Omnisciente
—Jade... —liberó con dificultad.
La atmósfera entre ambos se volvió densa y, con ella, a medida que la distancia desaparecía, llegó la escasez de aire en sus pulmones. Sus respiraciones agitadas por fin se mezclaron. Sin embargo, en el momento en que la distancia entre sus labios disminuyó y se encontraban a punto de fundirse, la puerta se abrió.
—Sabía que estarías aquí —pronunció Greta.
La incomodidad en el ambiente creció justo cuando sus miradas alternaron: Jade contenía sus risas, en cambio Axl hacía hasta lo imposible para aclarar su garganta.
—Lo siento, debí haber tocado antes de entrar —se disculpó en ese mismo instante—. Vine a despedirme y a decirte que te están esperando —dijo avergonzada.
—¡N-no! No interrumpes nada, yo ya me iba —mintió con descaro—. Te veo en nuestra próxima revisión.
Aprovechó la oportunidad para huir. Se alejó rápidamente, antes de que a Greta o Jade se les ocurriera ir tras él. Estaba nervioso y no había forma de ocultarlo; la velocidad con la que caminaba era un claro reflejo de lo que su corazón y mente estaban experimentando. Sus pasos se asemejaban al compás tan agresivo con el que su corazón palpitaba.
—Demonios —maldijo en voz baja.
Entre tanto, mientras Axl trataba de calmar el incesante latir de su corazón, en la habitación las risas de Greta y Jade no se hicieron esperar al recordar el rubor y el nerviosismo en su rostro.
—¿Qué le hiciste? —cuestionó después de que ambas apaciguaran sus carcajadas.
—Nada —aseguró deseando que Greta creyera en su inocencia, pero no funcionó.
—Lo he visto nervioso y ansioso, pero jamás a tal punto de huir sonrojado. Es más, las contadas ocasiones en las que ha sucedido, ha sido por impotencia —recordó.
Jade sonrió con culpabilidad y Greta negó.
—Está bien —se rindió; decidió no insistir en busca de una respuesta que Jade deseaba conservar para sí misma—. Antes de interrumpir lo que sea que estuvieran haciendo —dijo, achicando los ojos, dándole a entender que dudaba de su inocencia—, venía a desearte una pronta recuperación y a despedirme, ya que puede que no volvamos a vernos —expresó con alegría, ya que le agradaba la idea de que Jade pudiera descansar en casa junto a sus padres y su hija.
—No te librarás tan fácil de mí; Zaira me pidió que cuando saliera de aquí la lleve a visitar a su amiga Greta —dijo.
Greta frunció el ceño, pero no era nada relacionado con el disgusto; todo lo contrario, le agradaba que la pequeña quisiera pasar tiempo con ella, pero aun así le parecía un poco extraño.
—Gracias por ser buena con ella.
—Es todo lo contrario, ella fue muy tierna conmigo en el momento en que más lo necesitaba —confesó sintiendo cómo la humedad se apoderaba de su mirada.
Su relación con Axl mejoró nuevamente. No había rencores entre ellos, menos motivos para generar algún tipo de incomodidad, inseguridad o rivalidad. Lo que sucedió ya era parte del pasado, al igual que sus errores, y ambos eran conscientes de ello; y aunque jamás podrían olvidar lo sucedido, debía trabajar en un futuro en el que, aunque nunca llegara a corresponderle sentimentalmente, tenía a alguien en quien apoyarse en sus momentos más oscuros.
El día avanzó y, luego de algunas risas y momentos cómicos compartidos por ambas, Greta se marchó; debía cumplir con su jornada laboral. Sin embargo, Jade no se quedó sola, pues sus padres, en compañía de Dominic y Zaira, aparecieron.
La hora de salida se acercó y, luego de un mes internada, en medio de revisiones y estudios rutinarios, pudo regresar a casa de sus padres y tratar de mantener una vida normal. Jade intentó ver a Axl una vez más; sin embargo, el empeño que empleó en ocultarse de ella rindió frutos, pero tenía claro que, de una forma u otra, lo encontraría y tendría que explicarle lo sucedido, darle las respuestas que tanto deseaba.
Los días pasaron con rapidez y, luego de una semana, aún tenía la costumbre de aprovechar cada momento a solas para aislarse en su habitación, forzando su mente a recordar, pero para su desgracia, nada funcionaba. Durante ese tiempo, no se preocupó tanto por Zaira, ya que sabía que disfrutaba del tiempo con sus abuelos y, en ocasiones, con Dominic, que en los ratos libres que le quedaban luego de ocuparse de sus negocios, se los dedicaba.
En cuanto a su situación con Dominic, no había mejorado y tenía dudas de que lo hiciera, pues se sentía incómoda a su lado y la molestia por lo sucedido con su hija impedía el diálogo entre ambos.
—¿Por qué no recuerdo nada? —murmuró para sí misma.
Se encontraba en su cama, mirando hacia el techo, como si este tuviera las respuestas que tanto buscaba. Lo único que le daba un poco de tranquilidad era saber que la policía estaba trabajando arduamente en encontrar a las personas que le hicieron daño.
—Detesto esto —suspiró resignada.
Su espalda se alejó de las sábanas y sus pies se encontraron en contacto con la alfombra. Jade caminó hacia el armario en busca de ropa más cómoda para ver si de ese modo lograba obligar a su cuerpo a dormir un poco más, dado que de tanto forzarse, su cabeza comenzaba a doler.