Antes de saber amar

La verdad detrás de la foto

Brielle estaba sentada en el borde de su cama, mirando su teléfono con una mezcla de frustración y algo que no quería nombrar. El sol de la mañana entraba por la ventana de su habitación, iluminando las paredes color crema y el escritorio desordenado lleno de libros y apuntes. Pero ella apenas lo notaba.

Estaba viendo esa foto de nuevo.

La que había aparecido en el grupo de la universidad ayer por la mañana. La foto que había hecho que su estómago se retorciera de una forma que no tenía derecho a sentir.

La foto de ella besando a alguien.

Excepto que no era real.

Amanda estaba recostada en el pequeño sofá junto a la ventana, comiendo cereal directamente del bowl, vestida con pants y una sudadera oversized. Había pasado la noche en el departamento de Brielle—algo que hacía frecuentemente—y ahora la observaba con esa expresión de "te lo dije" que Brielle conocía demasiado bien.

—Sigues enojada conmigo —dijo Amanda, más como observación que como pregunta.

Brielle levantó la vista de su teléfono, y sí, había enojo en sus ojos.

—Un poco, ¿crees? —respondió con sarcasmo—. Subiste una foto falsa de mí besando a alguien al grupo de toda la universidad, Amanda.

—Fue inteligencia artificial —se defendió Amanda, como si eso lo hiciera mejor—. Ni siquiera era real. Solo quería...

—¿Qué? —interrumpió Brielle, su voz subiendo un poco—. ¿Qué querías exactamente?

Amanda dejó su bowl a un lado y se sentó derecha, con expresión más seria.

—Quería hacerle ver que tú también seguiste adelante. Después de lo que te hizo en la fiesta...

—No me hizo nada —cortó Brielle, aunque ambas sabían que era mentira.

—Brielle —Amanda la miró directamente—. Se beso con otra chica. Enfrente de ti. Después de cinco meses de que ambos lo dejaron.

Las palabras cayeron pesadas en el cuarto.

Brielle apartó la mirada, sintiendo ese nudo familiar en la garganta que había estado ahí desde la noche de la fiesta.

—¿Y eso te da derecho a subir fotos falsas? —preguntó, pero su voz había perdido algo de fuerza.

—No —admitió Amanda—. Tienes razón. Me pasé. Pero es que... Bri, te he visto llorar por ese chico demasiadas veces. Pensé que él entendería. Pensé que te daría tiempo.

—Tiempo para qué —murmuró Brielle.

—Para procesar todo —Amanda se movió para sentarse al lado de ella en la cama—. Tus padres se divorciaron hace seis meses. Te haces cargo de tus hermanas mientras tu mamá trabaja doble turno. Ayudas económicamente a tu familia. Son muchas responsabilidades, Bri. Demasiadas para una persona de veintitrés años.

Brielle sintió el peso de esas palabras. Porque era verdad. Todo era verdad.

El divorcio de sus padres había sido súbito y caótico. Su mamá se había quedado con ella y sus dos hermanas menores—Sofía de quince y Camila de doce—y de repente todo había cambiado. Las facturas que antes pagaba su padre ahora caían sobre hombros menos preparados. Su mamá trabajaba turnos largos como enfermera, y Brielle...

Brielle tuvo que convertirse en la hermana mayor, la segunda mamá, la que ayudaba con la tarea y preparaba las cenas y se aseguraba de que todo funcionara.

Y Azael... Azael había estado ahí al principio. Había sido comprensivo, paciente, amoroso.

Pero eventualmente, ella sintió que lo estaba arrastrando hacia abajo con ella. Que sus problemas eran demasiado. Que él merecía a alguien que pudiera darle toda su atención, no alguien que cancelaba citas porque su hermana menor tenía fiebre o porque tenía que trabajar horas extra en su trabajo de medio tiempo.

Así que había terminado las cosas.

Por él. Por ella. Por ambos.

O al menos eso se había dicho a sí misma.

—Sí, lo sé —dijo Brielle finalmente, con voz más suave—. Sé que él lo entiende. O... entendía. Pero tal vez se cansó de esperar.

Hizo una pausa, mirando sus manos.

—Igual, no tenía que hacerlo —continuó—. Besarse con otra en una fiesta. No me debía nada. Terminamos. Él puede seguir su vida.

Pero incluso mientras lo decía, algo dentro de ella se rebelaba contra esas palabras.

Pero dolió verlo.

Dolió más de lo que debería.

Amanda la estudió por un momento.

—¿Todavía lo quieres?

Brielle no respondió inmediatamente. Se quedó mirando la pared, procesando la pregunta que había estado evitando durante meses.

—No lo sé —admitió finalmente—. Creo que... creo que nunca dejé de quererlo. Pero quererlo no significa que podamos estar juntos.

—¿Por qué no?

—Porque mi vida es un desastre, Amanda —Brielle soltó una risa sin humor—. Apenas puedo mantener mis propias cosas en orden. No puedo pedirle a alguien que se quede mientras yo intento arreglar todo esto.

—Tal vez él quería quedarse —sugirió Amanda suavemente—. Tal vez no le importaba el desastre.

—Pues ahora es muy tarde para eso —Brielle se puso de pie, necesitando moverse—. Porque hoy lo voy a ver. Y tenemos que hacer un proyecto juntos todo el semestre.

Amanda se enderezó.

—¿Qué?

—Sí —Brielle caminó hacia su closet, buscando algo que ponerse—. Nos pusieron en el mismo equipo. Con otra chica también. Yamileth.

—Oh, Dios —Amanda se llevó las manos a la cara—. Esto es...

—Un desastre. Lo sé.

—¿A qué hora es la reunión?

—A las tres. En la biblioteca —Brielle sacó unos jeans y una blusa simple color beige—. Segunda planta, sala de estudio cuatro.

Se quedó mirando la ropa en sus manos, sintiendo el peso de lo que vendría.

Voy a verlo. Después de la fiesta. Después de verlo con esa chica. Después de todo.

Amanda se levantó del sofá y caminó hacia ella.

—Okay —dijo con determinación—. Escucha. Voy a mandar un mensaje al grupo ahora mismo aclarando que la foto fue IA. Que fue una broma estúpida.

—Amanda...

—No, en serio —Amanda ya tenía su teléfono en la mano—. Solo quería hacer sufrir un rato a Azael. Ya sabes, la venganza es dulce y todo eso. Pero no quiero que esto se salga de control.




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