Argentina Grafiti.

Capítulo 5: Come tierra

Miércoles, 10:19 a. m.

En la tienda del barrio

Camila acomodaba botellas en una de las góndolas cuando la campanilla de la puerta anunció la llegada de un cliente.

Al levantar la vista encontró a Nicol entrando con una sonrisa cansada.

—Hola, Cami.

—¡Hola! ¿Cómo andás?

Nicol recorrió el local con la mirada antes de acercarse al mostrador.

—Che... ¿vas a ir al baile de verano?

Camila negó lentamente con la cabeza.

—No creo.

—¿Por qué?

La muchacha bajó la vista hacia las botellas que seguía acomodando.

—Porque nadie me invitó... y, además, mi mamá dice que ese vestido amarillo me hacía ver ridícula.

Su voz apenas era un murmullo.

Nicol permaneció unos segundos en silencio.

—No le hagas caso.

Camila levantó la mirada.

—Ya va a aparecer alguien que te invite. Pero, aunque no pase, eso no cambia quién sos.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Camila.

—Gracias.

Nicol le devolvió la sonrisa antes de dirigirse hacia el sector de farmacia.

Tomó una prueba de embarazo del estante, la llevó hasta la caja, pagó en silencio y salió del negocio con el corazón latiéndole cada vez más rápido.

Viernes, 12:38 p. m.

En el bosque

Una ligera neblina cubría el sendero en donde Gallego esperaba apoyado contra un árbol cuando escuchó unos pasos acercándose dejando ver como se trataba de Gabriel que apareció entre la bruma.

—¿Qué querés?

Gabriel sacó un papel doblado del bolsillo y se lo mostró.

—Necesito esto.

Gallego apenas le echó un vistazo en donde negó con la cabeza.

—No vendo esa clase de cosas.

Se dio media vuelta dispuesto a marcharse.

—Gallego...

La voz de Gabriel lo detuvo.

—Vos y yo tenemos un trato.

Gallego permaneció inmóvil.

Gabriel dio un paso más.

—Y sabés muy bien que, si no me ayudás, hay ciertas cosas que tu mejor amigo podría enterarse.

El silencio cayó entre ambos haciendo que Gallego aprete la mandíbula durante unos segundos pareció debatirse entre marcharse o responder, pero finalmente abrió la mochila y sacó una pequeña bolsa.

Se la entregó sin mirarlo.

Gabriel sonrió con satisfacción.

—¿Viste? Hablando se entiende la gente.

Guardó la bolsa en el bolsillo y desapareció entre la neblina en donde Gallego permaneció solo, con la mirada fija en el camino por donde el muchacho se había ido y por primera vez en mucho tiempo sintió que alguien lo tenía completamente acorralado.

Viernes, 19:51 p. m.

En la casa de Francisco

Fran bajó las escaleras después de escuchar que llamaban a la puerta al salir encontró a Luka esperándolo en la vereda en donde llevaba un pequeño ramo de flores en las manos.

Fran sonrió con sorpresa.

—¿Y esto?

Luka se encogió de hombros, algo avergonzado.

—Quería pedirte disculpas. Me fui de golpe el otro día y sentí que había quedado todo medio raro.

Le extendió las flores.

—Son para vos.

Fran las recibió sin poder ocultar la sonrisa.

—Gracias... no hacía falta.

Durante unos segundos ninguno habló el silencio no resultaba incómodo dejando ver como Luka dio un paso hacia adelante en donde quedaron muy cerca el uno del otro parecía que alguno de los dos iba a decir algo importante. Entonces sonó el teléfono de la casa los dos se sobresaltaron.

Fran lanzó una breve risa.

—Siempre pasan estas cosas.

Entró rápidamente para atender apenas respondió, reconoció la voz de Nicol y su expresión cambió por completo, la conversación fue breve para después cuelgue despacio y regresó a la puerta.

—Era Nicol.

Luka notó inmediatamente la preocupación en su rostro.

—¿Qué pasó?

—Ya tiene el resultado.

El silencio volvió a instalarse entre ambos.

Luka miró el ramo que Fran todavía sostenía entre las manos y luego levantó la vista.

—¿Querés que vaya con vos?

Fran asintió sin dudar.

—Sí... me vendría bien no ir solo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.