Arkantra — Despierta el poder interior que guía tu destino.

Capítulo 5: La voz que siempre estuvo

Elian sintió el cambio antes de verlo.

No fue un movimiento externo, no fue una transformación del entorno como las anteriores… fue algo más profundo. Más sutil. Más verdadero.

Era como si el espacio no solo respondiera a él… sino que ahora lo reconociera.

El camino frente a sus pies ya no brillaba únicamente con luz.

Ahora vibraba.

Cada paso emitía una resonancia, una frecuencia que parecía alinearse con algo dentro de su pecho, como si el mundo y su interior comenzaran a hablar el mismo lenguaje.

Elian avanzó.

Y esta vez… no había duda en sus pasos.

No había miedo.

Había presencia.

Pero también… una expectativa nueva.

Porque la figura que se formaba en la distancia no era como las anteriores.

No tenía la intensidad desafiante de la sombra.

No tenía la suavidad enigmática de la mujer que lo recibió.

Era… otra cosa.

Era calma.

Una calma tan profunda que parecía contener el universo entero en silencio.

Elian se detuvo a unos metros.

La figura era luminosa, pero no deslumbrante. Era una luz serena, como la de un amanecer que no necesita imponerse para ser visto.

No tenía rasgos definidos… y al mismo tiempo, parecía tener todos los rostros posibles.

Elian sintió que algo dentro de él se abría sin esfuerzo.

—¿Quién eres…? —preguntó, sin tensión.

La figura no respondió de inmediato.

Solo… lo observó.

Y en ese silencio… Elian sintió algo que jamás había experimentado de esa forma.

Se sintió visto.

No juzgado.

No evaluado.

No medido.

Simplemente… visto.

Completamente.

Tal como era.

Y eso… lo desarmó.

—No entiendo… —susurró, llevando una mano a su pecho—. ¿Por qué siento esto…?

La figura finalmente habló.

Pero no fue un sonido externo.

Fue una voz que no venía de afuera…

Venía de lo más profundo de su ser.

“Porque nunca te habías escuchado de verdad.”

Elian se quedó inmóvil.

—¿Escucharme…?

La figura dio un leve paso hacia él.

“No tus pensamientos… no tus miedos… no tus dudas… sino tu esencia.”

Elian sintió que algo se estremecía dentro de él.

—¿Mi esencia…?

“Sí.”

El silencio volvió.

Pero esta vez… no era incómodo.

Era lleno.

Como si ese silencio contuviera respuestas que aún no podía comprender del todo… pero que ya comenzaban a hacer sentido.

—Entonces… ¿tú eres…?

La figura sonrió suavemente.

“Soy lo que siempre estuvo contigo… pero que nunca te detuviste a escuchar.”

Elian frunció el ceño.

—¿Mi conciencia…?

“Más profundo.”

—¿Mi alma…?

La figura inclinó la cabeza.

“Más cercano.”

Elian respiró hondo.

Y entonces… lo sintió.

No lo pensó.

No lo dedujo.

Lo sintió.

—Mi voz…

La figura sonrió.

“Tu voz verdadera.”

Elian sintió un impacto interno.

—Pero… yo escucho mi voz todo el tiempo…

La figura negó suavemente.

“Escuchas ruido… no verdad.”

Elian guardó silencio.

Y en ese instante… recordó.

Las veces que dudó de sí mismo.

Las veces que eligió lo que otros esperaban en lugar de lo que sentía.

Las veces que ignoró esa sensación interna… ese susurro que le decía qué camino tomar… pero que decidió callar.

—Entonces… todo este tiempo…

“Sí.”

—Siempre estuviste ahí…

“Siempre.”

Elian sintió un nudo en la garganta.

—¿Y por qué no te escuché?

La respuesta llegó sin dureza… pero con absoluta claridad.

“Porque elegiste el miedo en lugar de la confianza.”

Elian cerró los ojos.

La verdad dolía… pero liberaba.

—¿Y ahora…?

La figura dio un paso más cerca.

“Ahora puedes elegir diferente.”

Elian abrió los ojos lentamente.

—¿Cómo sé que es mi voz… y no mi miedo disfrazado?

La figura levantó una mano, y el espacio volvió a transformarse.

Frente a ellos aparecieron dos caminos.

Uno era brillante, llamativo, lleno de promesas rápidas y resultados inmediatos.

El otro… era simple. Tranquilo. Sin adornos.

—¿Cuál elegirías? —preguntó la figura.

Elian miró ambos.

El primero lo atraía. Era tentador. Seguro.

El segundo… le generaba algo distinto.

No era emoción.

Era… certeza.

—El segundo —respondió, sin saber por qué.

La figura asintió.

“¿Por qué?”

Elian dudó.

—No lo sé… solo lo siento correcto.

La figura sonrió.

“Esa es tu voz.”

Elian sintió una claridad repentina.

—Entonces… mi voz no grita…

“Susurra.”

—No impone…

“Guía.”

—No acelera…

“Confía en el tiempo.”

Elian sintió que algo se alineaba dentro de él.

—Entonces… siempre supe qué hacer…

La figura lo miró con profundidad.

“Siempre.”

Elian dejó escapar una leve risa, mezcla de alivio y sorpresa.

—Y yo creyendo que estaba perdido…

La figura respondió con una suavidad que lo atravesó.

“Nunca estuviste perdido… solo estabas desconectado.”

Elian bajó la mirada.

—¿Y cómo me mantengo conectado…?

La figura dio un paso atrás, permitiendo que el espacio se expandiera.

“Escuchando.”

—¿Solo eso?

“Solo eso… pero de verdad.”

Elian respiró hondo.

—¿Y si vuelvo a dudar?

La figura lo observó con una calma inquebrantable.

“Entonces vuelve a escuchar.”

Elian sintió que esa respuesta era más poderosa de lo que parecía.

Simple… pero profunda.

—¿Y si me equivoco?

“Aprenderás.”

—¿Y si me da miedo?

“Escucha igual.”

Elian levantó la mirada.

Y en ese instante… lo entendió.

No se trataba de eliminar el miedo.

Se trataba de no dejar que el miedo decidiera.

La figura comenzó a desvanecerse lentamente.

—Espera… —dijo Elian—. ¿Siempre podré escucharte?

La respuesta llegó como un eco suave en su interior.




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