Te vas a ir,
y yo no sé muy bien qué sentir,
si por un lado quiero que seas feliz
aunque no sea junto a mí,
pero mi lado egoísta quisiera que te quedaras aquí,
para darte los besos que nunca te di,
y las cartas que escribí solo para ti
Y es que, por más que lo pienso
aún me parece mentira
que hayas llegado a mi vida
justo cuando para nosotros no había tiempo
pues tú ya tenías tu vida decidida ,
un futuro en el que te ibas
Y sé que quizás saber esto debería de ser una cadena
Un freno de mano que me diga ,
"detente si no quieres salir herida"
Pero ¿Cómo me detengo
si tus ojos ya me hipnotizaron
y el tono de tu voz en mi corazón
ya ha quedado grabado ?
Dime ya ¿Cómo convenzo a mi corazón
de renunciar antes de empezar,
si bastó una sonrisa tuya
para enseñarle de nuevo a soñar?
Y es que se que debo de sonar ridícula
por escribir otro poema que no leerás,
pero es la única manera que tengo de procesar
que ,en poco tiempo, tú te vas.
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Hay despedidas que ocurren mucho antes de que alguien haga las maletas.
Este poema nació del momento en que comprendí que el tiempo no siempre está de nuestro lado. A veces conoces a una persona justo cuando su camino ya apunta hacia otro lugar, y, aunque quieras convencer a tu corazón de detenerse, hay sentimientos que simplemente no obedecen.
Escribí este poema porque hay emociones que no encuentran lugar en una conversación, pero sí entre versos, y aunque probablemente nunca llegue a las manos de la persona que lo inspiró, necesitaba dejar constancia de que, por un instante, alguien volvió a enseñarme que mi corazón todavía era capaz de ilusionarse, incluso cuando el tiempo parecía estar en mi contra.