Antes De Caer

Rutina perfecta

El estadio olímpico parecía contener la respiración. Miles de personas ocupaban cada grada bajo una bóveda de luces blancas que caían sobre la pista con una intensidad casi irreal, mientras las pantallas gigantes proyectaban nombres, banderas, estadísticas, repeticiones técnicas. El murmullo constante del público vibraba alrededor como una corriente eléctrica difícil de ignorar.

Aun así, cuando las cuchillas tocaron el hielo, todo comenzó a desdibujarse.

El ruido, las cámaras, las expectativas. Nada importaba realmente. Porque frente a ella estaba Kael, y durante un segundo diminuto —suficiente para alterar el ritmo entero de un corazón— recordó cada instante que los había llevado hasta allí. Las discusiones, las caídas, las dudas, la distancia. Luego aquel reencuentro que había devuelto algo que creyó perdido: la confianza.

Kael sostuvo la mirada unos instantes mientras permanecían junto a la entrada principal de la pista. Vestía un negro absoluto, elegante, impecable, con detalles plateados atravesando las mangas y los hombros como pequeñas grietas luminosas bajo los reflectores. El vestido azul oscuro cubierto por cristales discretos parecía fragmentos de hielo atrapados sobre la tela.

Soren observaba desde el borde externo con una expresión grave, concentrada, pero había orgullo escondido detrás de aquella rigidez habitual.

—Respiren —murmuró.

Kael soltó el aire lentamente. Cerró los ojos apenas un instante.

Respirar. Eso parecía sencillo, hasta que un campeonato mundial entero dependía de cuatro minutos sobre el hielo.

La música comenzó. Un piano suave, lento, hermoso. Y entonces todo desapareció.

Avanzó primero con un deslizamiento limpio, preciso. Kael apareció detrás segundos después, sincronizando el movimiento con una naturalidad casi imposible. Sus cuchillas cortaban la superficie helada siguiendo el ritmo exacto de la melodía: cruce, giro, cambio de dirección. El público quedó completamente silencioso. Aquella reacción resultó inmediata, porque desde los primeros segundos la rutina transmitía algo diferente.

Conexión.

Sintió la mano de Kael sobre la espalda durante la transición inicial, un contacto firme, seguro, familiar. El cuerpo respondió automáticamente. Ya no existía esfuerzo consciente entre ambos; el movimiento nacía antes incluso de pensarlo.

La primera secuencia técnica llegó rápido, una serie de pasos complejos ejecutados a una velocidad peligrosa. Kael giró junto a ella, el hombro rozando apenas el brazo femenino mientras avanzaban diagonalmente por la pista. Cada cambio de filo encajaba con una precisión milimétrica. Una respiración compartida, un impulso exacto, ningún error.

Las pantallas laterales comenzaron a mostrar las expresiones concentradas de los jueces internacionales. Nadie apartaba la mirada.

Escuchó apenas el sonido de las cuchillas atravesando el hielo mientras ingresaban al primer giro sincronizado. Perfecto. Velocidad impecable, centro estable. Kael sostuvo el eje con una precisión brutal mientras giraba junto a él como si la gravedad hubiese dejado de existir alrededor de ambos.

La música creció. Violines, piano, una percusión profunda latiendo bajo la melodía.

Entonces llegó el primer levantamiento.

Kael sujetó la cintura con una firmeza absoluta. Un segundo después, estaba elevándose sobre el aire frío del estadio. El público reaccionó inmediatamente con exclamaciones ahogadas y aplausos aislados, pero apenas escuchó nada. Porque desde aquella altura veía el rostro de Kael debajo suyo, concentrado, seguro, confiando completamente en ella.

Descendió con una elegancia impecable. Aterrizaje limpio, ninguna vibración, ninguna duda. Kael tomó la mano apenas las cuchillas volvieron a tocar la superficie helada, y continuaron moviéndose.

Cada transición fluía con una naturalidad hipnótica. Aquello ya no parecía una coreografía aprendida; parecía una conversación íntima, profunda, peligrosamente real. Soren observaba desde el borde externo con la mandíbula rígida. Incluso él parecía comprenderlo. Habían dejado atrás la técnica; estaban contando algo, y el público entero podía sentirlo.

La segunda mitad comenzó con un incremento brutal de la dificultad. La velocidad aumentó, los cambios de dirección ocurrieron casi instantáneamente. Kael impulsó el cuerpo hacia adelante mientras cruzaba frente suyo ejecutando una secuencia compleja de pasos enlazados. Cada cuchilla rozaba el hielo con una precisión feroz. El estadio permanecía completamente atrapado dentro de la rutina, ni un murmullo, ni un movimiento innecesario.

Sintió el corazón golpeando el pecho mientras se preparaban para el salto lanzado. Aquel elemento había causado problemas semanas atrás: caídas, golpes, frustración, miedo. Kael sostuvo la mirada apenas un segundo.

Suficiente.

Confía.

Tomó impulso. El mundo pareció detenerse. Entonces saltó. Rotación perfecta. Una, dos, tres. Aterrizaje limpio. El estadio explotó en aplausos. Kael sonrió apenas mientras retomaban la secuencia, y aquella pequeña sonrisa casi desarmó la concentración. Porque conocía perfectamente el significado detrás del gesto.

Orgullo. No arrogancia, no provocación. Orgullo genuino.

La música descendió nuevamente hacia un tramo lento y emocional. El movimiento perdió la agresividad técnica para transformarse en algo mucho más íntimo. Kael deslizó la mano por el brazo guiándola hacia el giro central. Levantó el rostro.

Demasiado cerca. Otra vez. Siempre demasiado cerca.

Pero aquella cercanía había dejado de asustarla, porque finalmente entendía algo importante. Nunca había caído por culpa de Kael, jamás. Al contrario, él había sido la única persona capaz de sostenerla incluso cuando ella misma comenzó a derrumbarse.

El pensamiento atravesó el pecho con una fuerza inesperada. Kael percibió el cambio inmediato en la expresión. Sus ojos grises permanecieron fijos sobre ella mientras continuaban girando lentamente bajo las luces blancas del estadio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.