Brielle caminó hacia donde Yamileth y Azael estaban organizando sus cosas junto a las ventanas del salón. Cada paso se sentía como caminar sobre vidrio roto—delicado, peligroso, requiriendo una concentración absoluta para no cortarse.
Yamileth fue la primera en notar su llegada. Su rostro se iluminó con una sonrisa genuina, lo cual de alguna manera hacía todo esto más complicado. Sería más fácil si Yamileth fuera odiosa, si fuera el tipo de chica con quien pudieras justificar tu antipatía. Pero no lo era. Era amable. Profesional. Hacía su parte del trabajo sin quejarse.
—¡Brielle! —saludó Yamileth con entusiasmo—. Justo a tiempo. ¿Lista? ¿Tienes tu parte?
Brielle asintió, sacando su laptop y abriéndola para mostrar el documento. —Sí, aquí está —respondió, su voz sonando más estable de lo que se sentía por dentro—. Terminé la sección de análisis crítico y la bibliografía.
—Perfecto —dijo Yamileth, inclinándose para revisar el trabajo con ojo profesional—. Wow, esto se ve realmente bien. Muy detallado.
Durante todo este intercambio, Brielle se las había arreglado para no mirar directamente a Azael. Podía sentirlo ahí, a apenas un metro de distancia, su presencia tan familiar y a la vez tan extraña ahora. Era como un mueble que habías movido de lugar en tu casa—conocías cada detalle de su forma, pero verlo en una nueva posición te desorientaba.
Azael tampoco la miraba a ella. Estaba ocupado revisando su teléfono, o al menos pretendiendo revisarlo, con esa postura de hombros ligeramente tensos que Brielle había aprendido a reconocer como su manera de lidiar con situaciones incómodas.
Yamileth conectó su propia laptop y comenzó a compilar todas las partes del proyecto. Sus dedos volaban sobre el teclado con eficiencia, verificando formato, alineando referencias, asegurándose de que todo fluyera coherentemente.
—Okay —anunció después de unos minutos, cerrando la laptop con satisfacción—. El trabajo quedó completo. Se ve excelente, chicos. Buen trabajo en equipo.
La ironía de esas palabras no pasó desapercibida para Brielle. "Trabajo en equipo" cuando apenas habían logrado estar en la misma habitación sin que la tensión fuera palpable.
—Solo tengo que entregarlo al profesor Martínez —continuó Yamileth, recogiendo su laptop y sus notas—. Ustedes quédense aquí, no tardo nada. Ya saben cómo se pone con las entregas, quiere hablar personalmente con cada equipo.
—Espera, yo puedo ir contigo... —empezó a decir Brielle, una nota de pánico colándose en su voz.
Pero Yamileth ya estaba caminando hacia el escritorio del profesor en el frente del salón, dejando a Brielle y Azael completamente solos en ese pequeño espacio junto a las ventanas.
El silencio que cayó entre ellos fue denso, cargado con meses de cosas no dichas, de conversaciones que nunca tuvieron, de finales que nunca se cerraron apropiadamente. Brielle buscó con la mirada a Leander, esperando tal vez una señal, una distracción, cualquier cosa. Pero él también estaba con el profesor, entregando su propio proyecto con su equipo, completamente ajeno al drama silencioso que se desarrollaba a metros de distancia.
Brielle suspiró, pasándose una mano por su cabello corto negro. No sabía qué hacer con sus manos, dónde mirar, cómo pararse. Era ridículo sentirse tan fuera de lugar junto a alguien con quien había compartido tantas cosas—tardes enteras estudiando juntos, noches hablando por teléfono hasta que sus voces se volvían somnolientas, momentos tan íntimos que parecían pertenecer a otra vida completamente.
Quisiera reclamarle. La frase apareció en su mente sin invitación. Quisiera preguntarle cómo pudo olvidarla tan rápido, cómo pudo pasar de "eres importante para mí" a estar con Valeria en cuestión de semanas. Quisiera hacerle sentir aunque sea una fracción del dolor que ella había cargado.
Pero ¿quién era ella para reclamarle nada? Él había seguido adelante. Tenía derecho a hacerlo. El hecho de que a Brielle le doliera no lo hacía menos válido.
Suspiró de nuevo, más profundo esta vez, y fue ese sonido lo que pareció romper el hechizo de silencio entre ellos.
—¿Cómo te va con tu novio? —La voz de Azael era casual, demasiado casual, con ese tono forzado que usaba cuando trataba de sonar despreocupado.
Brielle giró hacia él, confundida. —¿Qué?
Azael finalmente la miró, y Brielle pudo ver algo en sus ojos oscuros detrás de esos lentes negros—algo que podría haber sido molestia, o tal vez algo más complicado. —Lo dices por la foto —no era una pregunta.
—Sí —respondió Azael, su mandíbula tensándose ligeramente—. Esa foto.
La foto. Por supuesto. La venganza de Amanda, tan brillante en su ejecución, tan efectiva en sus resultados. Brielle podía decirle la verdad ahora mismo—que era una imagen generada por inteligencia artificial, que nunca había besado a nadie más, que todo había sido un elaborado truco para hacerlo sentir una fracción de lo que ella había sentido.
Pero mientras miraba a Azael, con su postura defensiva y su expresión medio molesta, Brielle se dio cuenta de algo: ¿De qué servía? ¿Qué cambiaría confesarle la verdad? Él ya tenía novia. Valeria. Una chica que probablemente era encantadora y que no venía con todo el equipaje emocional que Brielle cargaba.
Él había seguido adelante. Y decirle que la foto era falsa solo lo haría sentir... ¿qué? ¿Importante? ¿Poderoso? ¿Validado en su decisión de dejarla atrás?
No. Brielle no le iba a dar esa satisfacción.
—¿Y tú? —preguntó en cambio, desviando la conversación con una habilidad que no sabía que poseía—. Con esa chica, ¿qué tal?
Azael parpadeó, claramente sorprendido por el cambio de tema. Algo cruzó por su rostro—¿culpa? ¿incomodidad?—antes de que su expresión se endureciera.
—Mandaste a David a investigar —dijo, y no sonaba como una pregunta—. Lo sé. Pregúntame a mí directamente si quieres saber algo.
Brielle sintió cómo su rostro se calentaba. Por supuesto que lo sabía. David probablemente no había sido tan discreto como pensaba, o tal vez alguien los había visto hablando y había conectado los puntos. El campus era grande pero los chismes viajaban rápido.
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Editado: 29.01.2026