Argento

Capítulo 11: Fragmentos de Verdad

El caos en la galería había alcanzado su punto álgido, y Elara podía sentir el fuego del peligro al acecho, una mezcla ardiente de pasión y temor palpitando en su interior. Las llamas iluminaban el oscuro cielo mientras el rugido de las sirenas crecía, y la presencia de Clara la hacía sentir como si estuviera atrapada en un juego de sombras.

“¡Valen!” Elara gritó, el pánico surgiendo de su pecho al ver cómo su rostro se tornaba más firme, decidido a enfrentar a Clara. “No podemos permitir que esto nos consuma. No así.”

“Debemos irnos ahora,” dijo Valen, su voz intensa. “La galería ya no es nuestro refugio. Clara está aquí para desafiar lo que hemos comenzado, y no vamos a dejar que eso ocurra.”

Clara sonrió, pero era una sonrisa cargada de ironía. “No puedes huir de lo que eres, Valen. Estás atado a tu pasado como una cadena; es la única manera en que sabes cómo sobrevivir.”

La rabia de Elara creció ante las palabras de Clara. “No voy a permitir que la duda te consuma. Valen y yo hemos construido algo verdadero, y no dudaré en protegerlo de lo que sea necesario.”

La situación se tornaba cada vez más tensa, la multitud dispersándose alrededor de ellos, gritos y sirenas resonando en el aire. Sin embargo, la respuesta que esperaban de Valen no tardó en llegar. “Clara, esto ya no es sobre nosotros. Estoy buscando la verdad, y no quiero que te interpongas en ese camino.”

“¿La verdad? ¿Y qué trae eso, Valen?” Clara replicó, su voz punzante. “Hay secretos en el pasado que no has considerado. A veces, los lazos que tenemos son más fuertes que el propio amor. No te dejes engañar por lo que sientes ahora mismo.”

Elara sintió que un frío recorrió su columna; la mirada de Clara era igual de peligrosa que el fuego que había consumido la galería. “No seré parte de un juego. Si lo que compartimos es real, Valen, debemos enfrentarlo sin importar las sombras que nos persigan,” dijo.

“Conozco los peligros de nuestro amor, Elara. Pero quiero enfrentar esa verdad contigo, y no con Clara como un constante recordatorio de mis ciclos,” respondió Valen, su voz temblando de determinación. La intensidad de sus palabras resonaba en el corazón de Elara, encendiendo la chispa de su deseo por él.

“Entonces, demuéstralo,” Clara dijo, su tono lleno de desdén. “Si realmente piensas que Elara puede ser tu camino hacia la salvación, veamos cuánto tiempo puedes mantener esa ilusión.”

El caos a su alrededor únicamente crecía, el fuego se extendía y uno de los cuadros más simbólicos del estudio se consumía en llamas. Elara sintió que su corazón se hundía ante la destrucción de aquello que había significado tanto para Valen.

“¿Por qué estás aquí, Clara? ¿Es para atormentarnos? ¿Para recordarnos lo que se ha ido?” Valen preguntó, su voz llena de pesadez. “Lo que hemos compartido no es un juego para mí, y creo que lo sabes.”

“Sabes que esto no terminará bien,” Clara contestó, su mirada afilada y burlona. “Hay verdades que no estás dispuesto a ver. El deseo te ciega, Valen, y como todas las llamas, a menudo transforma lo que toca.”

Elara se preguntó si Clara realmente podía ver más allá de lo que había compartido con Valen, pero sabía que no dejaría que su palabra la definiera. “Estamos aquí. Lo que me une a Valen es más fuerte que tus advertencias. Los secretos y el dolor no nos separarán.”

En medio de todo el caos, una señal de esperanza se alzaba entre las sombras, el deseo pulsando y reclamando su lugar frente a las dudas que Clara intentaba lanzar sobre ellos. La conexión entre Elara y Valen era palpable, un fuego que no podía ser extinguido por la tormenta exterior.

“Debemos salir de aquí. Esto no es solo una galería, es un campo de batalla,” dijo Elara, tomando la mano de Valen con decisión. “Vamos a enfrentarlo juntos; no permitiremos que nos consuman las llamas, sino que nos empoderamos.

Valen asintió, como si sintiera la fuerza en sus palabras. “Tienen razón. No voy a dejar que Clara sea mi legado. Quiero crear algo más grande, algo que la haga desaparecer en la distancia.”

“Afrontémoslo, Valen. Juntos,” repitió Elara, sus corazones latiendo al unísono mientras se dirigían al centro de la galería. Sin importar las amenazas que enfrentaban, sentían que su amor podría desafiar la oscuridad. La intensidad de su conexión chisporroteaba en el aire, y el deseo por salir victoriosos se volvía cada vez más palpable.

Pero justo cuando estaban a punto de cruzar la salida, una fuerte explosión retumbó detrás de ellos. Las llamas habían alcanzado el punto crítico, y el sonido hizo que todos en la galería cayeran en un silencio súbito.

“¡Cuidado!” Valen gritó mientras tiraba de Elara hacia la seguridad. En ese momento, la presión de la situación se volvió insoportable. Clara también retrocedió, asumiendo que esta era la única opción a seguir.

El fuego iluminaba sus rostros, transformando la galería en un laberinto de sombras y esperanza. “¡Vámonos!” Valen exclamó una vez más, su voz firme mientras empujaba hacia la salida.

Con cada paso que daban, Elara sentía que el deseo de aferrarse a lo que compartían se convertía en su motor. Nunca habían sentido una conexión tan fuerte; la lucha por lo que querían definiría quiénes eran.

Una vez fuera, la calle vibraba con la tensión de lo ocurrido, el aire fresco chorreando sobre ellos. Pero de repente, una sombra se abalanzó sobre ellos desde detrás. Sin previo aviso, un grupo de personas emergió entre la multitud, y Elara se sintió amenazada por la incertidumbre agonizante.

“¿Qué demonios sucedió en la galería?” preguntó uno de ellos, su tono desafiante mientras se movía hacia Valen, su mirada entrecerrada en complicidad. “Parece que nunca aprendes. El fuego fue solo el principio de lo que se desata aquí.”

Toda la determinación de Valen se enfocó en el desconocido. “No es tu elección cómo se digieren las cosas. No aparezcas y pienses que puedes dictar mi vida.”




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