Martes, 19 de julio de 2017
08:40 a. m.
Las vacaciones de invierno habían terminado y los pasillos de la Secundaria Agustín Julio volvían a llenarse de alumnos.
Para los estudiantes de primer año, el regreso significaba también un cambio de taller.
El profesor esperó a que todos ocuparan sus lugares antes de tomar un fibron y escribir en el pizarrón.
—Buenos días. Como ya saben, a partir de esta semana comenzarán con Hojalatería. Será un poco más exigente que el taller anterior, así que espero que trabajen con responsabilidad.
Los alumnos comenzaron a copiar las indicaciones.
En una de las últimas filas, Fran, Macor, Abel y Navarro compartían el mismo banco de trabajo.
—Hay que aprovechar lo que queda del año —comentó Macor mientras apoyaba el lápiz sobre la carpeta—. Che... ¿al final qué pasó con lo de la directora?
Fran siguió escribiendo unos segundos antes de responder.
—Después de salir de la clase me llamó otra vez a Dirección. Me bajaron puntos de conducta.
Macor soltó una pequeña risa.
—Era de esperarse.
—Puede ser... pero no pienso pedir disculpas por haber dicho lo que pensaba.
Navarro sonrió de costado.
—Me gusta esa faceta rebelde que te está saliendo.
Mientras hablaba, acomodó las manos debajo del banco. Fran alcanzó a notar unos pequeños raspones sobre sus nudillos, aunque Navarro los ocultó enseguida, como si no quisiera dar explicaciones.
Fran decidió no preguntar.
Miércoles, 15:30 p. m.
Al ingresar al aula, los alumnos encontraron a dos integrantes del gabinete psicopedagógico esperándolos.
Uno de ellos, un hombre de cabello muy corto, tomó la palabra.
—Buenas tardes. Nosotros formamos parte del gabinete de la institución. Nuestro trabajo es acompañarlos durante el año y ayudarlos cuando lo necesiten.
Después repartió una hoja en blanco a cada estudiante.
—Quiero que escriban qué opinan de la escuela hasta el momento. No se preocupen por poner "la respuesta correcta". Lo importante es que sean sinceros.
Los alumnos comenzaron a escribir.
Nazareno apoyó el codo sobre el banco y murmuró en voz baja:
—Va a ser divertido ver si de verdad aceptan nuestras opiniones.
Fran sonrió sin levantar la vista del papel.
Varios minutos después, el hombre pasó recogiendo las hojas.
Las hojeó rápidamente antes de guardarlas en una carpeta.
—Cada uno tiene una visión distinta de la escuela. Es normal. Recién están comenzando el camino y todavía les queda mucho por descubrir.
Con una sonrisa amable, abandonó el aula.
Jueves, 11:00 a. m.
Mientras terminaba de prepararse para ir a la escuela, el celular de Francisco vibró sobre la cama.
Leyó el mensaje.
Su expresión cambió por completo.
—No puede ser...
Sin perder tiempo, tomó la mochila y salió de su casa.
Cementerio
El aire era frío y el silencio dominaba el lugar.
Abel permanecía sentado sobre un banco de cemento, con la mirada perdida entre las lápidas.
Al escuchar unos pasos levantó la cabeza.
Eran Fran, Macor, Navarro y Nazareno.
—Lo sentimos mucho, Abel —dijo Macor con voz baja.
El muchacho asintió.
—Gracias... Mi abuelo falleció ayer. Hoy vinimos a despedirlo.
Su voz comenzó a quebrarse.
Fran se sentó a su lado y lo abrazó sin decir una palabra.
A veces el silencio era suficiente.
—No estás solo —dijo finalmente.
Abel cerró los ojos y respiró hondo.
—Gracias... en serio.
Los cuatro permanecieron junto a él durante varios minutos, acompañándolo en aquel difícil momento.
Lunes, 23 de octubre de 2017
16:38 p. m.
Durante el recreo, Francisco permanecía sentado en uno de los bancos del patio con un pequeño cuaderno apoyado sobre las piernas.
Era su diario personal.
Con la lapicera entre los dedos comenzó a escribir lentamente.
"Han pasado muchas cosas desde la muerte del abuelo de Abel. Siento que todos cambiamos un poco."
Se detuvo unos segundos para observar el patio antes de continuar.
"Navarro cada vez fuma más marihuana. Macor sigue sin tomarse en serio las clases, aunque creo que, en el fondo, no le importa lo que los demás piensen de él."