Atrápanos Si Puedes

CAPÍTULO XXV

Omnisciente

Johann-Bernhardt Universitätsklinikum…

En medio de sus pensamientos y de las intensas ganas de huir, Axl pasó a la siguiente página de su presentación, mientras su mirada se fijaba en los eternos veinte minutos que aún le quedaban. Algunos de los pocos estudiantes con los que contaba en su aula levantaban la mano para dar respuesta a sus preguntas, siguiendo la dinámica que, durante más de una hora y media, habían estado empleando.

—Hemorragia hiperdensa —respondió uno de los estudiantes y Axl asintió.

—Puede corresponder a un hematoma subdural —murmuró otro.

—Yo solo veo una fractura craneal —dijo otro, incapaz de profundizar en el análisis.

—Está muerto —añadió una alumna.

Axl reaccionó de inmediato y comenzó a buscarla; la encontró justo detrás de él con una enorme sonrisa de satisfacción, pues había logrado lo que tanto deseaba: llamar su atención.

—¿Por qué lo dices?

—No son imágenes distintas; es un cuadro clínico progresivo que inicia desde que internaron al paciente, sigue con la intervención y termina, por último, con su muerte —contestó ella con total seguridad.

Axl le devolvió aquella sonrisa de suficiencia y asintió, orgulloso de sí mismo. Pese a que las clases verdaderamente le molestaban, en momentos como ese sentía que su incomodidad valía la pena, pues interferir en los procesos de formación de jóvenes que en un futuro posiblemente lo superarían le causaba una satisfacción mayor.

—Estás en lo correcto —aseguró, poniéndose en pie—. El paciente tuvo un accidente muy confuso que terminó fracturando su cráneo y provocando un hematoma subdural que, en menos de veinticuatro horas, dio como desenlace su fallecimiento —explicó.

De inmediato, los murmullos se desataron y distintas preguntas lograron superar la barrera de sonido impuesta. Luego de unos segundos, cuando las voces cesaron, Axl se permitió responder.

—No todos pueden ser salvados —expresó—. Por más rápida que sea la respuesta del personal médico en una emergencia, no todos los casos terminan de manera satisfactoria, menos por el hecho de que una fractura de ese grado pudo haberse evitado por medio de la primera línea de atención. Ya que, como doctores, no solo estamos en el deber de simplemente revisar al paciente y devolverlo a casa luego de una simple receta médica y de ver claros signos de abuso. La prevención de eventos como el de Rosalie Weismann, en el que su esposo liberaba todo su estrés contra su cráneo, recae en nosotros por nuestra falta de empatía. No solo debemos salvar vidas en un quirófano, sino evitar que se pierdan fuera —finalizó.

El caso de Rosalie era el que había cambiado su percepción del mundo, del sistema y de sus pacientes, así como de los límites que se suponía no debía cruzar. Ella fue una de las pacientes que más le dolió perder. Gracias a esa mujer se convirtió en el doctor Schneider que todos conocían y admiraban: ese que, además de ser profesional, era humano; ese al que no solo le importaban sus pacientes en el quirófano, sino que velaba por ellos y se esforzaba aún más por mejorar su salud dentro y fuera de su consultorio.

Lo que más le dolía y afectaba cada semestre al enseñar esas imágenes era que ella ya no estaba viva, mientras que su esposo, en cuestión de años, pediría la libertad condicional. Si el sistema volvía a fallar a favor del agresor, él caminaría por las calles como si nada y prácticamente exento de culpa.

—Es todo por hoy. El miércoles de la próxima semana espero ver su reporte de estos casos de acuerdo con lo pactado —dio por finalizada la clase.

Mientras sus alumnos abandonaban el aula, Axl apagó el proyector e inició la tarea de recoger y guardar todas sus pertenencias. Pero su concentración se vio frustrada gracias a la presencia que percibió frente a él. Elevó la vista y encontró, del otro lado del escritorio, a una de sus alumnas más prometedoras.

—Doctor, sé que he sido muy insistente, pero ¿pensó en mi propuesta? —reiteró Jana.

La reacción de Axl fue inmediata: suspiró.

—No depende de mí. El comité debe evaluarla y la universidad junto con la clínica deben estar de acuerdo, pues tengo mi propia investigación, horas de docencia y mi trabajo, eso sin incluir los procedimientos de emergencia —repitió, una vez más, la misma respuesta que le dio en una conversación anterior.

Meses atrás habían tenido una charla al respecto y, para Axl, nada había cambiado.

—No soy el único betreuer, lo sabes, ¿cierto? —averiguó. Necesitaba que ella lo entendiera.

Había más profesores que podrían acompañarla durante su tesis y muchos estudiantes se postulaban para estar bajo su tutoría. Por cuestiones de tiempo y obligaciones, Axl solo aceptaba a dos por periodo. Jana estaba entre las mejores, pero su propuesta tenía falencias, por lo que resultaba casi imposible que la escogieran.

—Por favor… —suplicó de forma tierna.

En su mirada se alojó la tristeza, mientras sus manos se tomaban la osadía de acariciar las de Axl en señal de insinuación.

—No estoy enterado de lo que se rumorea de mí en los pasillos, pero esto no funcionará —sentenció, marcando una distancia física entre ambos—. Te recomiendo que trabajes en tu propuesta en lugar de querer utilizar tu cuerpo y belleza para conseguirlo.




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