𝟎𝟎. ❃ ↷ ˊ-
𝙄𝙏'𝙎 𝙎𝙏𝘼𝙍 𝘿𝘼𝙍𝙇𝙄𝙉𝙂!
☆
━━ ¿Está muerto? — preguntó una voz chillona.
Gruñó instintivamente porque las voces se hicieron más molestas en su cabeza. ¿Dónde demonios estaba? Su espada no estaba en su mano. ¿No fue Zeus el que lo citó en el salón de tronos...? ¡Joder! ¿No acababa de ser desterrado y castigado?
Abrió los ojos con tanta sorpresa y fastidio que las personas a su alrededor corrieron de miedo, excepto una chiquilla rubia que lo miraba sorprendida y fascinada.
— Oye, tú, mortal... ¿Dónde demonios estoy?
La chica miró alrededor como si no creyera lo que veía. ¿Era sorda acaso? Que fastidio; le dolía la cabeza, el cuerpo, el ego... todo, maldita sea.
— Qué interesante. Nadie cae desde un edificio sin partirse el cuello — dijo ella, pareciendo meditarlo.
Fobos la miraba con una mezcla de incredulidad y fastidio. ¿Era tonta además de sorda?
— Estamos en un feo callejón de Illinois. Te ves bastante mal y apestas añadió — la chica haciendo una mueca—. Eres extraño para ser un monstruo.
—¿Te parezco acaso un monstruo, niña tonta? Yo... —su voz se detuvo. Estaba en un callejón maloliente después de ser desterrado y castigado por Zeus en persona; diez largos y miserables años arrebatados de su estatus como dios y, además, obligado a hacer mandados. ¿Qué podía ser peor? —Tú, mocosa, ¿dónde demonios está Manhattan?
—Entonces, si no eres un monstruo, significa que eres un dios y, por tu aspecto, uno desterrado. — Mariam lo analizó con calma. ¿Quién demonios era esa chiquilla? ¿Zeus la había enviado para sacarlo de sus cabales? — Y Manhattan está muy lejos de aquí.
— Genial, el Olimpo está lejos — miró a la chiquilla molesta con un ademán prepotente —. Eres del campamento, ¿no? Te ordeno llevarme al Empire State a la brevedad.
— ¿Brevedad?
—¿Tienes un problema de oído? Sí, a la brevedad — los mortales eran cada vez más fastidiosos.
—Si te desterraron, significa dos cosas: una, que no tienes tus poderes, y otra, que tampoco se te permite ir al Olimpo, ¿verdad? — Fobos hizo una mueca. ¿A dónde iba con eso? — El Señor D tiene un castigo de cien años, y tú, ¿cuánto tiempo debes permanecer en la tierra?
Fobos no pudo evitar fruncir el ceño cuando la chica comenzó a caminar hacia él con una sonrisa triunfante; no estaba asustada en absoluto.
—¿Quieres ir a Manhattan, cierto? ¿Cuánto tiempo debes estar por aquí?
— Eso no te importa, mocosa — gruñó molesto; no iba a ceder.
— No tienes poderes, dinero ni aliados; tu cuerpo es más frágil que antes y necesitas un aventón bastante largo hasta la Gran Manzana —dijo la chica, caminando hacia fuera del callejón—. Supongo que podrás lograrlo solo. Y como tampoco sé tu nombre... debo irme.
—¡Joder! —gruñó por lo bajo; no tenía remedio—. ¡Como sea! Diez años... y soy Fobos.
—Ya nos entendemos — sonrió, girándose para verlo—. Mariam Bennet, cabaña once por no ser reconocida todavía. Entonces, señor Fobos, requiero tus servicios.
El trueno resonó en los cielos, sellando su trato vinculante; ahora estaba atado a los deseos de una mocosa llamada Mariam Bennet. El peor día para Fobos acababa de iniciar.