo romperse lentamente dentro de ella.
La residencia deportiva permanecía extrañamente silenciosa aquella tarde. Muchos atletas habían salido hacia entrenamientos externos o entrevistas obligatorias, dejando los pasillos casi vacíos. Permanecía sentada cerca del ventanal de la cafetería principal con una taza de café enfriándose entre las manos y la mirada perdida sobre la nieve.
No había dormido bien. Otra vez. Desde la desaparición de Kael, el cansancio parecía haberse instalado bajo su piel de forma permanente.
Lyra apareció frente a ella con una expresión seria y un teléfono sujeto con fuerza entre los dedos.
—Por favor dime que vienes con buenas noticias.
Lyra no respondió enseguida. Y aquello bastó para tensarle el pecho inmediatamente. La ex patinadora tomó asiento frente a ella, dejando el celular sobre la mesa.
—Creo que encontré algo.
Se incorporó de inmediato.
—¿Qué tipo de "algo"?
—Algo importante.
El corazón comenzó a golpearle con una fuerza incómoda contra las costillas. Lyra deslizó el teléfono lentamente hacia ella.
—Mira esto.
Observó la pantalla. Era una conversación, correos electrónicos, mensajes internos de la federación, nombres, fechas, pagos. El estómago se le tensó de inmediato.
—¿Qué es esto?
—Anoche hablé con alguien que todavía trabaja dentro del circuito europeo. Una jueza retirada. Me dijo que ciertos resultados llevaban meses siendo manipulados.
Frunció el ceño.
—Eso no prueba nada sobre Kael.
—Espera.
Lyra abrió otro archivo. Había documentos escaneados, transferencias bancarias. Y un nombre repetido demasiadas veces.
Orion Hale.
Sintió un escalofrío recorrerle lentamente la espalda.
—¿Qué demonios es esto…?
—Orion estuvo pagando a personas dentro del circuito.
El silencio cayó inmediatamente entre ambas. Pesado, brutal. Volvió a mirar la pantalla intentando procesar lo que estaba viendo.
—Eso es imposible.
—Ojalá lo fuera.
Lyra continuó hablando con calma, aunque su voz también sonaba tensa.
—La jueza me contó que hubo presión durante la segunda competencia internacional. Cambios extraños en las puntuaciones técnicas, penalizaciones ridículas. Y alguien intentando dirigir toda la culpa hacia Kael desde el principio.
El aire pareció abandonar lentamente los pulmones.
Todos los recuerdos regresaron de golpe: las noticias, los titulares, las acusaciones, la investigación, la manera en que todo había escalado demasiado rápido, demasiado perfectamente. Como si alguien hubiera preparado cada movimiento con anticipación.
—¿Estás diciendo que todo esto fue planeado?
Lyra asintió despacio.
—Creo que alguien necesitaba destruirlo antes de que ustedes llegaran al campeonato mundial.
La frase dejó un vacío helado en medio del pecho. Apartó lentamente el teléfono. El ruido lejano de la cafetería parecía haberse apagado por completo alrededor de ellas. Porque una verdad comenzaba a abrirse paso de forma brutal.
Kael decía la verdad todo aquel tiempo. Y ella había dudado de él.
El sentimiento de culpa llegó tan fuerte que casi dolió físicamente. Cerró los ojos apenas un instante. Recordó la discusión, la expresión de Kael cuando ella cuestionó su inocencia, la decepción silenciosa en sus ojos. Y después… su desaparición.
—Dios… —murmuró apenas.
—Aurelia…
Apoyó ambas manos sobre la mesa intentando estabilizarse.
—Yo pensé… yo creí que quizá…
La voz se quebró antes de terminar la frase. Porque resultaba imposible decirlo en voz alta. Había traicionado exactamente a la única persona que permaneció a su lado cuando todo el mundo comenzó a atacarla.
—Te manipularon igual que al resto.
Negó lentamente.
—Pero él esperaba que yo confiara.
El silencio volvió, pesado, difícil de respirar. Lyra sostuvo su mirada unos segundos antes de hablar otra vez.
—Aurelia… Kael jamás desapareció porque estuviera enojado.
Levantó la vista lentamente.
—Entonces ¿por qué se fue?
—Porque estaba herido.
Aquello golpeó todavía peor. Apartó la mirada hacia el ventanal cubierto por la nieve. Por primera vez entendía completamente la magnitud del daño. Kael llevaba años sobreviviendo bajo rumores, acusaciones y titulares. Y aun así había elegido confiar en ella. Hasta que ella hizo exactamente lo mismo que el resto.
El teléfono de Lyra vibró sobre la mesa. Ambas reaccionaron inmediatamente. Lyra miró la pantalla. Luego frunció el ceño.
—Es Soren.
Respondió enseguida.
—¿Qué ocurre?
La voz grave del entrenador se escuchó incluso desde el otro lado. Tensa, urgente. Lyra levantó la vista hacia ella lentamente.
—¿Dónde?
Sintió el corazón acelerarse. Lyra escuchó unos segundos más antes de cortar. Silencio inmediato.
—¿Qué pasó? —preguntó poniéndose de pie.
Lyra también se levantó.
—Encontraron a Kael.
El mundo pareció detenerse. Sintió un vértigo inmediato recorrerle el cuerpo.
—¿Dónde está?
—En una pista privada al norte de la ciudad.
—¿Está bien?
Lyra sostuvo su mirada apenas un segundo demasiado largo.
—Soren dijo que casi se pelea con periodistas hace unas horas.
Cerró los ojos brevemente. Por supuesto. Incluso escondido, los medios seguían persiguiéndolo. El miedo apareció de inmediato, real, violento. Porque Kael llevaba días completamente solo mientras el mundo entero lo condenaba públicamente. Y ella había permitido que creyera que también estaba sola contra él.