Antes De Caer

El salto final

El estadio permanecía de pie. Aplausos interminables descendían desde cada grada mientras las luces blancas recorrían la arena olímpica como destellos líquidos. Las pantallas gigantes repetían fragmentos de la rutina recién ejecutada: giros imposibles, elevaciones precisas, aterrizajes limpios que habían dejado a los jueces observando con atención absoluta.

Respiraba con dificultad. Pulso acelerado, manos frías. Kael seguía junto a ella en el centro de la pista, sosteniendo los dedos con una firmeza tranquila, aunque la respiración masculina también revelaba tensión contenida.

Habían entregado todo. Cada hora, cada caída, cada discusión. Todo había terminado condensado dentro de cuatro minutos perfectos. Pero el campeonato mundial todavía aguardaba el resultado definitivo, y aquello convertía cada segundo posterior en una tortura silenciosa.

La pantalla principal comenzó a iluminarse lentamente. Puntuaciones técnicas, componentes artísticos, penalizaciones. El estadio entero guardó silencio inmediato. Levantó la mirada hacia el marcador gigantesco sintiendo una presión brutal dentro del pecho. Durante años había perseguido aquel instante. Había imaginado la victoria tantas veces que terminó olvidando cuánto podía doler esperar.

Kael deslizó el pulgar sobre los nudillos apenas perceptiblemente. Un gesto pequeño, pero suficiente para mantenerla anclada.

Las cifras aparecieron. El público reaccionó con una mezcla explosiva de gritos y aplausos. Puntuación altísima, la mayor obtenida durante el campeonato. Cerró los ojos un instante. No alivio, todavía no. Porque aún faltaba la presentación final, la última dupla sobre el hielo: Seraphine Duvall y Orion Hale.

El silencio regresó lentamente mientras los nombres aparecían sobre las pantallas. Kael soltó el aire despacio.

—Esto acaba de ponerse desagradable.

Desvió la atención hacia la entrada principal de la pista. Seraphine esperaba junto a la barrera con un vestido plateado cubierto por cristales brillantes. Elegante, fría, perfectamente compuesta. Orion permanecía a su lado con la expresión arrogante intacta. Pero cuando la mirada masculina encontró a Kael, algo oscuro atravesó su rostro apenas durante un segundo.

Desafío.

Kael sostuvo la observación con una calma peligrosa. Percibió la tensión inmediata.

—Ignóralo —murmuró.

Kael sonrió apenas.

—Intentaré parecer civilizado.

La música comenzó. Seraphine y Orion ingresaron a la pista bajo una ovación intensa. Eran los favoritos desde el inicio de la temporada, campeones constantes, una imagen impecable creada cuidadosamente frente a los medios internacionales. La rutina arrancó con precisión brutal, velocidad agresiva, técnica impecable. Cada movimiento parecía calculado para impresionar a los jueces.

Observó atentamente desde el borde externo mientras la respiración permanecía contenida. Kael cruzó los brazos cerca suyo, silencioso, concentrado. Aquello dejó de tratarse únicamente de una competencia. Era guerra, y todos dentro del estadio podían sentirlo.

Seraphine ejecutó el primer salto lanzado perfectamente. Orion sostuvo la elevación compleja con estabilidad admirable. El público respondió inmediatamente. Mantuvo la expresión inmóvil, pero conocía el deporte demasiado bien. Había pequeñas diferencias, detalles mínimos, una conexión distinta. La rutina rival resultaba técnicamente brillante, aunque carecía de algo imposible de fabricar: la verdad.

Kael parecía pensar exactamente lo mismo.

—Demasiado limpio —murmuró.

Giró apenas hacia él.

—¿Eso te molesta?

—Me preocupa.

Entendió inmediatamente. El patinaje artístico jamás dependía únicamente de la perfección técnica. También exigía emoción, riesgo, humanidad. Y ellos habían entregado precisamente eso.

La música alcanzó el tramo final. Último minuto, última secuencia. Orion tomó impulso para el salto definitivo mientras Seraphine giraba alrededor suyo siguiendo una transición compleja. Entonces ocurrió. Una pequeña irregularidad, mínima, casi invisible. Orion aterrizó ligeramente descentrado, apenas una vibración, pero suficiente.

Kael tensó la mandíbula inmediatamente. También lo vio. Un error, pequeño, aunque real. La rutina terminó segundos después bajo una ovación atronadora. Seraphine levantó el mentón elegantemente mientras saludaban al público con seguridad absoluta, demasiada.

Sintió la inquietud creciendo lentamente dentro del pecho. Las pantallas comenzaron el procesamiento final. Un silencio insoportable descendió nuevamente sobre el estadio. Kael apoyó los antebrazos contra la barrera.

—Todo depende de décimas.

Observó el marcador iluminándose lentamente. Primera cifra, segunda, componentes artísticos. La diferencia permanecía peligrosamente cerrada. El estadio entero parecía contener la respiración. Soren apareció junto a ellos con el rostro rígido. Nadie hablaba, nadie se movía.

Entonces apareció la puntuación definitiva, y la arena olímpica explotó.

Un empate técnico.

Parpadeó confundida. Las pantallas comenzaron a recalcular automáticamente los criterios secundarios para el desempate. Kael soltó una risa incrédula.

—Claro. Tenía que terminar así.

Sentía el corazón golpeando brutalmente contra las costillas. Milésimas. Literalmente milésimas decidirían el campeonato mundial. Las cámaras comenzaron a acercarse inmediatamente hacia ambos equipos. Reporteros se agolpaban alrededor de los bordes externos mientras los comentaristas hablaban frenéticamente desde las cabinas superiores.

Seraphine permanecía inmóvil, demasiado tranquila. Orion sostenía la sonrisa arrogante que conocía perfectamente. Kael observó la escena con atención fría, luego murmuró apenas:

—Algo está mal.

Giró hacia él.

—¿Qué quieres decir?

Kael sostuvo la mirada fija sobre el marcador.

—Ese aterrizaje tenía penalización suficiente.




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