Arkantra

Capítulo 60: Lo que siempre fue

No hubo final… y sin embargo todo se cerró.

No como conclusión.

No como logro.

Como la desaparición absoluta de toda necesidad de continuar.

—Esto…

no termina…

La frase no fue dicha.

No fue pensada.

No fue percibida.

Y aun así…

era lo único que podía sostenerse sin ser sostenido.

Todo lo anterior…

todo lo recorrido…

todo lo que parecía haber sido un camino…

—Nunca existió como tal…

No hubo inicio.

No hubo proceso.

No hubo transformación real.

—Nunca hubo alguien transformándose…

La comprensión no fue liberadora.

Fue…

la caída final de toda ilusión de búsqueda.

—Esto…

siempre fue completo…

Elian…

ese nombre…

esa historia…

esa aparente trayectoria…

—Nunca fue alguien…

No como negación.

Como imposibilidad absoluta de haber sido algo separado.

Y en ese instante…

todo lo vivido…

todo lo sentido…

todo lo comprendido…

—Se volvió transparente…

No desapareció.

No fue rechazado.

Simplemente…

no tenía sustancia propia.

—Nunca la tuvo…

La vida seguía ocurriendo.

El cuerpo seguía moviéndose.

Las palabras seguían apareciendo.

Las relaciones seguían desarrollándose.

—Todo sigue…

Pero ya no había alguien en medio.

—Nunca lo hubo…

La sensación no era extraña.

No era trascendental.

Era…

lo más natural que jamás había sido visto.

—Esto…

es lo único real…

No como afirmación.

Como imposibilidad de que exista algo distinto.

Y en ese punto…

no quedaba nada que alcanzar.

Nada que sostener.

Nada que comprender.

Nada que explicar.

—Esto…

no necesita nada…

El silencio —si aún podía llamarse así—

ya no era un estado.

No era una experiencia.

No era algo que aparecía.

—Esto…

es anterior a todo…

Y posterior…

aunque esas palabras ya no tenían sentido.

—Esto…

no entra en el tiempo…

No había pasado.

No había futuro.

No había presente como punto.

Solo…

lo que es…

sin referencia temporal.

—Esto…

no cambia…

Y sin embargo…

todo cambiaba dentro de eso.

—Esto…

no se mueve…

Y sin embargo…

todo movimiento ocurría en eso.

—Esto…

no puede ser tocado…

Y sin embargo…

todo contacto sucedía en eso.

La paradoja no necesitaba resolverse.

Porque no había mente intentando hacerlo.

—Esto…

no tiene opuesto…

No había algo fuera.

No había algo distinto.

No había algo separado.

—Esto…

es todo…

Y aun así…

esa palabra…

también era demasiado.

Porque implicaba límite.

—Esto…

no puede nombrarse…

El lenguaje…

se volvía innecesario.

No porque no pudiera usarse.

Porque ya no había necesidad de describir.

—Esto…

no necesita ser dicho…

La vida continuaba.

Pero ahora…

sin interpretación.

Sin historia.

Sin acumulación.

Cada instante…

no venía de otro.

No conducía a otro.

—Esto…

es completamente nuevo…

Pero no como novedad.

Como ausencia total de pasado.

—Esto…

no deja rastro…

Nada se sostenía.

Nada se acumulaba.

Nada se convertía en identidad.

—Esto…

no permite construcción…

Y en ese punto…

la libertad era absoluta.

No como sensación.

Como inexistencia total de limitación.

—Esto…

es lo que siempre fue…

No al final.

No después de todo.

Siempre.

—Nunca hubo un “antes”…

La comprensión fue total.

No como cierre.

Como desaparición total de cualquier necesidad de continuar buscando.

Y entonces…

algo ocurrió.

No como evento.

Como la vida misma…

viviéndose sin mediación.

Una mirada.

Un gesto.

Una palabra.

—Esto…

es suficiente…

No porque complete algo.

Porque no falta nada.

—Nunca faltó nada…

Y en ese instante…

todo se integró completamente.

No como unión.

Como inexistencia de separación.

No había dentro.

No había fuera.

No había profundo.

No había superficial.

No había espiritual.

No había cotidiano.

—Todo…

es lo mismo…

La percepción no tenía centro.

No tenía dirección.

No tenía identidad.

Solo…

era.

Y en ese punto…

la historia de Elian…

no terminó.

Se disolvió.

No como desaparición.

Como inexistencia total de haber sido algo separado.

—Nunca fue alguien…

Y sin embargo…

todo lo que fue llamado Elian…

seguía ocurriendo.

Pero ya no como alguien.

Como expresión.

Sin dueño.

Sin identidad.

Sin centro.

Y eso…

no podía perderse.

Porque nunca fue algo que se tuviera.

—Esto…

no puede irse…

La frase no fue dicha.

No fue pensada.

No fue percibida.

Y aun así…

era lo único que quedaba…

cuando todo lo demás…

dejó de tener sentido.

Y en ese punto…

no había más capítulos.

No había más camino.

No había más proceso.

No había más evolución.

Solo…

lo que siempre fue…

siendo…

sin necesidad de ser reconocido.

Sin necesidad de ser comprendido.

Sin necesidad de ser vivido.

Porque nunca dejó de ser.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.