Atrápanos Si Puedes

CAPÍTULO XXXI

Omnisciente

Casa de los padres de Jade…

Zaira saludó a su abuela con afán, pues Dominic estaba a pocos metros y tenía muchas ganas de abrazarlo. Sabía que pronto se marcharía y no podría estar junto a él; pero, como en el hospital hubo una actividad para los hijos de los empleados, no se la quiso perder porque era claro que iba a divertirse.

—Hola, papi —dijo sonriente luego de llenarle el rostro de besos.

—Mi amor, ¿fue muy divertido? —preguntó él de inmediato.

—Sííí —dijo alargando la «i»—. Había máquinas gigantes, juegos, un castillo enorme y algunas golosinas; mira, les traje a todos.

—Me alegra que lo disfrutaras —añadió él, a gusto con lo feliz que era su princesa.

Axl los observó y sonrió al verla. Pese a que Dominic apenas comenzaba a comprenderlo, Axl ya sabía que, sin importar sus desacuerdos y discusiones, lo único verdaderamente importante era esa pequeña, Zaira. Ninguno tenía derecho a arrebatarle su felicidad.

—Creo que es tiempo de que me vaya a descansar —avisó luego de aclararse la garganta.

—¿Por qué? —El ceño de la pequeña se frunció antes de realizar su pregunta.

—Ya es un poco tarde y por eso debo regresar a casa —explicó.

—Pero tú vives solo, ¿no te da miedo? —averiguó.

Dio algunos pasos, se alejó de Dominic y volvió frente a Axl.

—Mira, en la cama de mi mamá, que es enorme, cabemos los cuatro, así que puedes quedarte —ofreció.

La mirada de Axl se encontró con la de Dominic, quien trataba de mantenerse neutral y no soltar ningún improperio ante la invitación que, desde la perspectiva de su hija, era lógica.

—Lo siento —se disculpó—, pero no puedo, princesa. Mañana debo trabajar muy temprano y podría despertarlos cuando me esté yendo —puso como excusa.

—No importa, quédate, ¿sí? —suplicó ella con mayor ternura en su rostro y en el matiz de su voz.

Axl miró a Klara con súplica, pidiendo internamente a gritos por ayuda. Sabía que si uno de los dos se negaba, la pequeña se enfadaría y ninguno deseaba eso, así que su abuela era la única que en ese momento podría librarlos del embrollo.

—Cariño —llamó Klara acercándose a su nieta—. Axl debe irse y tu papá también, ya que solo vino a verte un momento —explicó.

Aunque no hablara con su hija al respecto, Klara no estaba de acuerdo con que Dominic se quedara en su casa. Que Jade no recordara parte de su pasado no significaba que él pudiera pasearse como el esposo perfecto delante de ella, y menos en su hogar.

—Pero…

—Será otro día; así que, por ahora, despídete —ordenó.

Con una expresión de molestia mezclada con tristeza, Zaira lo abrazó por las piernas. Axl se inclinó para tomarla en brazos una vez más.

—Prometo que volveré pronto y haremos algo muy divertido, ¿te parece?

—¿Lo juras?

Axl asintió y mostró su meñique; Zaira hizo lo mismo.

—Es una promesa —dijo ella entre risas, pues había conseguido lo que deseaba.

Sabía que su papá y Axl no se llevaban bien, así que hizo aquella pequeña obra de manipulación para salirse con la suya y lograr que Axl le prometiera algo. Y lo había conseguido. Él achicó los ojos y la observó de mala gana; Zaira separó sus labios y abrió los ojos de par en par debido a la sorpresa.

—No me mires así, maleducado —reprendió—. Cuando vuelva a ver a mis abuelos y al tío Everett, te acusaré —lanzó como amenaza.

Como respuesta, él blanqueó los ojos.

—Eres malo, Axl, malo —masculló ella.

Mientras tanto, Dominic y Klara no pudieron contener las risas; las liberaron llamando la atención de la pequeña, quien no dudó en enviarlos a mejor vida con una sola mirada que lo único que logró fue intensificarlas. Aunque para ella no era gracioso, los demás creían que era demasiado tierna: sus expresiones y todos sus gestos eran como una dosis de serotonina que los recargaba al instante.

Sin embargo, las risas cesaron cuando un fuerte e incontrolable llanto llegó a sus oídos. Era Jade, quien no lograba contenerse.

—Te odio —pronunció en el instante en que sus ojos se fijaron en él.

Dos meses y medio atrás...

—¿Qué haces aquí? ¿Por qué viniste?

Después de segundos de haberse quedado inmóvil, ella reaccionó y lo cuestionó.

—Te extraño, a las dos —respondió él, como si sus palabras cambiaran lo sucedido.

—No. Ya tomé una decisión. Por más que aún sienta algo por ti, no pienso volver a tu lado; lo único que quiero es que firmes los documentos del divorcio —insistió ella.

—Aún estamos a tiempo…

—Ya te dije que jamás regresaré junto a ti. Lo intenté y no soy capaz de vivir a tu lado después de lo que nos hiciste: abandonaste nuestro hogar y nos traicionaste. Demostraste que el amor que ambas te dimos nunca llegó a ser suficiente —expresó.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.