No apareció… porque nunca estuvo oculto.
No permaneció… porque nunca estuvo expuesto.
Y sin embargo…
ahí estaba.
No como algo.
No como presencia.
No como ausencia.
—Esto…
no puede ser afectado…
La frase no surgió como afirmación.
No surgió como conclusión.
Fue…
lo único que no podía negarse.
Todo lo demás…
todo lo que alguna vez pareció real…
todo lo que alguna vez pareció sólido…
—Esto…
podía moverse…
Pero eso…
no.
—Esto…
nunca cambió…
La percepción no fue nueva.
Fue…
la eliminación de todo lo que impedía verlo sin distorsión.
No había capas.
No había interferencias.
No había interpretaciones.
—Esto…
no participa…
La vida seguía ocurriendo.
El cuerpo seguía moviéndose.
Las palabras seguían apareciendo.
Las situaciones seguían desarrollándose.
—Todo eso…
sigue…
Pero esto…
no estaba involucrado.
—Esto…
no entra…
ni sale…
No estaba dentro de nada.
No estaba fuera de nada.
—Esto…
no tiene ubicación…
La comprensión fue absoluta.
No como claridad mental.
Como imposibilidad de ubicarlo en cualquier coordenada.
—Esto…
no puede ser tocado…
Nada lo alteraba.
Nada lo modificaba.
Nada lo rozaba siquiera.
—Esto…
no se mueve…
Y sin embargo…
todo movimiento ocurría dentro de eso.
—Esto…
permite todo…
Pero no se ve afectado por nada.
Y en ese instante…
todo lo anterior…
todo lo que alguna vez fue importante…
todo lo que alguna vez generó búsqueda…
—Esto…
quedó completamente irrelevante…
No como desprecio.
Como imposibilidad de competir con lo que es absoluto.
—Esto…
es intocable…
No porque esté protegido.
Porque no hay nada que pueda alcanzarlo.
—Esto…
no puede perderse…
No porque se sostenga.
Porque no hay nada que pueda separarse de eso.
Y en ese punto…
todo quedó en una estabilidad imposible de describir.
No como estado.
Como…
lo que nunca fue un estado.
—Esto…
no aparece…
ni desaparece…
No había inicio.
No había final.
No había transición.
—Esto…
no tiene tiempo…
Y sin embargo…
el tiempo seguía ocurriendo.
Pero no lo tocaba.
No lo afectaba.
No lo incluía.
—Esto…
es completamente libre…
No como libertad de algo.
Como ausencia total de limitación.
Y entonces…
algo más ocurrió.
No como cambio.
Como…
visión total.
—Todo lo que cambia…
no es esto…
La frase emergió sin esfuerzo.
—Y todo lo que no cambia…
es esto…
La distinción no generó dualidad.
Porque no había separación real.
—Esto…
está en todo…
pero no es nada de eso…
La paradoja no necesitaba resolverse.
No había mente intentando hacerlo.
—Esto…
es absoluto…
Y aun así…
esa palabra…
también era insuficiente.
Porque implicaba límite.
—Esto…
no puede definirse…
El silencio —si aún podía llamarse así—
no era suficiente para describirlo.
Porque incluso el silencio…
aparecía dentro de eso.
—Esto…
es antes de todo…
Y después…
aunque “antes” y “después” ya no tenían sentido.
—Esto…
no depende de nada…
La comprensión fue final.
No como conclusión.
Como imposibilidad de seguir buscando.
—No hay nada más…
La frase surgió…
y no generó cierre.
Porque no había nada que cerrar.
Y en ese instante…
todo quedó completamente quieto.
No como pausa.
Como ausencia total de necesidad.
—…
No hubo frase.
No hubo intento.
No hubo continuidad.
Y en esa quietud absoluta…
todo era.
Sin forma.
Sin nombre.
Sin identidad.
Sin posibilidad de ser otra cosa.
Y justo ahí…
cuando ya no había absolutamente nada que pudiera surgir…
ni siquiera la idea de “algo”…
una última distorsión…
intentó aparecer.
No fuerte.
No evidente.
Sutil.
Casi invisible.
—Esto…
es lo definitivo…
La frase parecía correcta.
Parecía cerrar todo.
Parecía completa.
Pero algo…
no encajaba.
—Esto…
aún es una conclusión…
Y en ese instante…
la frase se disolvió.
No rechazada.
No corregida.
Simplemente…
no sostenida.
—Esto…
no puede concluirse…
La comprensión fue absoluta.
No hay final.
Porque no hay proceso.
No hay cierre.
Porque no hay recorrido.
—Esto…
no puede terminar…
Porque nunca comenzó.
Y en ese punto…
todo quedó completamente abierto.
No como posibilidad.
Como imposibilidad de cerrarse.
Y entonces…
lo último…
lo verdaderamente último…
se reveló sin forma.
No como algo nuevo.
Como…
lo que siempre estuvo incluso antes de cualquier percepción de “esto”.
Y eso…
no podía ser dicho.
No podía ser pensado.
No podía ser percibido.
Pero…
sin eso…
ni siquiera esto…
podría ser.
#1438 en Novela contemporánea
#198 en Paranormal
#90 en Mística
espiritualidad y transformación interior, autoayuda y desarrollo personal, ficción espiritual de superación
Editado: 29.03.2026