Omnisciente
Presente, casa de los padres de Jade…
—Te odio —repitió delante de él, mientras con sus puños descargaba toda la furia contra su pecho.
—¿Qué sucede? —preguntó Dominic, sintiéndose desconcertado.
—¿Vas a hacerte el inocente? De verdad que no tienes conciencia.
Se sintió aún más dolida y traicionada. En ese momento, para ella nada tenía sentido. Deseaba que todo se tratara de una pesadilla; pero por más que juntaba sus párpados y los apretaba con fuerza, seguía ahí parada, con un inmenso dolor en el pecho que estaba segura de que no podría continuar soportando. No era la primera vez que se sentía traicionada por alguien a quien amaba.
—Jade… —a duras penas Dominic logró verbalizar, pues ya comenzaba a imaginarse lo peor.
Sin embargo, ella negó y retrocedió un poco, mientras Axl, su madre, su padre y Zaira observaban la situación. La pequeña ni siquiera entendía lo que estaba sucediendo, pero al igual que su madre, las lágrimas humedecieron sus mejillas al sentirse culpable por no poder arreglar la situación entre sus padres.
—Ma… mami —pronunció con duda—. No te enojes con mi papá —pidió, haciendo que todas las miradas viajaran hacia ella.
Friedrich colocó los documentos sobre la mesa mientras observaba a su esposa y con sus ojos señaló a su nieta. Klara comprendió todo en el instante y, aun en medio de los reniegos y la oposición de la pequeña, la alejó de aquella situación que comenzaba a tornarse un poco densa.
—Lárgate. Aléjate de mí y de mi hija —exigió, perdiendo el control de sí misma.
—Jade, no entiendo ni un carajo. Hablemos.
—Quien no entiende nada aquí soy yo. ¿Cómo puedes ser tan cínico? —cuestionó, visiblemente afectada por la falta de arrepentimiento en su mirada—. Durante estos últimos meses no has hecho más que verme la cara de estúpida y aprovecharte de mi falta de recuerdos —recriminó.
Se detuvo y tomó un poco de aire al sentir una punzada en su pecho y otra en su cabeza, mientras todo a su alrededor volvía a dar vueltas. El dolor no solo era emocional, era físico.
—Mi amor, esto debe ser un malentendido —insistió él en su inocencia.
—¡Eres despreciable! —gritó una vez más—. Me traicionaste. Llevo ocho malditos meses pidiéndote el divorcio, me atacaron y fue tu responsabilidad. ¿Sabes qué es lo peor? Pensé que todo esto por lo que estaba atravesando, la incomodidad y la confusión, era a causa de la amnesia, pero no… —se detuvo; una vez más el aire atravesó sus pulmones como una filosa daga que se incrustaba con cada palabra—. Era mi mente recordándome que no podía confiar en ti; me gritaba que me alejara y me rehusé a creer…
El silencio se apoderó del espacio donde se encontraban. Tanto Axl como Friedrich aún trataban de procesar todas las palabras que Jade acababa de expresar; no obstante, lo que más quedó resonando en sus mentes fue el disparo y la responsabilidad que tenía Dominic en ese suceso.
La reacción de Axl fue inevitable: se lanzó sobre Dominic en el instante en que logró abandonar sus pensamientos. Por culpa del impacto rápido y sorpresivo del puño de Axl, el rostro de Dominic giró hacia un costado, acompañando a las pequeñas gotas de sangre que brotaron de sus labios.
—¡¿Qué hiciste?! —En medio de gritos exigió una respuesta.
—No te importa, esto es entre ella y yo —rabió Dominic, conteniéndose.
Pese a que odiaba las intenciones de Axl, desde hace mucho su conciencia deseaba ser castigada, por lo que el golpe, más que dolerle, sintió que se lo merecía.
—¡Habla de una vez! —exigió Axl, tomándolo del cuello.
Con un empujón Dominic lo apartó, haciéndolo retroceder.
El ambiente rápidamente empeoró y la rabia en la mirada de ambos era indicio de que, si llegaban a enfrentarse, nada terminaría bien. Por lo que, en medio de la indecisión de Jade y su poca capacidad de reacción, Friedrich se dio a la tarea de intervenir.
—¡Ya basta! —exigió en medio de ambos—. Lárguense de mi casa.
La presencia de Dominic no era buena para su hija, tampoco la de Axl, pues ella necesitaba descansar y procesar todo lo que estaba sucediendo.
—No me iré hasta hablar con mi esposa y aclarar este malentendido —sentenció Dominic, recobrando la calma.
Axl rio a carcajadas solo para que él se descolocara. Se burló de la forma tan descarada en la que Dominic pretendía continuar con su mentira.
—¿Continuarás con la farsa del esposo cuando no has hecho más que demostrar que eres una basura?
—Tú cállate, no eres alguien con los cojones para juzgarme —aseguró.
—Jamás la he traicionado, mucho menos fui el culpable de que le dispararan —acusó, aún sin saber el contexto, simplemente utilizando las palabras de Jade a su favor—. Nunca le he hecho daño.
—¿Eso quiere decir que no sientes remordimiento por haberle ofrecido dinero a Friedrich por ella?
Tanto Axl como Friedrich quedaron paralizados.
—¿No te arrepientes de que huyera de su hogar, que dejara a sus padres y todo lo que amaba, solo por tu enferma obsesión con ella? Si yo soy una basura, dime, ¿qué eres tú? ¿Un santo?