Antes De Caer

Confrontación

La sala de reuniones de la federación deportiva olía a madera pulida, café frío y tensión contenida. Permanecía inmóvil frente a las puertas dobles, observando durante unos segundos el reflejo difuso de su figura sobre el cristal oscuro. El edificio entero parecía diseñado para intimidar: mármol impecable, corredores silenciosos, fotografías de campeones colgadas como trofeos de guerra.

Aquél lugar había decidido carreras. También había destruido varias.

Respiró despacio antes de entrar.

La reunión ya había comenzado.

Marek Volkov ocupaba la cabecera de la mesa con aquella serenidad peligrosa que siempre conseguía irritarla. A su derecha se encontraban dos representantes jurídicos de la federación; al fondo, varios miembros técnicos revisaban carpetas y pantallas electrónicas.

Soren estaba allí.

Lyra también.

Kael, en cambio, esperaba afuera junto al automóvil — habían decidido juntos que su presencia solo le daría a la federación un blanco fácil antes de tener todo listo. Pero incluso su ausencia física se sentía como una presencia: sabía exactamente por qué estaba peleando aquella batalla.

Marek levantó la vista apenas cruzó las puertas.

—Vance.

Cerró lentamente la carpeta que llevaba entre los brazos antes de avanzar hacia el asiento vacío frente a ellos.

—Volkov.

Nadie sonrió. Nadie fingió cordialidad.

Aquello ya había dejado de ser una investigación deportiva. Era una batalla.

Uno de los abogados acomodó varios documentos sobre la mesa.

—Gracias por asistir.

Sostuvo la mirada firme.

—No vine por cortesía.

Silencio breve, tenso.

Marek entrelazó los dedos.

—Entiendo que solicitaste esta reunión urgente porque afirmas tener información relevante sobre el caso Ardent.

—No afirmo. La tengo.

Lyra deslizó una memoria USB hacia el centro de la mesa.

Los representantes intercambiaron miradas rápidas.

Continuó antes de permitir interrupciones.

—Durante semanas utilizaron rumores, filtraciones manipuladas y puntuaciones alteradas para convertir a Kael en culpable antes de siquiera iniciar una investigación real.

Uno de los miembros técnicos frunció el ceño.

—Las acusaciones son graves.

—Igual que destruir la carrera de alguien inocente.

Marek permaneció observándola cuidadosamente, como si intentara medir cuánto sabía realmente.

Abrió la carpeta.

Fotografías, correos impresos, transferencias, registros de llamadas. Toda la verdad reunida durante los últimos días. Toda la evidencia descubierta gracias a Lyra.

—Seraphine Duvall mantuvo contacto directo con miembros externos relacionados con el sistema de puntuación internacional —dijo con voz firme—. Manipularon las evaluaciones técnicas para perjudicar resultados específicos.

Uno de los abogados intervino inmediatamente.

—Eso resulta imposible de demostrar.

Lyra soltó una risa fría.

—Entonces deberían mirar los archivos antes de hablar.

La memoria USB cambió de manos.

Uno de los técnicos comenzó la revisión frente a una computadora portátil.

El silencio posterior resultó espeso, incómodo.

Sintió el corazón golpeándole las costillas, aunque la expresión exterior permanecía intacta. Había aprendido hacía años cómo esconder el miedo, cómo permanecer firme incluso cuando todo amenazaba derrumbarse.

Marek observó la pantalla durante varios segundos antes de apoyar lentamente ambas manos sobre la mesa.

—¿Dónde consiguieron esto?

Lyra cruzó los brazos.

—Eso importa menos que el contenido.

Uno de los abogados volvió a intervenir.

—Aunque esta información fuese auténtica, todavía existirían dudas sobre la participación de Ardent.

Aquella frase terminó de romper la paciencia.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—¿Dudas? —repitió despacio—. Llevo meses entrenando junto a él. He visto cómo trabajan, cómo manipulan las narrativas y cómo convierten titulares en sentencias. Ustedes necesitaban un responsable conveniente… y Kael encajaba perfectamente.

Nadie respondió.

Continuó.

—Resultaba sencillo culpar a un hombre con historial polémico. Mucho más sencillo que admitir la corrupción dentro de la propia federación.

Antes de que nadie pudiera responder, decidió arriesgarse con la pregunta que llevaba meses guardando.

—Hace tiempo leí un informe disciplinario antiguo. Relacionado con Kael, de antes de conocerlo. Estaba firmado con unas iniciales: M.V.

El ambiente cambió de inmediato. Marek sostuvo su mirada sin parpadear.

—Ese informe nunca llevó mi firma —dijo finalmente, con una calma que sonaba más a cansancio que a defensa—. Alguien usó mis iniciales y mi cargo para darle peso oficial a una recomendación que yo jamás autoricé. Lo descubrí meses después, cuando ya era demasiado tarde para revertir el daño.

—¿Y no dijiste nada?

—Lo denuncié internamente. La federación decidió que hacerlo público habría dañado más la institución que corregirlo en silencio.

Sostuvo su mirada un instante más, buscando la mentira. No la encontró. Solo encontró a un hombre que también había aprendido a sobrevivir dentro del mismo sistema que ahora intentaban desmontar.

—Eso no te exime de responsabilidad —dijo finalmente.

—No pretendo que lo haga —respondió Marek—. Pero no fui yo quien firmó aquel informe. Fue alguien con acceso a mi despacho durante ese periodo. Alguien que en ese entonces trabajaba muy cerca de Seraphine Duvall.

El nombre cayó sobre la mesa como una pieza más encajando en su lugar.

El ambiente se volvió todavía más pesado.

Soren observaba en silencio absoluto desde la esquina de la sala.

Orgulloso.

Podía sentirlo.

Por primera vez desde el inicio de aquella pesadilla, estaba dejando de reaccionar ante el sistema. Comenzaba a enfrentarlo.

Uno de los representantes jurídicos acomodó los lentes.




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