Aquello que tuve que destruir, para ser quien era

capitulo 4 - La boda

Diana ♠

Capítulo 4 – La boda

4 días después – 30/07/23

Es domingo. Hoy es la boda.
Nos levantamos a las ocho; la ceremonia empieza a las once. Tiendo mi cama, me pongo ropa de casa y salgo a la sala.

—Buenos días, ma —le digo, mientras la veo planchar el vestido de Emily.
—Buenos días, hija —responde, levantando la mirada un instante antes de seguir con lo suyo.

Voy al cuarto de Julieta. Aún duerme. Siempre llegamos tarde a los lugares, pero todavía es temprano, así que la dejo descansar un poco más. Lucas ya está despierto, ordenando su cama. Emily sigue en su mundo, y de papá ni rastro.

El desayuno ya está listo. Voy a la cocina, me sirvo, como tranquila y después me baño. El agua fria me despeja por completo. Me lavo los dientes, me arreglo frente al espejo y elijo mi vestido: uno amarillo, largo, con mangas abullonadas. Lo acompaño con unas ballerinas blancas y el cabello suelto, apenas recogido con ganchitos en una media cola. Rocío un poco de mi perfume Merci y reviso que todo esté en orden.

Al mirarme, no puedo evitar sonreír. Me veo… bien. Natural.
Y ojalá lleguemos a tiempo, aunque conociéndonos…

Ay, nos van a matar. Siempre llegamos tarde.
—Gracias, conciencia, por el ánimo. Eres la “mejor”.
De nada, es la verdad. Soy la mejor.
—Ajá, sarcasmo.
Igual es verdad.
—Como sea.

A las diez cuarenta estamos, milagrosamente, en la camioneta. El lugar no queda tan cerca, así que demoraremos. Julieta lleva un vestido celeste y el cabello semirrecogido, los rizos cayendo por sus hombros. Lucas, impecable en su traje negro con camisa blanca. Emily, en lavanda, y mamá con un vestido rosa pálido que le sienta perfecto.

—Pórtense bien, chicos, y con cuidado —dice mamá desde el copiloto, mientras papá conduce.
Nos sigue tratando como si tuviéramos cinco años.
—Está bien, mamá —respondemos casi al unísono, menos Emily.
—¿Y tú, Emily? —pregunta mamá girándose.
—Sí, mami.
—No corras, ¿sí? Podrías ensuciarte o caerte.
—Está bien, mami.

Su vocecita… ay, cómo irrita a veces. Pero bueno, es mi hermana. Qué le voy a hacer.

El viaje transcurre entre conversaciones cortas. Una hora después llegamos al centro de eventos: un lugar rodeado de verde, con flores por todas partes y una plataforma de madera sobre el césped. Las mesas están decoradas con tonos crema y dorado, y por suerte tenemos una reservada. Si no, habríamos terminado parados.

Nos ubicamos en la mesa con nuestro nombre y… JODER.
Una mesa más allá está Joel. Con Emilio, Luci —la hermana de Emilio— y algunas amistades más.

El corazón me da un salto.
Julieta se sienta de espaldas a ellos, y yo, de lado. Desde ahí lo veo perfectamente. Lucas está a mi derecha.

La ceremonia ya ha empezado, por lo visto, tarde. Anuncian la entrada de la novia. Es preciosa, con un vestido blanco de escote en V y una falda amplia que parece flotar. Sostiene un ramo de rosas y sonríe radiante.
Mamá se emociona y nos dice que miremos. Lo hago. El novio la espera, y cuando se toman las manos, algo en el ambiente se vuelve cálido, casi mágico.

Algún día, quizá, me toque a mí.
Aunque lo dudo… lo más probable es que pise el cementerio antes que el altar.
Buen pensamiento, optimista.
—Gracias, conciencia, siempre apoyando.

Durante la ceremonia, mis ojos se escapan hacia Joel. Lleva una camisa blanca, simple, pero se le ve increíble. Los rizos le caen con desorden calculado, y la luz le acaricia el rostro.

Ufff, divino.
—Se ve bien, cállate. No es el momento.
Ajá, ajá… como digas.

Disimulo. Ventajas: una puede mirar sin ser descubierta.
Mientras reparten la comida —ocopa, humitas y luego un lomo salteado vegetariano—, trato de concentrarme, pero mis ojos vuelven a él. Y entonces se gira.
Me mira.

Su mirada es profunda, marrón, pero algo opaca. Triste, quizá.
Demasiado bonito para tener una mirada así.
Y ahí estoy, embobada, hasta que vuelve la música y el murmullo de los invitados me saca del trance.

Trato de distraerme hablando con Juli.
—Suerte la tuya, nena, te encontraste a tu novio —le digo en broma cuando vamos al baño.
—Sí, está guapo. También está su primo —responde con una sonrisa traviesa.
—Ajá, sí lo vi. Está simpático —digo, evocando la imagen de Joel.
—¿Tú diciendo eso? ¿Quién eres y qué hiciste con mi hermana?—se ríe.
—Olvídalo. Es la verdad, tendrías que estar ciega para no notarlo.
—Bueno, cambio de tema. ¿Viste si Emilio hablaba con alguien?
—Solo con un amigo. No seas celosa.
—Él también es celoso, así que estamos a mano.
—Mientras no se vuelvan tóxicos… —respondo divertida.
—Algún día nos casaremos. Tú serás mi dama de honor.
—Bueno, me avisan —le digo riendo.

Nos arreglamos frente al espejo y regresamos. Mamá nos mira con cara de “cuidadito nomas”, pero la ignoro. La tarde sigue entre charlas, música y fotos. Cuando por fin volvemos a casa, papá toma un desvío hacia la playa.

El aire huele a sal y a libertad.
—¿Qué tal la pasaron, chicos? —pregunta papá.
—Bonito, la ceremonia fue linda —respondo.
Lucas coincide. Juli también. Emily dice que le gustó la novia. Mamá sonríe satisfecha.

Miro el reloj. Son las tres y media.
Abro el móvil y veo una publicación de Emilio sobre un concierto de música clásica en el teatro municipal, para mañana. Me reenvío el afiche: fondo azul con negro, letras blancas, entrada gratuita. Quizá vaya.

Al llegar a la playa, el cielo brilla en un azul profundo. Mamá saca del maletero un bolso con toallas y ropa de baño nueva. Me pongo un bikini lavanda claro de dos piezas, tipo short abajo. Cubre mis cicatrices. Juli elige uno verde manzana pastel. Nos queda bien.




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