Antes De Caer

Reencuentro

El antiguo centro de entrenamiento permanecía sumido en un silencio casi irreal. Afuera, la nieve continuaba descendiendo lentamente sobre el bosque oscuro que rodeaba el edificio. Dentro, el reflejo azulado del hielo iluminaba apenas las figuras inmóviles junto a la pista vacía.

Todavía sentía el calor tembloroso de los dedos de Kael rozando los suyos. Un contacto pequeño, y aun así capaz de derrumbar semanas enteras de distancia.

Ninguno parecía saber qué decir después de aquello. Porque ciertas heridas jamás desaparecen con una conversación, y ciertos sentimientos resultan demasiado grandes para esconderlos detrás del orgullo.

Kael retiró la mano lentamente, aunque la mirada permaneció fija sobre ella durante varios segundos. El cansancio seguía marcado en el rostro, pero había algo distinto bajo el agotamiento. Algo vulnerable, terriblemente real.

Sostuvo la respiración apenas un instante.

Había imaginado demasiadas veces aquel encuentro durante los últimos días. Versiones distintas, discusiones inevitables, frialdad, indiferencia. Jamás aquello. Jamás esa sensación extraña de seguir perteneciendo uno al otro incluso después de haberse roto.

Kael giró ligeramente el rostro hacia la pista.

—Deberías estar celebrando la victoria contra la federación —murmuró con ironía apagada—. No buscando al hombre que acaba de destruir su carrera.

Frunció apenas el ceño.

—Tú no destruiste nada.

Él soltó una risa breve, vacía.

—Claro.

Avanzó un paso.

—Lo digo en serio.

Kael permaneció inmóvil junto a la barrera antes de volver la mirada hacia ella.

—Aurelia… viste los titulares. Escuchaste las acusaciones. Todo el mundo creyó que era culpable.

—Yo también fui juzgada antes de que alguien escuchara la verdad.

La frase cayó entre ambos con un peso silencioso. Porque compartían exactamente la misma herida.

Respiró profundo antes de continuar.

—Y aun así debí confiar en ti.

Kael bajó la vista hacia el hielo durante unos segundos. Aquello parecía dolerle todavía, mucho.

—Cuando me miraste aquella noche… —dijo lentamente— creí que finalmente había encontrado a alguien capaz de verme distinto.

Sintió la garganta cerrarse.

Kael levantó otra vez la mirada.

—Después dudaste igual que todos.

La culpa atravesó el pecho con violencia. Porque tenía razón. Había dejado que el miedo hablara antes que el corazón. Y aquello casi terminaba destruyéndolos.

Reunió el valor suficiente para acercarse todavía un poco más.

—Pasé demasiado tiempo intentando sobrevivir sola. Cuando empezaste a importarme… me asusté.

Kael sostuvo la mirada fija sobre ella. Intensa, silenciosa.

—¿Y qué pasa contigo cuando algo te asusta?

Soltó el aire lentamente.

—Intento alejarlo antes de que pueda lastimarme.

Una expresión amarga cruzó el rostro de Kael.

—Funcionó perfectamente.

Aquellas palabras dolieron. Porque detrás de la ironía todavía existía la decepción real.

Observó unos segundos a aquel hombre frente a ella. Despeinado, agotado, emocionalmente roto… y aun así incapaz de dejar de mirarla como si siguiera buscando algo dentro de sus ojos. Algo que quizá todavía quería encontrar.

El silencio volvió a extenderse alrededor de la pista vacía. Esta vez diferente, más íntimo. Como si ambos estuvieran demasiado cansados para seguir escondiendo la verdad.

Kael terminó apoyándose contra la barrera mientras desviaba la mirada hacia el techo oscuro del estadio.

—¿Sabes qué fue peor durante estos días?

Permaneció quieta, esperando.

—No fueron los titulares. Ni la investigación. Ni siquiera pensar que podía perder el campeonato.

Su voz salió baja, rota.

—Fue acostumbrarme a la idea de que tú ya no estabas conmigo.

Aquella confesión terminó quebrando algo dentro de ella. Porque había sentido exactamente lo mismo. Las mañanas vacías, los entrenamientos silenciosos, la ausencia constante de alguien que se había vuelto parte de cada pensamiento.

Se acercó lentamente hasta quedar frente a él. Muy cerca.

—Nunca dejé de estar contigo —murmuró.

Kael soltó una pequeña risa triste.

—Entonces eres pésima demostrando apoyo.

Agachó la mirada apenas un instante antes de responder.

—Lo sé.

No intentó defenderse. No buscó excusas. Porque ninguna cambiaría el daño causado.

Kael observó la expresión sincera durante varios segundos. Y algo dentro de él pareció suavizarse apenas. Muy poco, pero suficiente.

—Lyra dijo que enfrentaste a la federación completa.

Levantó la vista otra vez.

—Alguien tenía que hacerlo.

—Podrías haber protegido tu carrera manteniéndote lejos.

—No quería proteger la carrera.

Kael frunció ligeramente el ceño.

—Entonces ¿qué querías?

Sostuvo la mirada fija sobre él mientras el corazón golpeaba demasiado fuerte.

—Encontrarte.

Aquella palabra quedó suspendida entre ambos. Pequeña, peligrosamente honesta.

Kael desvió el rostro apenas un segundo, como si escuchar aquello removiera demasiado dentro del pecho. Después volvió a acercarse lentamente.

Contuvo la respiración.

La distancia entre ambos desaparecía otra vez. Y esta vez ninguno parecía dispuesto a escapar.

—No debería seguir importándome tanto verte aquí —murmuró él.

Sintió un temblor recorrerle el cuerpo entero.

—Entonces tenemos el mismo problema.

Una sonrisa mínima apareció finalmente sobre los labios de Kael. La primera auténtica en demasiado tiempo. Y verla así hizo doler todavía más todo lo que habían perdido durante las últimas semanas.

Kael levantó la mano lentamente. Rozó el mechón suelto junto al rostro de ella con una delicadeza inesperada. El gesto resultó pequeño, casi insignificante. Pero bastó para desarmarla completamente. Porque aquel hombre seguía tocándola como si tuviera miedo de romperla incluso después de todo.




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