Aquel a quien llaman intenso y obsesivo.

Capítulo IV. Aquel chico, yo, y mi otro yo.

Enloquecido en este mar tormentoso, existe alguien más. Aquel chico y yo no estamos solos. Mi otro yo es… extraño, ciertamente extravagante. No todos lo conocen bien, pues solo llegan a ver la capa exterior, con una apariencia nada amigable a la vista, como de pocos amigos. Pero en confianza, ese otro yo es bastante amigable, y… ¿loco? Ciertamente estúpido. Entra en confianza, y se siente en casa. Irónicamente, en el lugar que es su hogar, se aloja una persona similar, pero no es la misma del todo. Es distinta, porque claro, ¿Qué podrían pensar los padres si ven a su hijo realizando idioteces?

Aún así, aquellos que conocían a ese “yo” sin límites, se volvían amigos incondicionales, y no fue hasta el día en que la conocí, que por primera vez, alguien no solo lo aceptó en amistad, sino que también lo aceptó de forma romántica. El lugar en donde se sentía en casa, pasó a ser su verdadero hogar. El verdadero protagonista de esta historia. El más expresivo, sorpresivo, intenso, bastante extrovertido cuando está con quienes confía plenamente, sintiéndose seguro de ser él mismo.

Pero los pensamientos llegaban. Comenzaban a atormentar. El sobre pensamiento era el pan de cada día, o más bien, el de cada noche. Debido a la intensa forma de ser del otro yo, era demasiado sensible, pero eso ya lo sabemos.

¿Y quién era, o quiénes eran aquellos que provocaban esta situación? Nada más ni nada menos que… nosotros mismos. Cada pensamiento negativo, cada pensamiento que criticaba nuestra forma de ser, cada pensamiento que quería negar cada aspecto que consideraba horrendo… venía de nosotros.

Conflictos internos de horas, días, incluso semanas… no dejaban descansar al cerebro, tanto fue el cansancio, que ni siquiera el mismo voleibol me hacía volver a anhelar.

Ser más inteligente, tener un mejor físico, ser mejor en mi deportefavorito, ser más atractivo, ser más gracioso, ser más estable emocionalmente, tener más dinero… no ser yo.

Pasé mucho tiempo creyendo que mi otro yo debía esconderse, que debía desaparecer, porque cualquier persona es mucho mejor que ese otro yo. No puedo dejar de desear de ser mejor, porque tal vez así, alcanzar mi objetivo hubiera sido algo realmente posible. Pero, llegue a entender que las personas que realmente importaban nunca me pidieron dejar de ser él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.