Antes De Caer

Búsqueda

La nieve seguía cayendo sobre la ciudad cuando salió del edificio de la federación. El aire helado golpeó su rostro apenas cruzó las puertas principales, aunque aquella sensación apenas logró distraerla del caos que llevaba dentro. Los periodistas reunidos frente a la entrada comenzaron a moverse al verla aparecer. Cámaras levantándose, voces llamándola desde distintos ángulos, preguntas lanzadas con ansiedad voraz.

—¡Aurelia! ¿Es verdad que la investigación contra Ardent podría anularse?

—¿Qué pruebas presentaron?

—¿Kael Ardent sigue desaparecido?

Continuó caminando. Sin detenerse, sin regalarles una mirada.

Las luces de las cámaras estallaban alrededor mientras descendía las escalinatas cubiertas por la nieve reciente. Lyra avanzaba detrás intentando bloquear parte del asedio mediático, aunque resultaba imposible detener aquella tormenta.

—¡Aurelia!

Una voz alcanzó a distinguirse entre el ruido.

—¿Todavía confías en él?

La pregunta golpeó distinto. Porque ya no existía una respuesta sencilla.

Se detuvo apenas un segundo antes de girar el rostro hacia los periodistas.

La expresión permanecía serena, aunque el corazón seguía temblando.

—Nunca debí dejar de hacerlo.

El silencio cayó brevemente entre los reporteros. Suficiente para permitirle subir al automóvil que esperaba junto a la acera.

La puerta se cerró detrás de ella aislando parcialmente el ruido exterior.

Lyra entró segundos después.

—Eso va a estar en todos los titulares mañana.

Apoyó la cabeza contra el asiento.

—Que publiquen lo que quieran.

La ciudad comenzó a deslizarse detrás de las ventanillas empañadas mientras el conductor avanzaba por las avenidas cubiertas de nieve.

Durante algunos minutos ninguna habló.

Observaba las luces difusas reflejándose sobre el cristal, intentando controlar la ansiedad creciente dentro del pecho.

Kael seguía desaparecido. Y cada hora transcurrida volvía aquella ausencia todavía más insoportable.

Lyra terminó rompiendo el silencio.

—¿Adónde vas primero?

Cerró los ojos un instante. Pensando, recordando, intentando reconstruir cada conversación, cada detalle pequeño relacionado con él.

—Al lago.

Lyra giró lentamente hacia ella.

—¿El centro de entrenamiento antiguo?

Asintió.

Kael le había hablado una vez de aquel lugar. Muy poco, casi accidentalmente. Un sitio apartado al norte de la ciudad donde entrenaba durante la adolescencia antes de convertirse en el fenómeno mundial del patinaje.

"Cuando necesito desaparecer, voy donde todavía recuerdo quién era antes de todo esto."

Aquella frase seguía grabada dentro de la memoria. Y esperaba desesperadamente que fuera suficiente.

El trayecto duró casi una hora. La nieve aumentaba en intensidad conforme abandonaban el centro urbano y avanzaban hacia las carreteras rodeadas de bosques oscuros. El cielo parecía fundirse con la tierra bajo una tonalidad gris interminable.

Permanecía inmóvil observando el paisaje. Pero la mente seguía atrapada en otro lugar. En Kael, en la discusión, en aquellas palabras crueles pronunciadas durante la ruptura.

"No puedo confiar en ti."

Todavía dolían. Porque había visto la expresión de Kael cambiar justo después de escucharlas. Como si algo dentro de él finalmente hubiera terminado de romperse.

Cerró lentamente las manos sobre el regazo. Había pasado semanas intentando protegerse del miedo. Y terminó lastimando a la única persona que realmente había conseguido atravesar todas sus defensas.

El automóvil se detuvo finalmente frente a un edificio antiguo rodeado por árboles cubiertos de nieve.

El centro de entrenamiento permanecía prácticamente abandonado. Luces apagadas, ventanas oscuras, silencio absoluto.

Lyra observó la estructura con preocupación.

—¿Estás segura?

Abrió la puerta antes de responder.

El frío resultó brutal. Viento helado atravesando el abrigo mientras avanzaba sobre la nieve acumulada hacia la entrada principal. Sus pasos crujían en medio de la quietud inmensa del lugar.

Cada latido parecía demasiado fuerte. Cada pensamiento demasiado pesado.

Empujó la puerta lentamente.

El interior permanecía en penumbra. Viejas fotografías deportivas cubrían las paredes desgastadas y el aroma tenue a hielo antiguo seguía impregnando el aire. El lugar parecía detenido en el tiempo.

Avanzó despacio por el corredor principal. Escuchando, esperando.

Nada.

Hasta que llegó a la pista.

Las luces superiores estaban apagadas, aunque el reflejo azul proveniente del hielo permitía distinguir el espacio suficiente.

Y entonces lo vio.

Kael.

Sentado junto a la barrera del otro extremo de la pista, completamente inmóvil.

La respiración se detuvo durante un instante.

Allí estaba. Después de días enteros buscándolo entre rumores, llamadas ignoradas y miedo constante.

Kael levantó lentamente la mirada al escuchar los pasos acercándose.

La sorpresa cruzó la expresión apenas un segundo antes de desaparecer detrás del cansancio evidente.

Sintió la garganta cerrarse. Porque nunca lo había visto así. Agotado, vacío, como si hubiera peleado demasiadas batallas completamente solo.

Ninguno habló inmediatamente.

El silencio entre ambos resultaba inmenso. Lleno de heridas abiertas.

Kael terminó rompiéndolo primero.

—¿Cómo me encontraste?

Su voz salió baja, ronca.

Se acercó despacio hacia la barrera.

—Te escuché una vez.

Él soltó una pequeña risa amarga.

—Debí imaginarlo.

El silencio volvió a caer.

Observó la pista vacía frente a ambos antes de reunir el valor suficiente.

—Presentamos pruebas contra la federación.

Kael permaneció inmóvil.

—Lyra encontró transferencias, correos, manipulación en las puntuaciones. Están revisándolo todo.




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