Omnisciente
Una vez más, Jade rio ante los pequeños intentos de Leo por subirle el ánimo, mientras él se esforzaba para que ella se tomara el tiempo de aceptar su propuesta.
—No recuerdo nada de lo que he hecho durante los últimos meses y no creo que me recupere tan pronto como para tomar un empleo —expresó, un poco incómoda—. Me siento confundida. Lo lamento.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza y, en ese momento, un empleo que no recordaba haber deseado no era una prioridad.
—Nos encontramos aquí. Creí que estabas haciendo un reportaje o algo por el estilo, pero estabas aquí por el doctor Schneider. Te invité a observar la cirugía de nuestra mente maestra y aceptaste —relató parte de lo sucedido; su objetivo era claro y no desistiría—. Después de eso, intercambiamos números y estuvimos en contacto. Me enviaste tu currículum y me contaste que posiblemente te establecerías aquí; así buscabas un empleo que te permitiera pasar tiempo con tu hija —finalizó, mientras Jade buscaba algún rastro de duda en su mirada.
No entendía con qué motivos buscaba a Axl, ni la razón por la que se establecería en Alemania teniendo una vida con Dominic en Francia. Estaba confundida y un poco enojada por todo lo que ignoraba.
—La verdad es que no entiendo nada. Si me das un poco de tiempo, lo pensaré y luego te daré una respuesta, ¿te parece? —propuso, y él asintió.
—Tómate todo el tiempo que requieras. Con las ampliaciones que estamos teniendo, incluida el área de neurología, necesitamos personal para solucionar los conflictos del doctor Schneider con otras áreas y con la prensa.
Rio, y Jade, aunque no entendía el panorama completo, lo acompañó al recordar el día en que se vieron y la actitud que Axl mostró frente a Dominic: quedaba claro que era un enorme problema de relaciones públicas. También persistía la gran incógnita en su mente, ya que todos los caminos la conducían a él.
Sus pensamientos estaban plagados de esa sonrisa y deseaba descubrir el porqué.
—Así que descansa y no te olvides de llamarme apenas tengas una respuesta —se acercó a su frente y depositó un beso antes de alejarse.
En el instante en que Leo deslizó la puerta, el hombre del que hablaban apareció del otro lado con una mirada fulminante.
—Tu incompetencia es el motivo por el que necesitan más personal, no yo —aseguró.
Leo puso los ojos en blanco.
—Llamar inútil a quien arregla tus problemas de relaciones públicas es estúpido, más cuando conseguí una ampliación y logré que tu proyecto, pese a tu carácter de mierda, siga a flote —replicó con una sonrisa y una mirada burlona.
Axl no lo soportó más y solo le quedó pedirle que se marchara.
—Lárgate, no incomodes a mi paciente —exigió con un tono autoritario e iracundo.
—Si supieras lo difícil que es encontrar abogados, entenderías que en ocasiones es mejor cerrar la boca —dijo sus últimas palabras antes de girarse hacia Jade y sonreír como si nada hubiera ocurrido.
Retomó su rumbo y, mientras él salía, Axl ingresaba, chocando a propósito sus hombros. Ella solo pudo contener la risa al girar el rostro; actuaban como niños.
A Axl le tomó un par de segundos acercarse a ella, tomar la tabla de registros y revisarla antes de comenzar con las preguntas rutinarias, incluso antes de saludarla.
—Buenos días, ¿cómo te sientes? —averiguó, concentrado en su labor, pero Jade guardó silencio—. ¿Dolor de cabeza, mareos, debilidad muscular u otro síntoma? —reiteró con la vista fija en los documentos.
Al no obtener respuesta, levantó la mirada y la encontró con los ojos puestos en cada uno de sus movimientos.
—Hoy tendrás el alta y necesito que contestes cada pregunta; de lo contrario, no sabré qué tanto has progresado ni si es pertinente que regreses a casa.
Axl hacía un esfuerzo por realizar su trabajo de forma ética, pero la mente de Jade estaba en otro lugar.
—Leo dijo que nos reencontramos gracias a ti. Me contó que vine a verte… ¿por qué? —Para Jade era más importante resolver sus propias incógnitas que las de Axl.
—Esos son asuntos personales que podemos tratar en cualquier momento. Lo importante ahora es asegurarnos de que tengas un buen estado de salud —mantuvo su tono formal y profesional.
Jade suspiró.
—¿Quieres que esté bien? —preguntó, y Axl asintió; de eso no había duda—. Entonces contesta, porque nada me sentaría mejor que tener las respuestas que tanto busco —soltó entre dientes. En su rostro y en el tono de su voz se evidenciaba lo disgustada que estaba.
—Dewar… es gracias a él —recordó al idiota de su amigo—. Creo que lo conociste al llegar a Alemania y, para que salieras con él, te ayudó con Zaira. Estaba enferma, un resfriado leve, y te envió conmigo para que le recetara medicamentos para mejorar los síntomas —refrescó la memoria de ambos—. Para agradecerme, quisiste invitarme a cenar o algo por el estilo, así que viniste el día en que tuve un procedimiento quirúrgico para separar a dos pequeños y te cruzaste con él —le dio la información que ella tanto deseaba, omitiendo partes que en ese momento consideraba innecesarias.