Antes de saber amar

Si la amas

Brielle caminó directamente hacia donde Leander la esperaba, cada paso sintiéndose más pesado que el anterior. El alcohol en su sistema hacía que todo pareciera ligeramente borroso en los bordes, pero su mente estaba dolorosamente clara sobre lo que acababa de pasar.

Leander la vio acercarse y se enderezó inmediatamente, su expresión cambiando de preocupación a algo más cauteloso. David estaba junto a él, aparentemente había estado tratando de distraerlo con conversación, pero ambos se quedaron en silencio cuando ella llegó.

—Enana —dijo Leander suavemente, estudiando su rostro—. ¿Qué pasó?

Brielle abrió la boca, luego la cerró. ¿Por dónde empezar? ¿Cómo explicar el caos de emociones que estaba sintiendo?

—Lo siento tanto —dijo finalmente, las palabras saliendo en un torrente—. Él me besó. Me dijo que estuvo con Valeria por celos, que nunca me superó, que todo este tiempo ha estado pensando en mí y...

Se detuvo, respirando profundamente, tratando de organizar sus pensamientos que el alcohol había vuelto confusos.

Leander se había quedado muy quieto. Demasiado quieto. Su rostro estaba cuidadosamente neutral, pero Brielle podía ver la tensión en sus hombros, la manera en que sus manos se apretaban ligeramente a sus costados. Estaba tratando de ocultar lo que sentía, pero no era tan bueno en eso como pensaba.

—Y... ¿volvieron entonces, enana? —preguntó, y su voz sonaba forzadamente casual, como si estuviera preguntando sobre el clima y no sobre algo que claramente le importaba profundamente.

—No —respondió Brielle inmediatamente.

Vio cómo algo cambiaba en la expresión de Leander. Sus ojos verdes se iluminaron con algo que parecía esperanza, aunque estaba claramente tratando de contenerla.

—¿Por qué? —preguntó, dando un paso más cerca de ella—. ¿Por qué no volvieron?

Brielle lo miró—realmente lo miró. Este chico que había aparecido en su vida en el momento exacto en que más lo necesitaba. Que la había hecho reír cuando pensó que nunca volvería a hacerlo. Que había planeado una cita perfecta en un vivero lleno de flores porque prestaba atención a los pequeños detalles que la hacían feliz.

—Estoy confundida —admitió, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con regresar—. Porque... porque cierto chico de ojos verdes me hace dudar.

El silencio que siguió fue absoluto. David había desaparecido discretamente hacia otro lado de la sala, dándoles privacidad. La música y las conversaciones continuaban a su alrededor, pero era como si existieran en su propia burbuja.

Leander sonrió—una sonrisa pequeña, vulnerable, completamente diferente a sus usuales sonrisas sarcásticas.

—Dame tiempo, por favor —dijo, y había una urgencia en su voz que Brielle nunca había escuchado antes—. Dame la oportunidad de conquistarte. De mostrarte que puedo ser... que podemos ser algo real.

Brielle sintió cómo su corazón se apretaba en su pecho. Quería decir que sí. Parte de ella quería simplemente dejarse caer en esta cosa nueva y emocionante con Leander, olvidar todo el dolor que Azael había causado.

Pero no sería justo.

No para Leander, quien merecía más que ser el premio de consuelo.

Y no para ella misma, quien necesitaba tiempo para procesar todo sin tomar decisiones bajo la influencia del alcohol y emociones abrumadoras.

—Quiero pensar las cosas un poco —dijo finalmente, su voz más firme ahora—. No es justo para ti ni para mí tomar decisiones así, cuando todo está tan fresco y confuso. Te diré mi decisión después. Cuando esté sobria y pueda pensar con claridad.

Vio cómo algo pasaba por el rostro de Leander—decepción, tal vez, mezclada con comprensión. Pero entonces asintió lentamente.

—Está bien —dijo, aunque era obvio que le costaba—. Entiendo. Necesitas tiempo.

—Lo siento —murmuró Brielle—. Sé que no es lo que querías escuchar.

—No —concordó Leander—. Pero es lo honesto. Y eso... eso es lo que importa. —Hizo una pausa, dando otro paso más cerca, su mano alcanzando la de ella—. Pero, ¿me permites estar contigo por ahora? Esta noche. Solo... estar aquí. Como amigos, si eso es lo que necesitas. Pero no quiero dejarte sola, no cuando estás así.

Brielle miró sus manos unidas, sintiendo cómo el calor de sus dedos se filtraba en los suyos. Sería más fácil alejarse completamente, crear distancia hasta que pudiera pensar con claridad.

Pero no quería estar sola.

No esta noche.

—Sí —respondió suavemente—. Puedes quedarte conmigo.

La sonrisa que Leander le dio fue como el sol saliendo después de una tormenta—brillante y cálida y llena de alivio puro.

—Bien —dijo—. Porque honestamente, enana, no estaba seguro de poder alejarme incluso si me lo pedías.

A pesar de todo—la confusión, el alcohol, el beso que aún podía sentir en sus labios—Brielle se rio.

—Eres imposible.

—Ya establecimos eso antes —respondió con ese sarcasmo familiar que la hacía sentir más anclada—. Necesitas nuevo material.

—Ahí está el Leander que conozco.

—Nunca se fue —dijo, apretando suavemente su mano—. Solo tuvo un momento de pánico existencial. Ya pasó.

Brielle negó con la cabeza, pero estaba sonriendo. Y cuando Leander la guió de vuelta hacia donde estaban sus amigos—hacia Amanda que la abrazó inmediatamente, hacia Noa que le ofreció agua y más bebida, hacia David que le dio una palmada reconfortante en el hombro—se permitió relajarse.

Solo por esta noche.

Solo por ahora.

Mañana podría pensar. Podría procesar. Podría tomar decisiones.

Pero esta noche, rodeada de amigos y con la mano de Leander todavía sosteniendo la suya, se permitió simplemente... existir.

En toda su confusión y caos.

Y tal vez, solo tal vez, eso estaba bien.

Mientras tanto, en el otro lado de la fiesta, Azael estaba parado contra la pared, observando todo desde la distancia. Matías estaba junto a él, habiendo seguido a su amigo después de que regresara del jardín con una expresión que decía claramente que las cosas no habían ido como esperaba.




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