Brielle estaba parada frente al espejo de cuerpo completo en su habitación, observándose con una mezcla de sorpresa y satisfacción que todavía le parecía extraña después de dos años.
Dos años.
Dos años desde que había empezado a ir al gimnasio religiosamente. No por vanidad—al menos no al principio—sino porque necesitaba algo. Algo que la sacara de su cabeza, que la hiciera sentir fuerte cuando todo lo demás en su vida la hacía sentir vulnerable.
Y había funcionado.
Se giró ligeramente, observando su reflejo desde otro ángulo. Llevaba puestos unos pants grises de cintura alta y un sports bra negro que dejaba ver el resultado de incontables horas de trabajo. Su abdomen mostraba definición clara—no el six pack extremo de los influencers de fitness, pero sí líneas marcadas que hablaban de disciplina y esfuerzo constante. Sus brazos tenían tono muscular visible, sus hombros estaban más definidos, sus piernas más fuertes.
Se veía... bien.
Mejor que bien, si era honesta.
Se veía saludable, fuerte, como una versión de sí misma que había construido desde cero después de que todo se había desmoronado.
El gimnasio había sido su refugio cuando sus padres se divorciaron. Cuando tuvo que convertirse en segunda mamá de sus hermanas. Cuando dejó a Azael porque pensó que era lo correcto. Cuando la vida se volvió demasiado pesada y necesitaba algo—cualquier cosa—que pudiera controlar.
Y ahora, mirándose al espejo, podía ver el resultado tangible de esa decisión.
No está mal, pensó, con una pequeña sonrisa tocando sus labios.
La puerta de su habitación se abrió sin tocar—porque Amanda nunca tocaba—y su mejor amiga entró como un torbellino de energía, vestida con jeans y una sudadera oversized, el cabello recogido en un moño despeinado.
—Amiga —dijo Amanda, deteniéndose en seco cuando vio a Brielle frente al espejo—. Te ves muy bien.
Brielle se giró hacia ella, todavía sonriendo un poco.
—¿Sí?
—Sí —Amanda se acercó, mirándola de arriba abajo con aprobación genuina—. En serio. Ese abdomen, esos brazos... el gym definitivamente está funcionando.
Se dejó caer en la cama de Brielle con su dramatismo característico.
—Con todo eso que tienes ahora —continuó, con un tono bromista—, se lo perdió Azael.
Las palabras cayeron en el cuarto como una piedra.
Brielle sintió algo apretarse en su pecho—ese dolor familiar que aparecía cada vez que alguien mencionaba su nombre—pero lo empujó hacia abajo. Había tenido dos años de práctica en ocultar eso.
Sonrió, aunque no llegó completamente a sus ojos.
—Gracias —dijo simplemente, caminando hacia su closet para buscar una sudadera.
Se puso una color beige, cubriendo su cuerpo de nuevo, como si eso pudiera también cubrir la vulnerabilidad que el comentario de Amanda había expuesto.
—Hablando de otras cosas —dijo Brielle, cambiando deliberadamente el tema—, ya casi termino mi libro.
Amanda se enderezó inmediatamente, con interés genuino reemplazando la broma.
—¿En serio? ¿El nuevo?
—Sí —Brielle se sentó en el borde de la cama, con las piernas cruzadas—. Después de mucho tiempo. Como dos años trabajando en él.
—Eso es increíble, Bri —Amanda sonrió con orgullo—. ¿De qué trata?
Brielle jugueteó con el borde de su sudadera, considerando cómo explicarlo.
—Es diferente a lo que normalmente escribo. Me permití intentar un género nuevo que no sea fantasía.
—¿Qué género?
—Romance contemporáneo —admitió Brielle, casi tímidamente—. Con drama familiar, segundas oportunidades, ese tipo de cosas.
Amanda la miró con una expresión que era mitad diversión, mitad comprensión.
—¿Romance? ¿Tú? ¿La chica que juró que nunca escribiría romance porque era "demasiado predecible"?
—La gente cambia —respondió Brielle con una sonrisa pequeña—. Y resulta que tenía cosas que procesar. Escribirlo ayudó.
—Apuesto a que sí —murmuró Amanda, con un tono que sugería que sabía exactamente de dónde había salido la inspiración.
Hubo un momento de silencio cómodo. Amanda se recostó contra la pared, observando a su amiga con esa forma en que solo las mejores amigas pueden—viendo más allá de las palabras, leyendo lo que no se dice.
—Sabes —dijo finalmente—, ahora solo falta que estés con alguien. Alguien que de verdad te conozca.
La sugerencia estaba clara. Amanda había estado tratando de emparejarla con diferentes chicos durante el último año—amigos de amigos, compañeros de clase, conocidos del trabajo. Todas intentos bien intencionados que nunca habían llegado a nada.
Brielle suspiró, abrazando una almohada contra su pecho.
—Es extraño —dijo, su voz más suave ahora—. Llegan personas a mi vida, ¿sabes? Chicos buenos. Interesantes. Que me buscan, que quieren salir conmigo.
—¿Y?
—Y no puedo conectar realmente con ellos —admitió—. Intento. De verdad que intento. Tengo conversaciones, río en los momentos correctos. Pero siempre hay algo... distante. Como si estuviera actuando en lugar de vivir.
Hizo una pausa, mirando la almohada en sus manos en lugar de a Amanda.
—Porque mi mente siempre vuelve a él.
No necesitó decir el nombre. Ambas sabían de quién estaba hablando.
Amanda se movió para sentarse más cerca, poniendo una mano en el hombro de Brielle.
—Han pasado meses, Bri.
—Lo sé.
—Y él... bueno, él está con alguien más ahora.
—También lo sé —respondió Brielle, con voz apenas por encima de un susurro.
Porque sí lo sabía.
La noticia había dolido más de lo que Brielle había anticipado. Más de lo que tenía derecho a doler después de meses.
—¿Pero todavía...? —Amanda dejó la pregunta sin terminar.
—Todavía lo pienso —completó Brielle—. Todo el tiempo. En los momentos más aleatorios. Veo algo que le gustaría y pienso en enviárselo antes de recordar que ya no hago eso. Escucho una canción y recuerdo cómo la cantaba horrible pero con tanta convicción. Cocino espagueti con pollo y...
#3190 en Novela romántica
#870 en Novela contemporánea
amor, trianguloamoroso, universidad primer amor adolescentes
Editado: 29.01.2026