Omnisciente
—Chao, mami y papi —se despidió Zaira.
Apresuró sus pasos hasta que llegó al final de las escaleras y se lanzó, a sabiendas de que Axl la atraparía.
—¡Sí! —gritó divertida.
—Hola, princesa.
—Hola, Axl. ¿Estás listo? —preguntó.
Estaba ansiosa, ya que irían a hacer cosas que le encantaban.
—Sí.
Mientras Zaira reía y pellizcaba las mejillas de Axl por diversión y a modo de reprimenda por lo sucedido la noche anterior, Jade se acercó hasta donde se encontraban. Se saludaron y, luego de ello, ella volvió a darle las mismas recomendaciones de siempre.
—No muchos dulces, que duerma temprano, se alimente bien y, si no se comporta, no la premies —pidió encarecidamente.
—No te preocupes, sé cómo controlar a mi pequeña fiera —aseguró entre risas.
La pequeña no era tan terrible como aparentaba; en realidad, era muy dulce.
—¿Ha habido noticias respecto al caso? —averiguó, cambiando de tema por un momento.
Lo último de lo que Axl tenía conocimiento era de que la policía estaba recolectando evidencias y tratando de encontrar la camioneta junto con las pertenencias de Jade. El proceso era lento ya que, en la zona en la que ocurrió, no hubo muchos testigos que ayudaran a esclarecer los hechos. De lo que sí tuvieron certeza fue de que Jade se dirigía al banco cuando ocurrió todo.
—La policía se comunicó ayer y me pidió presentarme en la comisaría la próxima semana, ya que encontraron la camioneta y algunas de mis pertenencias —respondió con algo de nerviosismo.
Recordar aún era difícil para ella y eso dolía; le causaba una enorme incomodidad.
—Si surge algo más, por favor no dudes en mantenerme al tanto y, si hay algo en lo que pueda ayudar, dímelo —pidió él.
—De acuerdo. Te veo mañana, mi amor —se despidió de su hija—. Adiós, Axl.
Dejó un beso en su mejilla antes de desandar sus pasos e ingresar a la casa. Axl soltó un suspiro que hizo que Zaira negara con la cabeza.
—Estás loquito por ella —aseguró, y él simplemente sonrió.
Llegaron al auto y la dejó sobre el asiento trasero central. Le colocó el cinturón y cerró la puerta; se dirigió al puesto del conductor, verificó los seguros y arrancó.
En medio del camino, él se deleitó escuchando su dulce voz y la forma en que, por medio de canciones infantiles, practicaba su alemán e inglés. La curiosidad lo invadió rápidamente y no tardó en preguntar:
—Princesa —llamó, y ella despegó la mirada de la pantalla—. ¿En la escuela te enseñaron a hablar alemán? —averiguó.
Había notado que, en ocasiones, estando con Dominic, hablaba francés, pero con Jade siempre se comunicaba en alemán.
—No, en la escuela aprendemos inglés y español, pero mi mamá en casa me habla solo en alemán y mi papá siempre lo hace en francés.
Axl asintió ante aquella respuesta y se alegró por sí mismo; gracias a que Jade se empeñó en enseñarle su lengua materna a la pequeña, él podía comunicarse abierta y fluidamente con ella.
—Y tú, ¿cuántos idiomas conoces? —Zaira se dejó invadir por la misma curiosidad que su padre.
—Alemán; pero cuando terminé la escuela y me fui a otro país, a Suiza, tuve que aprender inglés, un poco de francés e italiano, y uno muy extraño llamado retorrománico —contestó.
La observó por el retrovisor y pudo apreciar cómo su ceño se fruncía.
—Qué nombre tan raro —soltó con sinceridad e inocencia—. Pero hay algo bueno: podemos hablar en francés, me gusta más ese.
—No soy muy bueno, pequeña.
—Yo seré tu profesora, pero no le digas a mi mamá.
—Acepto, será nuestro secreto.
Axl ya se imaginaba la razón por la cual Jade se limitaba a hablarle en alemán; si ella y Dominic lo hacían en ambos idiomas, Zaira podría formar frases mezclándolos y retrasarse en el aprendizaje de ambos. Por lo tanto, el mejor método era ese.
En medio de su conversación y las risas que las ocurrencias de Zaira robaron de Axl, llegaron al taller de pintura al que durante mucho tiempo ella estuvo deseando asistir. Al ingresar, juntos tomaron asiento frente a un lienzo mientras observaban cómo personas adultas y algunos jóvenes se acomodaban. Zaira era la más pequeña de todos, puesto que la clase era algo avanzada; pero, de acuerdo con lo que en su momento Jade le compartió, la niña tenía buenas bases en arte, por lo que la complejidad de la clase no sería mucho para ella. El problema real sería que lograra concentrarse y no adelantarse a los pasos.
—El día de hoy repasaremos algunas técnicas por medio de la pintura libre —avisó el profesor a cargo.
Axl asintió y no hizo nada más, dado que de arte solo conocía La Gioconda, La noche estrellada de aquel sujeto que se cortó una oreja y El grito. Además, jamás tomó cursos relacionados con el arte en la universidad y, cuando estaba en el gymnasium, siempre escapaba.
—¿Estás listo?