Omnisciente
Casa de Greta…
Axl no apartó su mirada de ella; simplemente la observó de forma acusadora. Como reflejo, Greta rio con nerviosismo.
—No pienso hablar más al respecto, así que lárgate, que se te hace tarde y Zaira te espera —mencionó. Se esforzó por evadir la conversación que debían tener.
—Me besaste. Claro que debemos afrontarlo.
—Estoy sensible por el embarazo y me has tratado demasiado bien. Por otro lado, tú andas estresado por la situación de Jade y su esposo, también por su intento de alejarte de tu hija —simplificó la situación—. Así que no hay nada que tratar —insistió.
Pensaba que él le había correspondido por lástima; tal vez se sentía culpable. No quería rechazarla y agrandar el dolor en su pecho. Solo eso.
—Como digas —respondió, resignado.
En ese momento no iba a comenzar una discusión por un asunto que, para ella, era absurdo. No tenía importancia.
—Debo atender clases hoy, por eso volveré tarde. No realices esfuerzos innecesarios y quédate en la cama.
—Estaré bien, Axl, no hay de qué preocuparse —dijo con seguridad.
—No sé si pueda confiar en ti; aun así, me iré —respondió.
Greta bufó y rodó los ojos en respuesta.
—No me esperes —avisó.
Sin medir sus acciones, Axl se acercó y dejó un beso en su mejilla. Como reacción, ella no pudo evitar sonrojarse. Él la volvía un manojo de nervios, y no se trataba del efecto de los medicamentos.
Se despidieron y, mientras Greta regresaba a su habitación, Axl entraba en su auto. Comenzó a conducir y, en el trayecto, al pensar que Zaira estaba dormida, empezó a murmurar cada una de sus preocupaciones. No sabía qué hacer con Greta, menos aún con Dominic y sus intentos de alejarlo de Zaira. Tampoco tenía idea de cómo arreglar sus asuntos con Jade, ya que, aunque no tenía recuerdos recientes, aquel acuerdo al que había llegado con Friedrich lo dejaba a merced de Dominic.
Tenía dos opciones: dejar las cosas como estaban y permitir que Dominic engañara de esa forma a Jade, o no guardar silencio y hacerle saber que, sin intención alguna de su parte, la había tratado como moneda de cambio.
Sin embargo, lo único que realmente podía solucionar, y que estaba dentro de sus capacidades, era su situación con Greta. Debía aclarar sus pensamientos y sentimientos y marcar distancia, una que le permitiera llevar una buena relación dentro y fuera del trabajo. Era consciente de que, aunque esa pequeña criatura no pudo nacer, su corta existencia los uniría y los marcaría para siempre.
—Demonios —maldijo.
No sabía cómo no herirla. Estaba claro que aún le atraía; sin embargo, no lo suficiente como para que fuese más que una amiga. Le tenía aprecio, eso era todo. En cambio, con Jade era distinto: la amaba, nunca pudo olvidarla.
—Axl, ¿quieres ser novio de Greta? —preguntó la pequeña, que en realidad solo había estado escuchando a su papá quejarse de la situación.
—Creí que aún dormías. Discúlpame —pidió y, desde el retrovisor, la vio asentir—. Y respecto a tu pregunta, no es más que una amiga —contestó—. ¿Por qué tienes dudas?
Sintió curiosidad; era extraño que se interesara por él, a no ser que, al igual que la noche anterior, se encontrara celosa.
—Es que ella se te queda viendo como tú miras a mi mamá —respondió, aunque aún estaba sumida en sus pensamientos—. Mi mamá miraba así a mi papá, pero ya no más… —murmuró.
Axl no se atrevió a indagar, pues ya conocía la respuesta: le rompió el corazón. Cuando te sientes defraudado por la persona que amas o en quien confías con plenitud, los sentimientos cambian; la incomodidad surge y la forma de mirarlos con amor, admiración y respeto desaparece, y en ocasiones es permanente.
Lo que más le enfureció al ver a Jade junto a Dominic fue eso: la forma en que lo observó. Para ella, él no simbolizaba más que un completo desconocido; otra vez lo había olvidado. Enfrentar a Dominic con el asunto de su infidelidad y los planes de divorcio de Jade significaba que no solo lo observaría como a un extraño, sino como al monstruo que intentó comprarla y por quien se alejó de todo lo que amaba.
A pesar de que en Jade despertaran los sentimientos de su época estudiantil, no sería suficiente para perdonarlo por ese infame acuerdo.
Johann-Bernhardt Universitätsklinikum…
Con cada segundo que transcurría, el ambiente en la habitación se tornaba más tenso, alimentado por las preguntas de Jade y el enojo que surgía al no obtener una respuesta clara de parte de Dominic.
—No me toques —masculló, manoteando. Estaba frustrada y furiosa.
Se sentía impotente al no conocer el paradero de Zaira. Deseaba abandonar la cama y salir corriendo a buscarla; se imaginaba que estaba asustada y llorando al no poder regresar a casa.
—¿Qué era más importante que nuestra hija? ¡Nada, Dominic, nada!
Estalló. Sus gritos aumentaban junto con la incesante punzada en su pecho y en su cabeza.
—¡No me toques! —escupió, poniéndose en pie.