Brielle estaba parada frente a su closet abierto, mirando la ropa como si las prendas fueran a darle algún tipo de revelación divina sobre qué ponerse. Había sacado tres opciones diferentes—unos jeans con una blusa casual, leggings con un suéter del equipo universitario, y un vestido simple con una chaqueta—y ahora las tres estaban tiradas en su cama mientras ella se quedaba paralizada por la indecisión.
Era solo un partido de fútbol americano.
Excepto que no lo era.
Era el partido donde vería a Azael en su elemento. Donde tendría que enfrentar la decisión que había estado evitando durante días. Donde todo finalmente llegaría a un punto de no retorno.
—Okay, esto es doloroso de presenciar —anunció Amanda, apareciendo en el marco de la puerta de Brielle con los brazos cruzados—. Llevas ahí parada como estatua durante quince minutos.
Brielle se giró, sobresaltada. —No he estado aquí tanto tiempo.
—Han sido veinte minutos, en realidad —corrigió Amanda, entrando a la habitación y evaluando las opciones en la cama—. Te he estado observando desde la sala. Es como ver a alguien tener una crisis existencial en cámara lenta.
—No estoy teniendo una crisis existencial —protestó Brielle débilmente.
—Claro que no —dijo Amanda con sarcasmo—. Solo estás mirando fijamente tu ropa como si contuviera los secretos del universo.
Amanda se acercó a la cama, descartando el vestido inmediatamente. —Demasiado formal para un partido. Y hace frío esta noche, así que el vestido está fuera.
Tomó los jeans y la blusa casual, ofreciéndoselos a Brielle. —Ponte algo casual. Cómodo. No quieres verte como si estuvieras tratando demasiado, pero tampoco como si no te importara.
Brielle tomó la ropa, agradecida por que alguien más tomara la decisión por ella. Comenzó a cambiarse, consciente de la manera en que Amanda la observaba con esa expresión que significaba que tenía preguntas.
Muchas preguntas.
—Entonces —dijo Amanda casualmente, sentándose en el borde de la cama—. ¿Ya tomaste una decisión?
Brielle se congeló con la blusa a medio poner. Sus ojos encontraron los de Amanda a través del espejo.
—Hoy es el gran día, ¿verdad? —continuó Amanda—. Después del partido. Sea quien sea que elijas, tendrás que decírselo.
Brielle terminó de ponerse la blusa, alisando la tela mientras evitaba la mirada de su amiga. —Sí —admitió finalmente, su voz apenas un susurro—. Ya tomé una decisión.
Amanda se enderezó inmediatamente, sus ojos ampliándose con interés. —¿En serio? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quién?
—Ayer —respondió Brielle, alcanzando los jeans—. Después de... después de que Leander me mostró su auto.
—Oh Dios —dijo Amanda, llevándose una mano al pecho dramáticamente—. ¿Qué pasó? ¿Te declaró su amor eterno rodeado de herramientas y aceite de motor?
A pesar de su nerviosismo, Brielle se rio. —No exactamente.
—Entonces ¿qué? Vamos, dame algo. Has estado en modo ermitaña toda la semana, pensando y procesando y siendo toda introspectiva. Y ahora me dices que ya decidiste pero no me vas a decir quién.
Brielle se puso los jeans, tomándose su tiempo para abrocharlos antes de girarse hacia Amanda. —No puedo decirte todavía.
—¿Por qué no? —preguntó Amanda, y había genuina confusión en su voz—. Soy tu mejor amiga. Se supone que me cuentas todo.
—Lo sé —dijo Brielle suavemente—. Y te contaré. Después. Pero primero necesito... necesito decírselo a ellos. A ambos. No sería justo que lo supieras antes que ellos.
Amanda la estudió por un largo momento, luego suspiró. —Okay. Eso es... increíblemente maduro de tu parte y lo odio porque significa que no puedo chismear.
Brielle se rio, sintiendo algo de la tensión en sus hombros aligerarse. —Lo siento.
—No, no lo sientes —dijo Amanda, pero estaba sonriendo—. Está bien. Respeto tu decisión de ser la persona más grande aquí. Aunque me está matando no saber.
Se levantó de la cama, caminando hacia Brielle y tomando sus manos. —Pero, ¿estás segura? ¿De tu decisión?
Brielle asintió, y por primera vez en días, se sintió completamente segura de algo. —Sí. Estoy segura.
—¿Y estás lista para las consecuencias? —presionó Amanda gentilmente—. Porque no importa a quién elijas, alguien va a salir lastimado.
—Lo sé —murmuró Brielle—. Y eso es lo que más me aterra. Pero... no puedo seguir en este limbo. No es justo para nadie.
Amanda apretó sus manos. —Estoy orgullosa de ti, ¿sabes? Por ser honesta contigo misma. Por tomar una decisión incluso cuando es difícil.
—Gracias —dijo Brielle, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban—. Por todo. Por escucharme, por las listas, por obligarme a pensar realmente sobre esto.
—Para eso están las mejores amigas —respondió Amanda, jalándola en un abrazo rápido—. Ahora, termina de arreglarte. Tenemos que irnos en diez minutos.
—¿Tan pronto? —preguntó Brielle, revisando el reloj—. Pensé que el partido empezaba a las siete.
—Sí, pero queremos llegar temprano para conseguir buenos asientos —explicó Amanda—. Además, Leander y Noa nos esperan. David ya está en el estadio. Les pidieron a los jugadores ir antes para calentar y todo eso.
El estómago de Brielle dio un vuelco ante la mención del nombre de Leander. Después del beso de ayer en el garaje, después de todo lo que había sentido...
Sacudió su cabeza, tratando de enfocarse. Una cosa a la vez.
—Okay —dijo, yendo hacia su tocador para aplicarse un poco de maquillaje—. Diez minutos.
—Nueve ahora —corrigió Amanda—. Y te estoy cronometrando.
Brielle trabajó rápidamente, aplicando rímel y un toque de rubor, dejando su cabello corto en su estilo natural y desordenado. Se miró en el espejo una última vez—jeans oscuros, blusa casual color verde olivo, su chaqueta favorita de mezclilla esperando en el respaldo de la silla.
Se veía... normal. Como ella misma. No tratando demasiado de impresionar a nadie.
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Editado: 29.01.2026