Atrápanos Si Puedes

CAPÍTULO XXVIII

Omnisciente

Múnich, Alemania…

—¿Cuándo regresarás? —preguntó.

Temía que, una vez más, faltara a la promesa que le hizo a su hija.

—Mañana o pasado mañana —contestó él, sin certeza de poder lograrlo—. Tengo mucho trabajo y haré lo que esté a mi alcance para volver a tiempo.

—Se va a entristecer si no estás aquí. Pasó el fin de semana con su padre y ansía que estés junto a ella en este —recordó ella.

No se veían desde hacía mucho ya que, como con Axl no terminaron de hacer todo lo que tenían planeado, ella se quedó dos días más junto a él. Por ende, no pudo despedirse de Dominic y este no hacía más que esperar por su regreso.

—¡Demonios! —masculló furioso—. Odio esto. Detesto que estemos en países distintos —comunicó sin intenciones de ocultar su molestia.

—No eres el único, pero, por el momento, es la única alternativa que tenemos.

—¿Has pensado en regresar?

—Ya te di una respuesta, así que debes tratar de comprenderme y saber que en este momento es imposible.

—Tenemos una vida aquí, Jade. No puedes dejarlo todo de lado por alguien que nunca estuvo para ella.

—Parece que jamás lo entenderás —se rindió ella—. Fui yo quien se marchó y, aun sabiendo que estaba embarazada, no me atreví a buscarlo —susurró al borde del llanto.

Estaba arrepentida.

—Es mi culpa que hayan estado separados por tanto tiempo y la única forma de remediar el daño que causé es esta. Por favor, entiéndelo… —suplicó sintiendo su cabeza a punto de estallar.

—Las extraño, las amo… —musitó él, dolido.

Jade estaba enterada de los problemas estructurales que presentaba la sede más importante de la cadena de restaurantes que poseía Dominic y su familia. También conocía que él era el encargado de lidiar con dichas situaciones; sin embargo, Zaira estuvo toda su vida separada de su familia paterna y de su padre, así que esa era la primera oportunidad que la vida le brindaba para que formaran y fortalecieran lazos. Y, por más que extrañara parte de su vida en Francia, por el momento estaba decidida a permanecer junto a sus padres y cerca de Axl.

Burdeos, Francia…

—Te dije que no volvieras —reclamó él al verla en su habitación.

—¿De verdad, Dominic? —preguntó ella entre burlas y un corto bufido—. Ya la perdiste; con nada de lo que hagas conseguirás mantenerla a tu lado. Deberías rendirte de una vez en lugar de andar perdiendo el tiempo.

—No tienes ni la más mínima idea de lo que hablas, así que cállate —espetó él, apretando los dientes.

—La traicionaste, tuviste que ver en su accidente. Perdió la memoria y en algún momento va a recuperarla; le dolerá lo que hicimos y, peor aún, que la engañaras fingiendo que su relación no se ha fracturado.

Su rostro se iluminó con cada palabra; era como si disfrutara del dolor que provocaba en él, aunque se esforzaba por que él entrara en razón.

—Lárgate —pidió Dominic nuevamente.

Se puso en pie y la enfrentó. Sin delicadeza, la tomó del brazo y tiró de ella. Sin detenerse a escucharla, la sacó de su habitación, recorriendo juntos el camino hasta la entrada.

—Aún no te das cuenta, ¿cierto?

Intentó llamar su atención y lo logró.

—Mucho antes de que me dejaras entrar en tu vida no la amabas, por eso en realidad no temes perderla a ella, sino a esa niña que ni siquiera es tu hija.

—Aunque tú y muchos no lo entiendan, es mi hija. No me interesa si lleva o no mi sangre, sigue siendo mi pequeña —respondió él entre gritos, sin detenerse a pensar que justo le estaba dando la razón.

Su amor por Jade se mantenía, pero al mismo tiempo había cambiado; no obstante, lo que sucedía con Zaira era distinto: cada día la amaba más y ocupaba un lugar en su corazón que nadie podría llenar. No se imaginaba un futuro sin su princesita cerca. Eso lo destrozaba y, por ese motivo, debía reparar el daño que hizo; así las tendría a ambas a su lado.

—No sabes lo que es el amor, ni siquiera lo conoces, por eso hablas sin saber nada —continuó mintiéndose y negándose a aceptar aquella dolorosa verdad.

—Estaré esperándote, por favor no te tardes...

Ella se liberó. Con rapidez, dejó un casto beso sobre los labios de él antes de abrir la puerta y marcharse por su cuenta.

Su relación no inició de la mejor manera, por eso no había un día en que ella no se lamentara, pero lo que más le dolía era ver cómo Dominic se encontraba tan ciego que se aferraba con sus últimas fuerzas y esperanzas a una relación donde no había futuro. Era realmente triste.

Múnich, Alemania...

—¿A qué hora me regresas a mi mamá, Axl?

Luego de abrir la puerta, la niña se cruzó de brazos en medio del umbral. Ni siquiera lo dejó saludar. Lo había visto por la ventana y, aunque sabía que no venía por ella, aun así salió corriendo, ya que quería ser la primera a la que saludara.




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