Arkantra — Despierta el poder interior que guía tu destino.

Capítulo 2: El umbral de lo invisible

Cuando Elian abrió los ojos, el mundo ya no era el mismo… o tal vez era él quien había cambiado demasiado rápido para poder reconocerlo.

El aire era distinto. No más puro… sino más vivo. Cada partícula parecía vibrar con una energía que no podía ver, pero sí sentir. Era como si el espacio mismo respirara, como si todo estuviera conectado por un pulso invisible que latía en perfecta armonía.

Elian se incorporó lentamente. El suelo bajo sus manos no era asfalto, ni madera, ni tierra común. Era una superficie suave, luminosa, que parecía reaccionar a su contacto, expandiendo leves ondas de luz cada vez que se movía.

—¿Dónde estoy…? —susurró, pero su voz no sonó como antes. Tenía una profundidad distinta, como si su propio ser resonara con algo mayor.

Entonces lo recordó.

El libro.

La luz.

La frase.

Elian se llevó las manos al pecho. Su corazón latía fuerte, pero no con miedo. Era otra cosa. Era… intensidad. Presencia.

De pronto, una sensación lo atravesó. No venía de afuera. Venía de dentro.

Un pensamiento que no parecía suyo… pero que lo era al mismo tiempo.

“Bienvenido.”

Elian giró sobre sí mismo, alerta. Esta vez no sintió miedo. Sintió… curiosidad.

El paisaje comenzó a revelarse ante él como si hubiera estado oculto bajo un velo invisible. Montañas flotantes suspendidas en el cielo, conectadas por puentes de luz. Cascadas que caían hacia arriba en lugar de descender. Árboles cuyas hojas brillaban con colores imposibles, como si cada una contuviera una emoción distinta.

Y en el horizonte… una ciudad.

Pero no era una ciudad común. No había edificios rígidos ni estructuras frías. Todo parecía orgánico, como si hubiera sido creado por la misma conciencia del lugar. Torres que se elevaban como extensiones naturales del suelo, con formas suaves, armónicas, vivas.

Elian sintió que algo lo atraía hacia allí.

Un llamado silencioso, imposible de ignorar.

Dio el primer paso.

Y en ese instante, el suelo respondió.

Una línea de luz se encendió bajo sus pies, extendiéndose hacia adelante, marcando un camino.

Elian se detuvo.

—Esto no puede ser real…

Pero lo era.

Cada paso que daba encendía el siguiente tramo del camino, como si el mundo solo existiera en la medida en que él decidía avanzar.

Entonces lo comprendió.

El camino no estaba trazado…

Se estaba creando con cada decisión.

Elian sintió un estremecimiento.

Esa verdad, tan simple y tan poderosa, lo golpeó con fuerza.

¿Cuántas veces en su vida había esperado que alguien más le mostrara el camino?

¿Cuántas veces se había detenido por miedo a no saber qué venía después?

Y sin embargo, ahora…

El camino aparecía solo cuando avanzaba.

Elian respiró hondo.

—Entonces… no necesito saber todo —dijo en voz baja—. Solo necesito dar el siguiente paso.

Y avanzó.

A medida que se acercaba a la ciudad, comenzó a notar figuras. No eran sombras. No eran ilusiones. Eran personas… o algo muy parecido a personas.

Pero había algo diferente en ellas.

Sus miradas.

No eran miradas vacías ni distraídas como las que solía ver en su mundo. Eran profundas. Conscientes. Presentes.

Algunos lo observaban con una leve sonrisa, como si ya supieran quién era. Otros simplemente asentían, como reconociendo algo en él.

Elian sintió una mezcla de incomodidad y fascinación.

—¿Me conocen…?

Nadie respondió.

Pero entonces, una figura se acercó.

Era una mujer de edad indefinida. Podía ser joven o anciana al mismo tiempo. Sus ojos eran claros, pero contenían una profundidad infinita, como si hubieran visto más de lo que cualquier mente podría comprender.

Se detuvo frente a él.

—Has llegado —dijo con una voz suave, pero firme.

Elian la miró fijamente.

—¿Dónde estoy?

La mujer sonrió levemente.

—Estás donde siempre has estado… pero ahora puedes verlo.

Elian frunció el ceño.

—No entiendo.

—No necesitas entender… aún —respondió ella—. Necesitas recordar.

Elian sintió que esas palabras tocaban algo dentro de él.

—¿Recordar qué?

La mujer lo observó en silencio por un momento, como evaluando su estado interior.

—Quién eres realmente.

Elian sintió un vacío en el pecho.

—Yo sé quién soy.

—No —dijo ella con suavidad—. Sabes quién crees ser. Pero eso… es solo una parte.

Elian bajó la mirada.

Había algo en esas palabras que lo incomodaba profundamente… porque eran verdad.

—Entonces… ¿qué es este lugar?

La mujer extendió su mano hacia la ciudad luminosa.

—Este lugar… es Arkantra.

El nombre resonó en su interior como un eco antiguo.

—Arkantra…

—El espacio donde lo invisible se vuelve visible. Donde lo dormido comienza a despertar. Donde cada alma se enfrenta a sí misma… sin máscaras.

Elian sintió un leve temblor.

—¿Y por qué estoy aquí?

La mujer lo miró con una intensidad que lo atravesó.

—Porque lo pediste.

Elian negó con la cabeza.

—Yo nunca pedí esto.

—¿Estás seguro? —respondió ella, inclinándose levemente hacia él—. ¿O simplemente no recuerdas haberlo hecho?

Elian guardó silencio.

Dentro de él, algo comenzó a moverse.

Una memoria… una emoción… un anhelo profundo que había ignorado durante años.

—Yo… —intentó decir, pero las palabras no salían.

La mujer dio un paso atrás.

—No te preocupes. Todo llegará a su tiempo.

Elian levantó la mirada.

—¿Qué se supone que haga ahora?

La mujer señaló el camino que aún brillaba bajo sus pies.

—Caminar.

Elian dejó escapar una leve risa nerviosa.

—Eso no me dice mucho.

—Lo sé —respondió ella—. Pero es suficiente.

Elian la miró fijamente.

—¿Y si me equivoco?

La mujer sonrió.

—Entonces aprenderás.

—¿Y si fallo?




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