Antes de saber amar

Volver a sentir

Brielle estaba de pie frente al espejo de su habitación, observando su reflejo con esa mezcla familiar de incertidumbre y autocrítica que siempre precedía a eventos sociales. Había pasado los últimos veinte minutos tratando de decidir qué ponerse para la fiesta de Noa, y su cama estaba cubierta de ropa descartada—jeans, blusas, un vestido negro que de repente le parecía demasiado formal, otro que le parecía demasiado casual.

Un golpe en su puerta la hizo girar.

—¿Enana? —La voz de Leander vino del otro lado—. ¿Estás decente o necesito esperar cinco minutos más mientras tienes una crisis existencial sobre tu guardarropa?

A pesar de su frustración, Brielle sonrió. En los días desde ese café juntos, Leander se había convertido en una presencia constante en su vida—apareciendo entre clases, mandándole mensajes con memes sarcásticos, ofreciéndose a llevarla al campus cuando David no estaba disponible. Era molesto, sí, pero también... reconfortante. Como tener un amigo que no te dejaba hundirte demasiado en tus propios pensamientos oscuros.

—Entra —dijo, resignándose a que viera el desastre—. Pero prepárate para juzgarme apropiadamente.

La puerta se abrió y Leander entró con esa confianza casual que parecía llevar a todas partes. Llevaba jeans oscuros y una camiseta gris que le quedaba suficientemente bien para ser molesta, su cabello rubio despeinado de esa manera que probablemente le tomaba menos esfuerzo del que debería. Sus ojos verdes recorrieron la habitación, tomando nota del caos textil.

—Wow —dijo con admiración fingida—. Esto es... impresionante. ¿Cuánto tiempo llevas en guerra con tu closet?

—Cállate —murmuró Brielle, cruzando los brazos—. No todos tenemos el superpoder de vernos bien en cualquier cosa.

—Es una maldición y una bendición —concordó Leander con falsa modestia, ganándose una mirada de exasperación de Brielle—. Pero hablando en serio, ¿qué estás buscando? ¿Casual? ¿Elegante? ¿'Vine a esta fiesta bajo protesta pero voy a lucir increíble de todos modos'?

Brielle se rio a pesar de sí misma. —No lo sé. Solo... algo que no me haga sentir como si estuviera tratando demasiado pero tampoco como si no hubiera hecho ningún esfuerzo.

—Ah, sí, ese equilibrio imposible que todas las mujeres buscan —asintió Leander sabiamente—. Menos mal que soy un experto.

—¿Experto en qué? ¿En molestar?

—En todo —corrigió—. Pero especialmente en saber exactamente qué necesitas antes de que lo sepas tú misma. Lo cual me lleva a...

Se detuvo dramáticamente, sacando algo de detrás de su espalda que Brielle no había notado que llevaba. Era una bolsa de una tienda que Brielle reconoció como una boutique cara del centro—el tipo de lugar donde miraba los escaparates pero nunca entraba porque los precios le daban ansiedad.

—¿Qué es eso? —preguntó Brielle cautelosamente.

—Paciencia, enana —dijo Leander, acercándose a ella—. Ahora, quiero que cierres los ojos.

—¿Por qué?

—Porque te lo estoy pidiendo amablemente. Y porque si no lo haces, voy a quedarme aquí parado sosteniendo esto hasta que mi brazo se caiga, y entonces tendrás que vivir con la culpa de mi discapacidad permanente.

—Eres ridículo.

—Y tú eres evasiva. Cierra los ojos.

Brielle suspiró pero obedeció, cerrando sus ojos cafés. Podía escuchar a Leander moviéndose, el sonido de papel siendo desenvuelto, sus pasos acercándose más a ella.

—Okay —dijo su voz, más cerca ahora—. Puedes abrirlos.

Cuando Brielle abrió los ojos, lo primero que vio fue el azul.

Un vestido azul, para ser exactos. Un tono profundo y hermoso que le recordaba al océano al atardecer, sostenido por Leander frente a ella. No era demasiado largo ni demasiado corto—llegaba probablemente justo arriba de la rodilla. El diseño era simple pero elegante, con mangas cortas y un corte que parecía favorecedor sin ser revelador.

Era, en una palabra, perfecto.

Brielle se quedó sin habla por un momento, solo mirando el vestido, luego a Leander, luego de vuelta al vestido.

—¿Qué... qué es esto? —finalmente logró decir.

—Un vestido —respondió Leander con ese sarcasmo que ella había aprendido a esperar—. Aunque si necesitas que te explique el concepto básico de la ropa, podemos empezar desde el principio.

—Leander —dijo Brielle, ignorando su burla—. ¿Por qué compraste esto?

Él se encogió de hombros, pero había algo en su expresión—algo más suave que su usual actitud despreocupada—que hacía que el gesto pareciera menos casual de lo que pretendía ser.

—Porque iba caminando por el centro ayer, vi este vestido en un escaparate, y pensé 'ese es exactamente el color de los ojos de cierta enana cuando se pone competitiva durante las discusiones literarias'. Y como soy un ser humano excepcional con gusto impecable, lo compré.

Brielle sintió cómo algo cálido se expandía en su pecho—una mezcla de gratitud, sorpresa, y algo más que no quería examinar demasiado de cerca. Sus dedos rozaron la tela del vestido, sintiendo la calidad del material.

—Leander, esto debe haber sido... esto es de esa boutique cara. No puedo aceptar esto.

—Demasiado tarde —dijo alegremente—. Ya lo compré. No aceptan devoluciones de artículos perfectos. Está en su política de tienda. Lo verifiqué.

—Estás mintiendo.

—Completamente —admitió sin vergüenza—. Pero el punto sigue siendo válido. El vestido es tuyo. Acéptalo con gracia.

Brielle lo miró, tratando de encontrar las palabras apropiadas. Gracias parecía insuficiente para algo así. Nadie—ni siquiera Azael cuando estaban juntos—le había dado un regalo tan considerado, tan específicamente elegido para ella.

—Esto es... —empezó, sintiendo cómo su voz se quebraba ligeramente—. Es realmente dulce, Leander. Gracias.

—Whoa, whoa, whoa —dijo Leander inmediatamente, retrocediendo con las manos levantadas en defensa falsa—. ¿Dulce? No. Absolutamente no. Esto no es dulzura. Esto es puro interés propio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.