━━━━ CAPITULO 01
[!] 𝘿𝙤𝙢𝙞𝙣𝙖𝙩𝙞𝙣𝙜 𝙖 𝙜𝙤𝙙!
🦊 chapter 01,
un dios se estrella
frente a mí, enserio.
—Yo puedo hacerlo —dijo Mariam. Quirón arrugó el ceño; claramente no estaba convencido ni un poco de que saliera del campamento—. No es una misión, solo debemos recoger unos artículos del Señor D, ¿no? Estaremos a salvo.
—No lo sé, salir es peligroso. —La pequeña apretó sus labios; era muy injusto no poder salir como el resto—. Aún no eres reconocida y no tienes experiencia con monstruos.
—Pero no estaré sola, ¿cierto? Irán Lyra, Jade y Argos —objetó ella, decidida a salir—. Además, solo yo sé cómo mantener a salvo los vinos que el Señor D convertirá en Coca-Cola Light.
—No me metas en eso, Mariam.
—No jugaré al pinacle y póker con usted si me interrumpe. —El dios del vino soltó un chirrido de irritación por lo bajo y murmuró algo que nadie entendió; bueno, Mariam escuchó: «Muchacha grosera». La rubia miró al centauro con mirada suplicante—: Porfi.
—Bien, supongo que puedo confiar en que estarás a salvo y no harás una locura —la rubia sonrió—. Con ojos en la espalda todo el tiempo, ¿de acuerdo? Avisa a Lyra y Jade que te unirás para recoger esas pertenencias con ellas.
—Sí, señor —hizo un gesto militar y salió saltando de la Casa Grande. Si no eras reconocido, prácticamente las salidas eran nulas, a excepción de algunas ocasiones que no contaban como misiones, pero que permitían salir de allí—. ¡Se logró, chicas!
—Tengo envidia, Jade —las gemelas de Apolo intercambiaron miradas asintiendo; tomaron a Mariam de los brazos, formando un abrazo extraño mientras caminaban—. ¿Qué se siente ser una celebridad del campamento? ¿Cómo se siente ser la «niña privilegios» de Quirón?
—Oigan, que Quirón me deje ir no es privilegio de celebridad. Ojalá —aclaró la rubia pensando en eso—. Sería genial firmar autógrafos y todo eso, pero tuve que rogar un poco. El señor D tampoco estaba de acuerdo.
—Más bien, el Señor D quiere recuperar sus botellas de vino —añadió una de ellas. Un par de noches antes, el Señor D apostó un par de sus costosas y «divinas» botellas de vino que logró traer consigo del Olimpo; por confiarse demasiado, Mariam logró ganarle—. No le conviene decir que no si las quiere recuperar.
—Iré por mi mochila; las veo en el pino de Thalía —las gemelas asintieron y corrieron a la cabaña de Apolo mientras Mariam se dirigía a la que le había dado refugio durante los últimos nueve años. En verdad era un poco triste pasar tanto tiempo sin ser reconocida, pero la chica tenía fe en que pronto tendría una señal del Olimpo.
Rezaba todos los días sin falta; ser optimista era parte importante de una retribución positiva que Mariam estaba segura sería para ella. La cabaña once estaba llena de música y ambiente amigable. Se dirigió con pasos lentos hasta su cama y tomó su mochila de viaje; los chicos de Hermes le habían dado un poco de todo: ambrosía, vendas, botellas de agua, medicinas generales, una frazada térmica, dinero para emergencias y ropa propia.
—¡Ey! Nuestro pequeño rayito de sol aparece por fin —dijo Luke Castellan con una sonrisa enorme en el rostro. El chico era el líder de la cabaña once y un buen amigo cuando necesitabas un hombro—. ¿Vamos a algún lado?
—Quirón me dejó acompañar a Jade y Lyra para recoger algunas cosas en la ciudad —dijo sonriendo—. Vine a tomar mi mochila, por si acaso.
—Entonces deberías llevar esto —dijo enseñándole un collar con un dije en forma de sol—. Es un regalo de todos los chicos. Todos querían una carita feliz o algo así, pero pensé que esta era una mejor opción. Se convierte en un arco; los chicos de Hefesto nos ayudaron con eso.
—¡Wow! No debería... —El dije era muy bonito en verdad; tendría que agradecer más tarde—. Pero es hermoso, muchas gracias, chicos.
—¡Ve y atrápalos, rayito de sol! — dijeron todos los chicos de la cabaña al unísono.
—Nos vemos —Luke asintió, mientras la chica corría a la entrada del campamento, emocionada por salir de la rutina.
En general, todo había ido bastante bien y tranquilo, hasta que todo comenzó a ir mal. Se suponía que Argos se quedaría en el auto mientras ellas subían las últimas cajas a la camioneta, pero cuando estaban tomando la última, el interior del edificio pareció sacudirse con fuerza. Las luces parpadearon violentamente, seguidas por el estruendo de un golpe seco.
—¡Mierda! Vi caer algo desde el cielo... parece que es una persona —no podía ser un mortal; habían colocado la Niebla perfectamente antes, ¿no?—. Debemos ir a ver, Argos podría estar en peligro.
—Quirón dijo que esta era una zona segura —murmuró Lyra. Mariam sacó su arco y fue detrás de las chicas con paso suave—. ¿Qué miras, Jade?
—Es un hombre.
—¿Un hombre? No creo que un humano sobreviviera a una caída desde tan arriba.
A Mariam le bastaron unos segundos para darse cuenta de varias cosas. Una: el callejón donde recogían los artículos del campamento había cambiado completamente. Dos: varios periódicos pegados en una pared tenían la leyenda «La Divina Caída, almacén de Illinois», un nombre irónico teniendo en cuenta el descenso desde los cielos de aquel extraño. Y tres: nadie, excepto un dios, era capaz de sobrevivir a tal impacto. Estaban ante un dios castigado por el Olimpo.
— ¿Está muerto? — preguntó una voz chillona.
El tipo soltó un gruñido por lo bajo, como si algo le molestara enormemente. Comenzó a buscar algo con la mano en el suelo y, al no encontrarlo, abrió los ojos de golpe, asustando a las gemelas de Apolo, que corrieron fuera del callejón. Mariam no pudo evitar verlo con sorpresa y fascinación. Aparte del Señor D, jamás imaginó ver a otra divinidad en ese estado. ¿Acaso el Olimpo lo había enviado para ayudarla a saber sobre su pasado y su ascendencia divina?
—Oye, tú, mortal... ¿Dónde demonios estoy?
Mariam miró a su alrededor sin poder creerlo. Con la protección de un dios a su servicio, podría obtener las respuestas que buscaba, ¿no? Lo observó con ojos brillantes y una idea revolucionaria creciendo en su interior.