Irán, 2009.
Desde un inicio, Arjun lo sabía bien. Era un soldado militar sobresaliente, pero eso simplemente no bastaba; cómo si fuera así de fácil. Si quería escalar dentro del ejército, no tenía más opción que:
–Intervendré por usted una vez se comprometa con mi hija y firme el acuerdo prenupcial. –negoció el señor Jones, un renombrado General de brigada, cuya familia no había sido bendecida con ningún varón, por lo que se evidenciaba su desesperación. Arjun prendió un puro, escuchando: –¿No estás cansado de que te pongan la excusa de siempre? –repitió lo mismo que sus superiores.
Sí, era un don nadie con un nulo respaldo. Aceptar la propuesta de los Jones era como matar dos pájaros de un tiro. De repente, observó al señor Jones, un hombre retirado, canoso y abrumado por fallecer sin asegurar a sus hijas aún si a las mismas les llovían un montón de pretendientes. Arjun analizó su expresión, todos los subordinados custodiaban la habitación desde afuera como si el General estuviera teniendo una reunión expresa con el mismísimo presidente. Entonces, se animó a preguntar:
–¿Cuánto tiempo demoraría para que me asignen a capitán teniente? –consultó a conveniencia. El señor Jones sonrió.
–Medio año. –y eso compró su devoción.
Arjun en medio de aquel país azotado por la desolada guerra donde se desempeñaba como mero sargento, esbozó una sonrisa cambiando su habitual semblante lleno de seriedad.
–Es un gusto ser familia, suegro.
Y así aceptó. Se comprometió con la hija mayor, misma con la que se casó tan pronto pudo obtener su ascenso como prometió el anciano. Sin embargo, en su luna de miel, se dio cuenta de su incompetencia cuando no pudo protegerla de un ataque de insurgentes. Su delicada esposa falleció en sus brazos, no fue capaz de aceptar la realidad cuando despertó en su funeral.
Una vez probó el poder, no paró.
Todos les daban las condolencias, aún así ¿quién se preocupaba por su futuro? El anciano no continuaría respaldándolo, entonces concentró su mirada en la única señorita soltera de los Jones. Todavía no la habían casado, pero ahora seguro lo harían más rápido. Apretó los dientes, experimentando una torrente de emociones negativas. Motivado e impulsado por ello, propuso:
–Puedes hacerlo. –pronunció irrespetuoso. Selene apenas se estaba recuperando del dolor, por lo que se puso pálida, siendo testigo de cómo el capitán teniente repetía sereno frente al ataúd: –Puedes ocupar su lugar. –hizo una pausa viéndola con inexpresividad. No estaba dispuesto a ver cómo otro hombre se casaba con la última heredera disponible y se llevaba a esa familia al bolsillo.
–¿Qué dice, capitán? –balbuceó Selene confundida.
Arjun la tomó de los hombros, reiterando sin importarle si dicha propuesta era pecaminosa y moralmente incorrecta:
–Puedes ocupar el lugar de tu hermana.
***
Hola! Ha pasado un tiempo, así que por favor denle mucho cariño a mi nuevo libro.