Antes De Caer

El mundo observa

El campeonato mundial transformaba Tokio en un escenario imposible de ignorar. Pantallas gigantes cubrían edificios enteros con imágenes promocionales, periodistas deportivos ocupaban cada rincón del complejo olímpico y miles de espectadores avanzaban hacia la arena principal envueltos en banderas, cámaras y expectativas desbordadas.

Contempló aquel caos desde el ventanal del vehículo oficial mientras la respiración permanecía peligrosamente contenida. Había esperado ese momento durante años. Y aun así, jamás imaginó regresar bajo circunstancias semejantes.

Los titulares recientes seguían apareciendo en cada pantalla digital cercana.

"El regreso imposible."

"Vance y Ardent: caída, escándalo y redención."

"¿Pueden convertirse en campeones después del desastre?"

Aquellas frases parecían perseguirlos desde el aterrizaje.

Kael permanecía sentado junto a ella, observando la ciudad iluminada con una expresión tranquila. Demasiado tranquila. Aquello siempre inquietaba. Porque sabía reconocer la tensión escondida detrás de la actitud relajada. Conocía la forma exacta en que él ocultaba los nervios bajo la ironía elegante y las miradas indiferentes.

El automóvil redujo la velocidad frente a la entrada privada del estadio. Decenas de fotógrafos aguardaban detrás de las barreras metálicas. Las cámaras comenzaron a dispararse incluso antes de que descendieran.

Destellos blancos iluminaron las ventanas. Ruido, voces, preguntas lanzadas desde todas las direcciones.

Cerró los ojos apenas un segundo antes de abrir la puerta. El frío nocturno golpeó inmediatamente su piel.

Kael descendió detrás de ella. Entonces ocurrió aquello que llevaba semanas intentando evitar. El mundo entero volvió la mirada hacia ellos.

Cada movimiento recibió atención inmediata: los pasos, los gestos, la distancia mínima que mantenían entre ambos.

—¡Aurelia! ¿Cómo enfrentan la presión después del escándalo?

—¡Kael! ¿Temen parcialidad durante las puntuaciones?

—¿Siguen juntos fuera de la pista?

Mantuvo la expresión firme mientras avanzaban hacia la entrada principal acompañados por la seguridad del campeonato. Aunque el corazón golpeaba violentamente dentro del pecho.

Kael caminaba junto a ella con una calma peligrosa, ignorando las cámaras como si el ruido alrededor perteneciera a otro universo. Sin embargo, cuando un fotógrafo demasiado insistente invadió su espacio personal, él colocó la mano firme sobre su espalda guiándola inmediatamente hacia el interior del estadio.

Protección automática, natural.

Sintió un calor inesperado atravesándole el cuerpo completo debido al gesto sencillo. Ni siquiera giró hacia él. Pero supo perfectamente que Kael acababa de notar el temblor breve en su respiración.

El corredor principal conducía directamente hacia la zona reservada para los atletas. Allí el ambiente cambiaba ligeramente. Persistía la tensión, aunque convertida en algo distinto. Competencia pura.

Patinadores provenientes de distintos países avanzaban alrededor vistiendo chaquetas nacionales mientras los entrenadores revisaban horarios y coreografías con ansiedad visible.

Percibió varias miradas clavándose sobre ellos apenas aparecieron. Algunas curiosas, otras claramente hostiles.

Seraphine Duvall permanecía cerca de la zona técnica acompañada por la delegación francesa. Sus ojos se encontraron con los de ella inmediatamente desde el extremo opuesto del pasillo.

Sonrisa elegante, helada. Como si todavía creyera conservar el control sobre la historia.

Kael notó la tensión inmediata atravesando su postura.

—Ignórala —murmuró cerca de su oído.

Aquella cercanía alteró el ritmo de su respiración durante un segundo absurdo.

—Intento hacerlo.

Kael observó fugazmente hacia Seraphine antes de continuar caminando.

—Buena señal.

—¿Por qué?

Él sonrió apenas.

—Porque antes habrías querido atravesar la pared usando las cuchillas.

Soltó una pequeña risa involuntaria. Kael siempre encontraba la forma extraña de aliviar la presión instalada alrededor. Incluso dentro del caos absoluto.

Llegaron finalmente hacia el vestuario asignado para el equipo internacional. Apenas la puerta se cerró detrás de ellos, el ruido exterior quedó parcialmente amortiguado.

Silencio relativo.

Dejó el bolso sobre el banco cercano y respiró profundamente.

Kael permaneció observándola unos segundos.

—Estás tensa.

Levantó la mirada inmediatamente.

—Todo el planeta parece observarnos.

—Eso significa que estamos haciendo algo bien.

Negó ligeramente con la cabeza.

—O esperan vernos caer otra vez.

Kael avanzó despacio hasta detenerse frente a ella. Demasiado cerca. Aquella costumbre comenzaba a resultar peligrosamente natural entre ambos.

—Entonces tendrán una mala noche —murmuró.

La seguridad instalada dentro de su voz grave provocó un estremecimiento inmediato recorriéndole la espalda.

Kael sostuvo su mirada largamente. Como si quisiera asegurarse de algo antes de que la competición comenzara.

—Confía en mí.

La frase quedó suspendida entre ambos.

Meses atrás aquellas palabras habrían provocado resistencia inmediata. Miedo, distancia. Pero después de todo lo vivido, comprendía finalmente cuánto había cambiado.

Lo observó durante unos segundos antes de responder.

—Lo hago.

Kael permaneció inmóvil. Sorprendido, aunque únicamente durante un instante mínimo.

Después sonrió lentamente. Aquella expresión transformó el ambiente completo alrededor. Cálida, real.

Sintió el pecho apretarse otra vez. Porque resultaba aterrador cuánto efecto seguía teniendo sobre ella.

Las horas posteriores avanzaron entre la preparación técnica, ensayos cortos y reuniones obligatorias con la federación internacional. Cuanto más se acercaba el momento oficial, mayor se volvía la tensión instalada dentro del estadio olímpico.




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