Antes De Odiarnos

11: LA CHICA

SKYLER

Bajo cuando siento hambre.

Lo primero que veo es a Juliette en el sofá con esa guitarra. Mi corazón se detiene de la misma manera que se detuvo cuando la volví a ver en la oficina. No puedo creer que todavía exista.

Juliette eleva la mirada y me observa sin ninguna expresión en específico. Trago saliva con dificultad porque, en esta luz, con la manera que le cae el cabello parece la chica de mi pasado, la que ya no existe.

—No vine a molestar, vengo a buscar comida —levanto las manos.

Asiente y retira la mirada de mí, toca las cuerdas por unos segundos, luego se detiene y empieza otra vez. Parece que está en medio de un proceso creativo.

Voy al refrigerador y tomo algunos ingredientes para prepárame algo rápido. Al menos nos dan de comer y por lo que veo, son de esos alimentos orgánicos y todo eso.

Luego de decidir en qué prepararme, opto por unos burritos caseros y pepino. Me muevo por la cocina, cortando, picando y condimentando todo lo que necesito, mientras tanto al fondo escucho las notas de Juliette y pienso en lo raro que es este momento.

No estamos peleando.

Tiro de mi camiseta por el calor. Dejo la carne en el sartén por un momento y me muevo al refrigerador para sacar una soda, cuando cierro la puerta y me veo en el reflejo de la puerta que asimila un espejo tengo un pensamiento.

Intento alejarlo pero sigue ahí, atormentándome.

Respiro profundo y continuo con la carne hasta que ya no puedo seguir apagando la voz en mi cabeza y me obligo a moverme hacia la sala donde Juliette está.

No me ha notado, sigue concentrada en la libreta sobre la mesa y la guitarra entre sus brazos. Sé que si no le hablo, ella podría seguir ahí por horas. Sé que ella es así, vive con la música y no de la música, aunque tal vez ya no es así.

Carraspeo para llamar su atención. Juliette eleva la mirada y eleva una ceja.

Fuerzo las palabras para que salgan. — ¿Tú ya comiste algo?

Ahora entorna los ojos. — ¿Qué?

Las palabras se atoran un momento en mi garganta. —Que si ya comiste, ¿Tienes hambre? Creo que hice suficiente para ambos.

Arruga la nariz. — ¿La envenenaste?

¿Por qué luces tanto como la chica que conocía? ¿Por qué ya no lo eres?

—No, pero no importa si no quieres —me doy la vuelta.

—Está bien —responde elevando la voz—. Digo, a menos que sea una trampa. Tal vez le has puesto arañas o cucarachas, no sé.

Le doy una mirada por encima del hombro. —No hice eso.

Juliette se acerca y yo me doy la vuelta para verla de frente. — ¿Qué preparaste?

Me encojo de hombros. —Burritos. Bueno, eso estoy haciendo ahora, no son como los de los restaurantes y no será la comida más elegante que hayas probado pero no soy mal cocinero.

Sigue con el rostro serio. —Está bien.

Frunzo el ceño. ¿Está bien? ¿No está peleando conmigo? — ¿Eso es todo? ¿No me insultaras?

Bufa. — ¿Quieres que lo haga?

—No, ¿Sí? ¿Tal vez? —recuerdo la carne y me apresuro para ir a la estufa y moverla antes que se queme.

Juliette entra y mira hacia el exterior. —Um, voy a comer allá afuera.

—Yo iba a hacer eso —es mentira.

—Hay dos sillas, ¿no? — ¿está proponiendo que nos sentemos juntos?

Nuevo a juntar las cejas. Ella está actuando raro, no es amable pero no está buscando pelear conmigo. No sé qué hacer, estaba acostumbrándome a estar a la defensiva con ella.

— ¿Por qué no estás pelando conmigo? —quizás Sandy la regañó, no sé qué tanto influya en su vida.

Juliette suspira y se recuesta en la encimera. — ¿Por qué ahora quieres pelear?

Me encojo de hombros, sacando unos platos para preparar los burritos. —Porque si no estamos peleando, ¿Qué más podemos hacer?

Chasquea la lengua. —No creas que me agradas, aun te odio pero Sandy quiere que nos llevemos… bien. No es posible pero al menos, podemos intentar no pelear tanto, ¿no?

La observo como si estuviera frente a una criatura mágica y desconocida. — ¿Estás enferma? ¿Te sientes bien?

Rueda los ojos. — ¿Ves que eres tu quien empieza las peleas?

Niego. —No, eres tú pero es raro que pasaste de ser una loca inmadura a alguien… civilizada.

— ¿Loca inmadura? —Eleva la voz—. Tú eres un bobo con cerebro del tamaño de una pasa.

Presiono los labios juntos para evitar sonreír. Ese insulto es tan tonto, tan infantil pero tan… ella.

Y ahora quiero golpearme repetidamente contra la mesa por tener un pensamiento no negativo sobre ella. Me fastidia Juliette, no debería sonreír por ella.

—No tenemos que comer juntos —digo, con un tono más serio.

Resopla. — ¿Crees que quiero comer contigo?

Luego de terminar todo y servirlos en platos blancos, le doy uno a ella. Juliette parece más callada que el primer día y bueno, ayer solo me ignoró.

Hubo un tiempo donde yo sabía qué estaba pensando, era casi como si pudiera leer su mente pero ahora aunque lo intente, es imposible. La realidad es que Juliette ha cambiado completamente y dudo que la persona que conocí y esta sean la misma.

—Ten —le extiendo la comida.

La toma con ambas manos. —Um…

Frunzo el ceño. — ¿No sabes decir gracias?

Suspira y me mira cansada. — ¿Por qué quieres pelear conmigo?

Suelto una carcajada. — ¿Yo? ¿Acaso no eres tú la que pelea todo el tiempo?

Entorna los ojos y niega. —No estoy de humor, déjame en paz.

Juliette se mueve a la parte de atrás, en el pórtico, sentándose en una de las sillas con vista hacia el océano. Yo sigo observándola y no puedo evitar pensar en que realmente está actuando diferente.

La observo por un momento aunque no estoy seguro si es como en esos casos cuando ves al océano y te pierdes en el movimiento sincronizado de las olas. Puede que hayan sido segundos o minutos.

Veamos, realmente me desagrada Juliette y sobre todo al ver que su actitud solo ha empeorado. A pesar de todo lo que he vivido, aun en mi interior sé que tengo rencor por lo que sucedió hace varios años. Tampoco me agrada esa personalidad de superioridad que tiene pero al mismo tiempo, muy al fondo de mí, existe algo que temía rencontrar cuando la viera de nuevo.




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