La tormenta continuaba cubriendo Estocolmo bajo una capa interminable de nieve cuando llegó junto a Lyra a la pista privada del norte de la ciudad. El automóvil avanzó lentamente entre árboles oscuros y caminos casi invisibles bajo el hielo. A medida que se acercaban al edificio, el corazón golpeaba con una fuerza incómoda contra el pecho.
Ansiedad, culpa, miedo. Todo mezclado de forma insoportable.
Las luces tenues de la pista aparecieron finalmente entre la nieve. El lugar parecía abandonado desde afuera: silencioso, aislado y oculto del resto del mundo. Exactamente el tipo de sitio donde alguien como Kael buscaría refugio después de convertirse otra vez en objetivo de todos.
Lyra estacionó cerca de la entrada principal.
—Soren debería llegar en unos minutos —murmuró apagando el motor.
Ya estaba quitándose el cinturón. Necesitaba verlo, necesitaba explicarle, necesitaba arreglar algo que quizá ya estuviera completamente roto.
El aire helado golpeó su rostro apenas salió del vehículo. Caminó rápido hacia el edificio mientras la nieve seguía cayendo alrededor. Cada paso aumentaba la tensión creciendo bajo la piel.
Cuando abrió la puerta principal, el sonido de unas cuchillas raspando hielo atravesó inmediatamente el silencio.
Se detuvo.
Allí estaba.
Kael Ardent permanecía solo en mitad de la pista vacía, ejecutando una secuencia rápida de giros bajo luces blancas desgastadas. Su figura se movía con una precisión impecable, aunque algo en sus movimientos parecía distinto. Más duro, más frío, como si estuviera intentando destruir el cansancio mediante la velocidad.
Sintió el pecho cerrarse lentamente.
Durante unos segundos permaneció inmóvil observándolo.
Kael todavía no la había visto.
El sonido del hielo llenaba todo el estadio vacío mientras él continuaba patinando con una intensidad casi brutal. Giro, impulso, transición, salto. El aterrizaje resonó con violencia contra la pista.
Tragó saliva despacio. Porque nunca lo había visto entrenar de aquella forma, como alguien intentando escapar de sí mismo.
Kael finalmente levantó la mirada.
Y el instante en que sus ojos grises encontraron los de ella, el movimiento se detuvo por completo.
Silencio absoluto, frío, pesado.
Dio un paso lento hacia adelante.
—Kael…
Él apartó la mirada primero. Ese pequeño gesto dolió más de lo esperado.
Kael se deslizó hacia la barrera con una expresión agotada mientras tomaba una botella de agua cercana.
—¿Cómo me encontraste?
La voz salió baja, distante.
Sintió un nudo apretarle la garganta.
—Lyra descubrió algo.
Kael permaneció en silencio. Ni sorpresa, ni curiosidad. Como si estuviera demasiado cansado para esperar algo bueno.
Bajó lentamente hacia el hielo.
—Todo fue planeado.
Aquello consiguió que levantara la vista otra vez. Por primera vez apareció algo parecido a tensión real en su expresión.
Respiró profundamente antes de continuar.
—Las puntuaciones, las investigaciones, las filtraciones. Orion estuvo manipulando personas dentro de la federación.
Kael sostuvo su mirada durante varios segundos. Después soltó una risa breve, vacía.
—Claro.
La reacción la desconcertó.
—¿Ya lo sabías?
Él pasó una mano por su nuca lentamente.
—Lo sospechaba.
Sintió frustración inmediata.
—¿Y por qué demonios no dijiste nada?
Kael la observó con cansancio.
—Porque nadie habría creído mi versión.
La respuesta cayó entre ambos con una brutal honestidad.
Apartó la mirada apenas un segundo. Porque él tenía razón. Ella misma había dudado.
El silencio volvió a instalarse alrededor. El sonido lejano del viento golpeando el edificio parecía amplificarse en medio del estadio vacío.
Reunió fuerzas antes de hablar otra vez.
—Kael… yo cometí un error.
Él cerró la botella lentamente.
—Aurelia…
—Déjame terminar.
Su voz salió más temblorosa de lo que pretendía.
Kael guardó silencio.
Respiró hondo.
—Debí confiar en ti desde el principio. Y en lugar de eso hice exactamente lo que todos hicieron siempre contigo.
Los ojos grises permanecieron fijos en ella. Dolorosamente tranquilos.
—Vi las noticias, escuché rumores y dejé que el miedo hablara por mí.
Kael sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
—Tenías razones.
—No suficientes.
El silencio volvió.
Sentía el corazón golpeando demasiado rápido. Porque había llegado preparada para encontrar rabia, distancia, incluso indiferencia. Pero lo que veía en Kael era peor. Agotamiento, como si algo dentro de él finalmente hubiera terminado de romperse.
—Cuando desapareciste… pensé que quizá no volverías.
La confesión salió apenas en un susurro.
Kael apartó la vista hacia el hielo.
—Consideré esa opción.
El pecho se tensó inmediatamente.
Kael dejó escapar el aire lentamente.
—Estoy cansado, Vance.
Aquella frase contenía tanto desgaste que dolió escucharla.
Él comenzó a deslizarse despacio por la pista mientras hablaba.
—Años enteros intentando defenderme. Intentando demostrar algo que nadie quiere creer. Y cada vez termina igual.
Lo siguió lentamente.
—Esta vez será diferente.
Kael soltó una pequeña risa amarga.
—¿Por qué tú lo dices?
El comentario golpeó fuerte. Pero ella entendía perfectamente de dónde venía.
Reunió valor antes de acercarse un poco más.
—Lyra consiguió pruebas.
Kael se detuvo apenas.
Ella continuó hablando.
—Transferencias bancarias, correos internos, jueces comprados. Todo apunta a Orion.
Kael frunció ligeramente el ceño.
—Orion jamás habría logrado eso solo.
La frase quedó suspendida en el aire.
Y entonces algo encajó de golpe.
Un recuerdo, una entrevista, una sonrisa, comentarios venenosos disfrazados de elegancia.