Nos detuvimos en algún punto de la carretera A11; a pocos minutos de Norwich. El interior de la camioneta se había sumido en un silencio espectral después de nuestro enfrentamiento, uno que ni siquiera Lanka se veía dispuesta a romper.
Alec detuvo la camioneta y nos informó que habíamos llegado al punto de encuentro para hacer el “intercambio”. Me negué a mirar hacia el asiento trasero, donde Zoe permanecía dormida. Ajena a todo lo que sucedía. Will y Lanka fueron los primeros en abandonar el coche; excusándose para fumar un pitillo mientras el contacto de la Academia se unía a la reunión.
—¿Estás bien?
Me sorprendí, olvidando por un momento que Alec no había seguido a sus amigos fuera de la camioneta. En cambio, se había acomodado en su asiento, su atención puesta en mí en todo el tiempo que había estado perdida en mis pensamientos.
Me tensé.
—Por supuesto.
Su mirada de fuego claramente dudando de mi rápida respuesta.
—¿Por qué no lo estaría?
Sí, ¿por qué no estaría contenta con el hecho de que habían encontrado a Zoe y ahora la trasladaban a un lugar seguro, incluso si era en contra de sus deseos? Por no mencionar que estaba atrapada en el interior de un vehículo con desconocidos dónde claramente no era bienvenida del todo.
¿Qué, en toda esta situación, podía hacerme sentir nada menos que bien?
Alec alzó una ceja perfectamente definida.
Uf, después estaba esa situación. Esa extraña tensión tirando de ambos, la manera en que parecía percibir hasta el más leves de mis suspiros, siempre pendiente de mí. No estaba acostumbrada a esto, a importarle tanto a otra persona.
No sabía qué hacer con lo que esa atención producía dentro de mí.
—Lo que le dijiste a Lanka…
Mi pecho se cerró, acortando mi respiración. Por supuesto que él no olvidaría eso.
—Sobre tus... cicatrices—sus ojos fueron a mi mejilla derecha, como si pudiera ver la marca a través de la tela del velo —¿Es verdad?
Suspiré, jugueteando con los hilos sueltos de mi abrigo para tener algo que hacer con las manos.
—¿Qué parte exactamente?
—¿Nunca te quitas el velo? ¿Sólo para cazar?
Me encogí de hombros. Muchos asesinos tenían rituales extraños, no creía que el mío fuera la gran cosa.
—No me molesta cubrirme —argumenté —también evita tener que responder preguntas incómodas de gente demasiado curiosa.
Y miradas de lástima. O de horror.
No necesité decirlo en voz alta para que adivinara el resto.
—¿Y cuándo estás con gente...de confianza?
Lo miré.
—Ya sabes, gente como...tu novio.
Giré los ojos, mirando hacia la ventana. Fuera, Lanka y Will estaban en un enfrentamiento de espadas con ramitas caídas.
—Mason no es mi novio —expliqué —él es...la única familia que conozco.
La mirada de Alec siguió la mía, asintió como si entendiera. Y sospeché que él sentía lo mismo por su equipo. Eran su familia. Con todas las complicaciones que eso conllevaba.
Y yo era una intrusa.
Una camioneta negra se detuvo frente a nosotros, alertándonos. Will y Lanka dejaron de jugar para volver al trabajo, acercándose mientras Alec y yo salíamos del vehículo. Todos en tensión mientras esperábamos que el recién llegado se presentara; los vidrios tintados no nos daban una pista de a quién debíamos darle la bienvenida.
Cedí a mi pedido interno y extendí mi poder hacia la camioneta oscura, mi mente acariciando cualquier posible entrada en el interior; una caricia contra un muro me dejó saber que el recién llegado tenía sus defensas en alto, pero algo en la barrera encendía mis propias alarmas.
Acaso…
La puerta del conductor fue la única en abrirse, dejándonos saber que el recién llegado viajaba solo. Una pierna bajó, botas de motociclista encontrando el pavimento; medio cuerpo salió a la vista y una sonrisa se apoderó de mi boca.
Me acerqué rápidamente, ignorando la confusión de todos. El recién llegado me lanzó una sonrisa engreída antes de alzarme en un abrazo, haciéndonos girar, ignorando que teníamos público.
—Bájame, idiota.
Cedió, no sin antes girarme una vuelta más, causando que me fuera imposible mantenerme seria.
—¿Idiota? ¿Así es como me recibes? ¿Después de nuestro tiempo separados?
Lo empujé juguetonamente, pero por supuesto él hizo toda una escena de ello, retrocediendo varios pasos.
—Mason, literalmente nos vimos hace menos de veinticuatro horas.
Él se encogió de hombros, acercándose y cruzando un brazo sobre mis hombros, encaminándonos hacia el resto del grupo.
—Una eternidad.
Nos detuvimos frente a mi nuevo equipo, una mirada curiosa en Lanka y Will; pero fue el semblante antipático de Alec el que llamó mi atención.