Antes de saber amar

La idea equivocada

La luz del sol entraba por las ventanas del pasillo principal de la universidad, creando patrones geométricos sobre el piso pulido. El campus estaba lleno de movimiento: estudiantes caminando de un lado a otro con mochilas pesadas, grupos reunidos en las bancas comparando horarios, el murmullo constante de conversaciones mezclándose con el sonido de pasos apresurados.

Era el primer día del nuevo semestre.

Azael caminaba al lado de Matías, quien prácticamente rebotaba con cada paso, revisando su teléfono cada dos segundos con una sonrisa que no había dejado su cara desde que salieron del apartamento.

—No puedo creer que finalmente tengamos la clase de Estrategia Empresarial con el profesor Ramírez —decía Matías por tercera vez en los últimos diez minutos—. ¿Sabes lo difícil que es entrar a su clase? La gente se pelea por un lugar.

—Mmm —respondió Azael, medio escuchando.

—Y escuché que sus proyectos finales son increíbles. Como que realmente te preparan para el mundo real, no solo teoría aburrida —continuó Matías, sin notar —o ignorando deliberadamente— la falta de entusiasmo de su amigo—. Además, dicen que tiene conexiones con empresas grandes. Tipo, si haces un buen trabajo, te puede dar referencias.

—Suena bien —murmuró Azael.

Matías finalmente se detuvo, girándose para mirarlo directamente.

—Okay, hermano. ¿Vas a estar así todo el semestre?

Azael parpadeó, sacado de sus pensamientos.

—¿Así cómo?

—Así como zombie —replicó Matías—. Como si estuvieras aquí físicamente pero tu cerebro estuviera en otro lado.

Azael suspiró, pasándose una mano por el cabello. No había dormido bien. De hecho, no había dormido bien desde la fiesta hace tres días. Cada vez que cerraba los ojos, veía la misma imagen: Brielle alejándose, su vestido crema desapareciendo entre las puertas de vidrio, esa sonrisa falsa que usaba cuando estaba rota por dentro.

La había buscado. Por supuesto que la había buscado.

Había entrado corriendo a la casa, abriéndose paso entre la multitud de gente que bailaba y conversaba. Había revisado la sala, la cocina, incluso había subido las escaleras para buscar en los cuartos que no estaban cerrados con llave.

Nada.

Amanda le había dicho que Brielle se había ido. Que había pedido un Uber y se había marchado sin despedirse de nadie.

Y desde entonces, Azael había tratado de contactarla. Tres mensajes de texto que quedaron en "leído" sin respuesta. Una llamada que fue directo al buzón de voz. Un intento de buscarla en el campus el viernes, solo para descubrir que no había ido ese día.

Era como si hubiera desaparecido.

O, más probablemente, como si lo estuviera evitando.

—Estoy aquí —dijo finalmente, intentando sonar más presente de lo que se sentía—. Solo... no dormí bien.

Matías lo estudió por un momento, y su expresión se suavizó.

—¿Sigues pensando en la fiesta?

Azael no necesitaba responder. Su silencio era suficiente.

—Hermano —dijo Matías, bajando la voz aunque el pasillo estaba lleno de gente—. Ya pasó. No puedes seguir torturándote.

—Estaba tan cerca —murmuró Azael—. Tan cerca de poder explicarle. Y lo arruiné.

—Sofía lo arruinó —corrigió Matías—. Sin querer, pero lo hizo. Tú no tenías idea de que iba a aparecer justo en ese momento.

—No importa —Azael negó con la cabeza—. El resultado es el mismo. Brielle piensa que estoy con alguien más. Y ahora no me responde.

Matías puso una mano en su hombro.

—Dale tiempo. Tal vez solo necesita procesar. Verlos juntos después de cinco meses... no debió ser fácil para ella tampoco.

Azael quería creer eso. Quería creer que Brielle había sentido algo, que le había importado verlo con otra persona. Pero también era posible que simplemente le hubiera dado igual y solo había querido evitar una situación incómoda.

No tenía forma de saberlo.

—Además —continuó Matías, su tono volviéndose más animado en un intento obvio de cambiar el tema—, hoy es un nuevo comienzo. Nuevas clases, nuevas oportunidades. ¿Quién sabe? Tal vez este semestre sea exactamente lo que necesitas.

—¿Para olvidarla? —preguntó Azael con algo de amargura.

—Para seguir adelante —corrigió Matías gentilmente—. Que no es lo mismo.

Azael no respondió, pero sintió algo apretarse en su pecho. Seguir adelante. La gente lo decía como si fuera fácil. Como si simplemente pudieras decidir dejar de sentir algo y tu corazón obedeciera.

Siguieron caminando, y el pasillo se fue volviendo más familiar conforme se acercaban a su primer salón del día. Azael podía ver a otros estudiantes que reconocía de semestres anteriores, algunos saludaban con la mano, otros solo asentían en reconocimiento.

—Oye —dijo Matías de repente, deteniéndose frente a uno de los tableros de anuncios—. Mira esto.

Azael se acercó. Era un póster sobre un evento de networking que la universidad organizaría en un mes. "Conecta con profesionales del mundo empresarial. Trae tu mejor versión."

—Deberíamos ir —dijo Matías—. Sería bueno para hacer contactos antes de graduarnos.

—Tal vez —respondió Azael sin mucho interés.

Matías lo miró de reojo.

—¿Sabes qué? Vamos a hacer un trato.

—¿Qué tipo de trato?

—Este semestre —dijo Matías, girándose completamente hacia él—, vas a intentar estar presente. Vas a ir a clase, vas a participar, vas a conocer gente nueva si surge la oportunidad. Básicamente, vas a fingir que no estás completamente destruido por dentro hasta que eventualmente ya no tengas que fingir.

Azael arqueó una ceja.

—¿Ese es el trato?

—Ese es el trato —confirmó Matías—. Y a cambio, yo prometo no molestarte demasiado sobre Brielle. No más "tienes que superarla" o "dale celos" o cualquier consejo idiota que claramente no funciona.

A pesar de todo, Azael sintió una pequeña sonrisa formarse en sus labios.

—Tus consejos no fueron tan idiotas.




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