Atrápanos Si Puedes

CAPÍTULO XXIV

Omnisciente

En el instante en que Jade abrió la puerta, su vista y sus pasos se dirigieron al escritorio en donde se encontraba aquello que tanto buscaba. Después de tomar el teléfono, y mientras se dirigía a su habitación, llegó un mensaje; por inercia, accedió al chat y las palabras que halló la dejaron estática.

Las manos le temblaron y el dispositivo se deslizó de entre sus dedos.

—¿Papá…? —murmuró, sin siquiera poder dimensionar el peso de dicha palabra.

Sus párpados se cerraron y presionaron con fuerza. Jade estaba forzando su mente a recordar, pero solo provocó que su cabeza comenzara a doler. Los únicos recuerdos que regresaban a su mente eran los enfrentamientos entre Axl y Dominic, que cada vez cobraban más sentido. La actitud de Axl hacia ella y la reciprocidad con que ella lo aceptaba solo afianzaban que aquella palabra fuese real.

Comenzaba a cuestionarse si los recuerdos que perdió se trataban de eso: de que, después de siete años, se había reencontrado con el padre de su hija. Aun así, eso no resolvía por completo la encrucijada que se afianzaba en su mente: ¿por qué regresó a Alemania? ¿Qué relación tenía con Axl? No tenía idea de lo que sucedía, pero ese descubrimiento forzaría a Axl, a Dominic o tal vez a sus padres a hablar con la verdad.

Jade sabía que ninguno era sincero con ella.

—Mami.

La voz de Zaira llegó a sus oídos y sus párpados se separaron para encontrarla frente a ella con el teléfono entre las manos.

—¿Estás enojada con Axl? —preguntó de inmediato, recordando lo furiosa que se encontraba el día en que descubrió la verdad.

Jade no supo qué contestar. Sentía que sus padres una vez más la decepcionaban y la usaban como un medio para beneficiarse; que Dominic se empeñaba en ocultarle algo que seguramente la heriría. En cuanto a Axl, no sabía cómo debía sentirse, ya que todo seguía siendo confuso: estaba emocionada por volverse a reunir con el chico con el que compartió momentos de ensueño y, después de tanto tiempo, conocer al padre de Zaira; pero también experimentaba sensaciones negativas, puesto que él no había empezado hablándole con la verdad.

Odiaba las mentiras y por eso se alejaba de las personas que construían relaciones sobre ellas.

—No lo sé —respondió, sin poder disimular la tristeza que sus propias palabras desencadenaban.

—No te molestes con Axl, es bueno y me gusta un poquito —confesó la pequeña, algo que jamás le diría a él en persona—. Mira, así —indicó, enseñando una falange de su dedo índice.

La respuesta de Jade fue reír de inmediato y negar con la cabeza, entendiendo lo que su pequeña sentía por el hombre que era su verdadero padre.

—Estoy bien, mi amor. Pero préstame tu teléfono por un momento y luego te lo regreso —solicitó.

Zaira se lo devolvió y luego se despidieron. La niña regresó con sus abuelos, ya que no podía hacer nada más, y Jade ingresó a su habitación.

Por un momento, revisó los mensajes que ambos estuvieron compartiendo durante los últimos meses mientras sonreía entre lágrimas, producto de la felicidad y del dolor que la situación le provocaba. Se alegró de ver cómo su pequeña se negaba a aceptar que Axl le agradaba y también de la forma en la que él continuaba insistiendo hasta conseguir el cariño que deseaba de ella. Pese a ello, un sabor agridulce junto a un nudo en su garganta la llenaba de rabia al entender que, por haber huido, la alejó de su verdadero padre.

Jade secó su rostro, detuvo sus lágrimas y, con el valor que durante años le escaseó, presionó el botón verde en la pantalla y se enfrentó a las decisiones que tomó en el pasado.

—Hola, princesa —respondió Axl tras el primer tono. Su voz era dulce.

Jade sonrió como tonta.

—No soy esa princesa —replicó ella luego de unos segundos.

El silencio se apoderó de ambos lados de la línea, pero solo fue por unos instantes.

—¿Jade? ¿Sucedió algo? —averiguó él de inmediato, imaginándose lo peor.

—Sí. ¿Cuándo pensabas decirme que no solo eres el doctor que salvó mi vida? ¿Ibas a reservarte el secreto de que Zaira también es tu hija y que te conozco desde que estaba en el Gymnasium? —soltó sin darle tiempo entre una pregunta y la otra.

—Ja… Jade… —trastabilló—. Puedo… puedo explicarlo —dijo finalmente.

Jade, en lugar de estar disgustada, trató de no reír por la reacción de Axl y los recuerdos que trajo consigo. Entendía el misterio detrás de cada encuentro; no olvidaba lo nervioso que, en ocasiones, él se ponía frente a ella.

—Tranquilízate, no estoy tan molesta como crees —expresó para que él se calmara—. Tus conversaciones con nuestra hija eliminaron todo rastro de enojo —confesó con una sonrisa que le habría gustado mostrarle.

Mientras Jade salía al balcón de su habitación, en su casa, Axl siguió al pie de la letra sus indicaciones: con una respiración profunda logró calmarse, sirviéndose un trago y bebiéndolo de inmediato.

—Lo siento, no fue mi intención ocultarlo todo, pero decidí permanecer en silencio porque, como doctor, sé lo abrumadoras que podrían haber sido ambas noticias —reveló—. Deseaba encontrar el momento indicado para decíertelo —aseguró. Volvió a suspirar—. Antes de que maldigas o intentes alejarte, déjame decirte que la noche anterior al disparo hablamos al respecto; íbamos a salir a cenar para acordar mi tiempo con Zaira —dijo apresurado.




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